Insatisfacción ciudadana

Prof. Dr. Marcelo Contreras Hauser. Master y Dr. en Derecho y Ciencias Políticas y Sociología.
Prof. Dr. Marcelo Contreras Hauser.
Master y Dr. en Derecho y Ciencias Políticas y Sociología.

De acuerdo con la última entrega en cifras de la reciente primera semana de febrero, la voz ciudadana -una vez más- deja en absoluta evidencia que nuestra democracia chilena opera sobre bases demasiado febles. Efectivamente, queda en la retina de nosotros, los chilenos, que ni uno ni otro bloque político acapara el necesario respaldo ciudadano: el uno con bastante menos del 50 % de aprobación y el otro con un 78 % de rechazo. El bloque opositor marcando en torno al 11 % de aprobación, cifra relativamente similar a la que obtuviera hace unos pocos años el actual oficialismo. Ambas, como diría un lolo, nos retratan en distintos tiempos políticos “la nada misma”. Había señales incluso desde la propia Presidencia de la República que venía en caída libre desde hacía un semestre, y que en esta última data estadística logra poner coto al desastre aumentando 3 o 4 puntos, los que a decir de sus cada vez menos seguidores cortarían “la mala racha”. Qué manera de conformarse con tan poco, toda vez que por lejos el rechazo a la primera mandataria supera su aprobación. Cifras pírricas, tremendamente bajas, que ponen en peligro una mejor teoría y praxis del servicio público nacional a favor de todos los chilenos. Es que la evaluación que la ciudadanía hace de nuestros políticos oscila entre lo malo y lo pésimo.

Si a lo anterior le agregamos las tremendas dudas cartesianas en el ámbito ético-político, desde el Transantiago, los sobresueldos, hasta el caso Penta, el ambiente es sencillamente execrable. La paciencia chilena se agota.

Llegamos al Festival de Viña del Mar con 8 de cada 10 ciudadanos reprobando a los actuales opositores, menos de la mitad dando eventual apoyo a la Presidenta, y cifras menores todavía respecto del Senado y la Cámara de Diputados. El margen de acción política ciudadana se hace progresivamente menos representativo, a la vez que la conciencia crítica de nuestra sufrida población crece exponencialmente en el rechazo a lo que los políticos están haciendo.

Y, ahí estamos, igual que el jamón del sandwich: justo al medio de actores y actrices políticas que desempeñan su rol de muy mala manera. Sí, en ese ethos perviven mujeres y hombres sacrificados de nuestra patria en medio de bajísimas remuneraciones y sueldos. Claro que ahí no están aquellos que registran dietas parlamentarias millonarias, tanto en el mes a mes como en sus desproporcionados reajustes anuales. Vivimos como la letra del tango, todo es “un atropello a la razón”. En el actual período estival la mayoría inmensa de compatriotas seguirán sacando cuentas miserables respecto de si se atreverán o no a hacer uso de su derecho a jubilar, o preferirán reposar en el colmo del optimismo a vivir bastante más de un siglo o siglo y medio antes de optar por una jubilación con mejor poder de cobertura. Entre mal y peor. Triunfos pírricos que hacen poco sustentables las directivas políticas chilenas. A continuar este 2015 en la discusión abstracta, y más que desconocida para la opinión pública, de las reformas; sí, esas que ningún chileno pasado al pizarrón podría dibujar por ignotas. Ya se escuchan voces y marchas estudiantiles, disconformes con este clima. Ellos no son partidarios de tal vaguada costera.

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