¿Infancia dolida o fortalecida?

Paulina Spaudo Valenzuela, Psicóloga Clínica Infanto-Juvenil Perito Forense Infanto-Juvenil Terapeuta de Juego.

Desde hace dos años, nuestros niños, niñas y adolescentes han estado expuestos a situaciones definidas por la Psicología como eventos no normativos, es decir, circunstancias que irrumpen sin aviso en el ambiente y que logran afectar el normal funcionamiento del desarrollo psíquico. Así fue como llegó la pandemia, generando un entorno de tensión y preocupación en miles de familias, afectando principalmente a niños, niñas y adolescentes en su óptimo desarrollo emocional. Justamente en un área que más tiempo lleva a sus padres estimular y ver sus frutos. Sin preguntar, sin avisar, en forma totalmente irrespetuosa, irrumpió ese evento no normativo, y provocó un retraso en casi la totalidad de los planos que forman el desarrollo holístico de los más vulnerables, los niños.

Es así como cada uno de nosotros hemos sido testigos del aumento paulatino de la sensación de miedo, que va desde el temor a vacunarse, hasta el miedo a morir, que ha llegado hasta a paralizar a algunos pequeños que han decidido mantenerse en su habitación o en sus casas por el mayor tiempo posible.

Hemos observado cómo la angustia por perder amigos o familiares ronda una y otra vez en el pensamiento y en el sentir de la infancia y adolescencia. La incertidumbre de no saber si se volvería a tener una vida familiar, escolar y social se ha apoderado de la mayor parte de sus preocupaciones. Se sumó así la aprensión permanente de no saber si el mundo que ellos conocían volvería a ser “normal”.

En síntesis, este evento no esperado logró una sensación generalizada de inseguridad en el desarrollo emocional de la infancia y de sus cuidadores. Junto a esto, en las últimas semanas, los niños y adolescentes del mundo han estado expectantes y han quedado atónitos ante un nuevo acontecimiento no normativo: la guerra entre dos potencias. Han observado cómo la dificultad para resolver problemas entre dos países termina en una resolución bélica que finaliza con vidas, con sus proyectos, sus sueños y, en ocasiones, hasta sus familias, internalizando la idea de la dificultad para llegar a acuerdos, y el uso de la violencia para resolver los problemas. Luego de estos eventos no normativos, me pregunto: ¿qué están observando los niños, niñas y adolescentes acerca de cómo se resuelven situaciones o eventos no normales en la vida?, ¿verán el miedo, la angustia, la incertidumbre, la preocupación, la inseguridad y la violencia como sentimientos y conductas normales en su desarrollo? Esperemos que luego de todo lo que han visto, logren visualizar que, ante tales situaciones traumáticas, lo único valioso es el amor de cada uno de nosotros, las ganas de salir adelante y la capacidad para reponerse de nuestras experiencias dolorosas. Y es justo aquí donde la resiliencia surge como un concepto vital ante la adversidad y se transforma en una aliada en los momentos difíciles, siendo la mejor prevención para futuras anomalías en salud mental, tales como cuadros ansiosos o depresivos, y alteraciones en el desarrollo de la personalidad.

Nuestros niños, niñas y adolescentes han visto, escuchado y experimentado dos circunstancias definidas como traumáticas que podrían ocasionar anomalías en su salud mental actual y futura. Es de esperar que para aliviar sus preocupaciones y angustias encuentren en el amor, y en la acogida comprensiva y empática de sus familiares la esperanza de una normalidad que les devuelva la ilusión por el juego y la motivación por el mañana, para que así se conviertan en pequeños fuertes, resilientes, con más experiencia y mayores destrezas para enfrentar lo adverso.

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