Inmobiliarias lanzan sus apuestas por nuevos polos de desarrollo

Las rutas que unen Concepción con Penco y el camino a Cabrero son los principales sectores donde el Gran Concepción puede seguir creciendo.

No hay duda de que el Gran Concepción ha crecido exponencialmente en su oferta inmobiliaria, y que las familias han optado por cambiarse a nuevos sectores de desarrollo urbano.

Y ahí la lista es extensa. La ruta que une San Pedro de la Paz con Coronel es uno de los claros ejemplos de lugares que ya se consolidaron, pero que alguna vez fueron una apuesta arriesgada. Lo mismo se podría mencionar de proyectos como Floresta en Hualpén, y todo el desarrollo que eso ha significado de la Costanera que une Concepción con Talcahuano. Para qué hablar de lo que Valmar ha hecho con su exitoso proyecto Brisa del Sol.

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Sin embargo, hay nuevos sectores del Gran Concepción que se vislumbran con alto potencial. Uno de ellos es el camino a Chaimávida, donde la misma Valmar anunció una inversión superior a los US$ 16 millones para urbanizar y luego hacer desarrollo inmobiliario en un terreno de 71 hectáreas. Antes de ese lugar se sigue ampliando Valle Noble y otras empresas también han puesto sus ojos en el sector que lleva a Cabrero.

Asimismo se cuenta el camino que une Concepción con Penco, donde Madesal desarrolla un proyecto inmobiliario de 260 departamentos y un strip center, con una inversión de US$ 25 millones.

Pero, ¿qué lleva a que un sector tenga potencial de desarrollo inmobiliario? Según Marcelo Molina Schwarzenberg, de la Facultad de Arquitectura de la Universidad San Sebastián, hay dos particularidades que deben darse: conectividad y el espacio adecuado para su desarrollo y proyección futura.  Dependiendo del modelo de negocio y el concepto que este nuevo barrio proponga, ya que puede ser un desarrollo habitacional, comercial o productivo, podría ser importante, dice el arquitecto, considerar la presencia de áreas verdes -proyectadas o naturales- vistas, presencia de cuerpos de agua, proximidad con infraestructura,  equipamiento y servicios existentes, factibilidad de urbanización completa, consideración de aspectos y atributos del entorno inmediato natural o urbano que sirvan a las personas y que contribuyan a mejorar su calidad de vida. Y quizás la más importante, la ubicación estratégica que facilite la conexión con otros centros.

Dentro de los polos que el profesional ve con potencial está la ruta que comunica Concepción con Penco, “hasta que ambas ciudades se encuentren”; otra zona es el sector Palomares y Nonguén. Son barrios que la gente reconoce y le asigna un valor respecto de su proximidad con un entorno natural”.

Junto con ello, Molina dice que en el caso de un desarrollo urbano, el mismo centro de la ciudad es el primer objetivo. “Renovar y mejorar proyectos, infraestructura y espacio público es prioridad número uno, de lo contrario, los centros urbanos se deterioran y mueren. Este desarrollo se realiza por la construcción de edificios”, detalla.

 

 

 

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