Innovación social, transformar para impactar

Roger Sepúlveda Carrasco
Rector Universidad Santo Tomás Concepción – Los Ángeles.

Mejorar la calidad de vida de la comunidad se ha transformado, sin duda, en el gran objetivo de muchas organizaciones que buscan su desarrollo avanzando de la mano con el compromiso por los más necesitados.

A nivel mundial, empresas e instituciones han entendido que deben ser parte de los retos ecológicos, sociales y económicos, creando iniciativas, con diferentes enfoques, para ofrecer soluciones perdurables a las problemáticas actuales.

La innovación social surge entonces como una bandera que guía la vinculación de distintos actores con el medio, entendiendo este concepto como la búsqueda de soluciones nuevas que logren mejorar la calidad de vida.

Para hacer frente a estos desafíos, en todas partes del planeta está creciendo una oleada de iniciativas de innovación social. Ya en 2013, la Comisión Europea publicó una Guía de Innovación Social en que definía ese concepto como “innovaciones que son sociales, tanto en su fin como en su proceso”, poniendo énfasis en que “no sólo son buenas para la sociedad, sino que impulsan la capacidad de los individuos para actuar”. Se observa hoy un número creciente de iniciativas y enfoques.

En este contexto, la innovación social también involucra a los gobiernos, quienes deben propiciar un ecosistema que ampare  estas iniciativas mediante el trabajo colaborativo con distintos actores –incluyendo a privados-, disminuyendo la burocracia y aumentando fondos que apoyen a los emprendedores sociales.

Incluye, asimismo, a las casas de estudios, responsables de crear el capital social que sustente esta nueva metodología, para que los nuevos técnicos y profesionales se interesen por resolver problemáticas desde sus especialidades y conocimiento.

Universidades, IP y CFT se transforman así en formadores de innovadores y emprendedores sociales que tienen entusiasmo por actuar en este escenario para satisfacer las necesidades del otro y que, a la vez, cuentan con las herramientas para hacerlo de la mejor manera, de la mano con la tecnología y los avances de la ciencia.

Y en otro rol, la educación superior es también un catalizador para el trabajo colaborativo que necesariamente involucra la innovación social. Este sector de la educación debe ser agente principal en dicho cambio, aunando voluntades, esfuerzos, recursos, en proyectos conjuntos con actores de la sociedad: ONG’s, gobierno, instituciones privadas y públicas.

Así lo ha entendido también Santo Tomás, casa formadora que quiere ser el agente de cambio que logre beneficiar a las comunidades más vulnerables,  fortaleciendo los valores en los estudiantes y teniendo como foco estratégico la innovación social para construir una sociedad más fraterna y justa.

Incluir una asignatura de innovación social en nuestro plan curricular,  capacitar a docentes y administrativos, crear fondos concursables, vincularse con organismos y servicios para un trabajo mancomunado, son algunas de las acciones de Santo Tomás para marcar el trabajo por los más necesitados. Una tarea que esta casa lleva en su ADN y que espera liderar en todo Chile.

O’Higgins 680, 4° piso, Oficina 401, Concepción, Región del Biobío, Chile.
Teléfono: (41) 2861577.

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