Investigación, desarrollo e innovación: un debate en ciernes

Estamos siendo espectadores y protagonistas de la mayor efervescencia social de las últimas décadas; muchas casas de estudio en todos los niveles educativos se encuentran tomadas por sus alumnos y cada jueves vemos marchas multitudinarias en las calles del país con consignas como la baja de la tasa de interés de los créditos, condonación de las deudas morosas, gratuidad, más becas, mejor calidad, no al lucro, entre otras.
Hace poco, el Gobierno hizo entrega de las “Políticas y Propuestas de Acción para el Desarrollo de la Educación Chilena” que, más allá de sus méritos técnicos, abre la posibilidad de poner los intereses de cada una de las partes en un documento concreto y no en las tomas, marchas y actos que si bien cumplen con un necesario rol de advertencia, no aportan a la solución del problema.
También los estudiantes han recibido la noticia de una disminución en la tasa de interés del Crédito con Aval de Estado de un 5,2% a una cifra del 2%, lo que se traducirá en cuotas considerablemente más bajas para los deudores, constituidos por el 40% en las carreras universitarias, 32% en las profesionales y 29% las técnicas. En conclusión y más allá de los intereses individuales de las partes involucradas, podemos decir que hay evidencias de avances concretos.
Donde no ha habido discusión, pese a ser tanto o más importante para el desarrollo de nuestro país, es en la generación de nuevo conocimiento. Es desde la perspectiva de la Investigación, Desarrollo e Innovación (I+D+I) y de la inversión que en esta materia realizamos que podemos indicar que el actual 0,4% del PIB (equivalente a unos 900 millones de dólares), es lapidario frente al 2,3% promedio de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), de la que Chile es miembro reciente. Por otro lado –a diferencia de lo que pasa en el pregrado- la mayor parte de la inversión es pública, sólo un 44% corresponde al sector privado y el desafío es llevarla a un 65%, similar al promedio de los países de la OCDE.
Elaborar una política pública de financiamiento para esta importante área supone mantener los equilibrios; es decir, un sólido apoyo económico hacia la actividad investigativa con acento en la innovación y un alto impacto productivo, pero sin descuidar la formación de capital humano avanzado, sin el cual sería imposible desarrollar iniciativas y proyectos.
Las universidades juegan un rol preponderante y decisivo en la investigación de base y están capacitadas para concretar alianzas con empresas para apoyar, de la mano de la I+D+I.  Es allí que se requiere dar un salto cuantitativo, con miras hacia nuestro desarrollo.
Lorena Ruiz Guridi
Directora Académica
de la UST Concepción.

O’Higgins 680, 4° piso, Oficina 401, Concepción, Región del Biobío, Chile.
Teléfono: (41) 2861577.

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