Jorge Vidal, Cónsul de Chile en Hungría sin fronteras

Con 29 años, es uno de los más jóvenes representantes de Chile en Europa Central. Con una promisoria carrera diplomática y una aventajada experiencia intercultural, espera hacer de su destinación en Hungría una oportunidad para estrechar los lazos entre ambos países.
Hace apenas tres años Jorge Vidal Rodríguez se inició en la diplomacia y ya es Cónsul de Hungría. Estudió Ciencias Políticas en la Universidad de Concepción y tras egresar de la Academia Diplomática trabajó como funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores, en Santiago.  Corrían los últimos meses del 2007 cuando supo que había ganado el concurso para ocupar un cargo en el extranjero y, al año siguiente, partió a las tierras del Danubio siendo el consulado en Budapest, Hungría, su primera destinación internacional.
Por los próximos cuatro años será para los chilenos residentes el vínculo con nuestro país. Asumió las tareas consulares de la embajada y su función es facilitarles el acceso a su nacionalidad y los beneficios asociados. Al mismo tiempo, es el contacto para que los húngaros conozcan Chile. En otras palabras, es nuestro promotor turístico, educativo y comercial.

Un visionario

Este verano volvió a Concepción por un compromiso familiar. Antes de partir a Europa se casó con una estudiante canadiense que conoció en el Ministerio. Por la premura del viaje no pudo compartir el evento con su familia y aprovechó estas vacaciones para hacerlo.
De vuelta en el nido materno, le resultó fácil recordar todo por lo que ha pasado hasta llegar a ocupar hoy, con apenas 29 años, tan importante cargo. Reconoce que su interés por ir más allá de las fronteras nacionales es una inquietud que sintió desde niño. Su familia emigró a Brasil a comienzo de los ’80 cuando tenía 2 años. Fueron en busca de mejores horizontes económicos y permanecieron allá por 10 años. Compartió con una colonia muy grande de japoneses y su cultura y disposición frente a la vida le llamó la atención. “Era una colonia bien grande que me impresionó, porque a pesar de haber llegado como agricultores, rápidamente lograron encajar en la sociedad y ya la segunda generación desarrolló carreras profesionales”, explica.
Volvió a Chile siendo aún adolescente. A los quince años, mientras la mayoría de los jóvenes de su edad quería ir de intercambio a Estados Unidos, Inglaterra o Australia, Jorge Vidal apostó por Japón. Quería conocer de cerca la cultura que por esa época ya admiraba.
Su opción fue visionaria. El año que vivió con una familia de una pequeña ciudad cerca de Tokio, terminó por confirmar su interés por el intercambio cultural y las relaciones internacionales. Después de todo, era el único chileno en la ciudad. “Siempre hablé de mi país, pero me sentí un verdadero representante de Chile cuando al final del año académico, el alcalde hizo una cena de despedida para todos los alumnos que se iban de intercambio y fui el único extranjero invitado. En la municipalidad habían izado la bandera de Chile y la de Japón. Entonces supe que me gustaría trabajar en algo así”.

Diplomacia profesional

La impresión de que las embajadas son un premio de consuelo para los políticos que no ganaron una elección, que se entregan en reconocimiento a sus años de servicio o que sus nominaciones son decididas por las cúpulas partidistas es parte de un estigma de la Cancillería chilena.
Esta polémica aún inquieta el ambiente político, especialmente cuando todavía está en trámite el proyecto de ley de modernización y profesionalización del ministerio. La iniciativa, enviada al parlamento en septiembre pasado por el Ministro Alejandro Foxley planteaba cambios estructurales de organización y gestión de la institución, pero también la introducción de la carrera funcionaria y la concursabilidad de los ascensos. Sin embargo, diputados de distintos sectores agregaron a la norma la indicación de que para ejercer el cargo de embajador se exigiría título universitario.
Las reacciones no se hicieron esperar. El grito en el cielo lo pusieron algunas autoridades que forman el 40% de los actuales embajadores que no tiene “cartón”. Muchos se sintieron aludidos por una ola de discriminación que los alejaría de sus funciones en virtud de la reforma, pero, especialmente amenazados por la nueva camada de jóvenes funcionarios que estudiaron en la Academia Diplomática.
Jorge Vidal, en cambio, responde que esta discusión es más bien artificial, porque cualquier modificación se aplicará desde su vigencia en adelante. Afirma que la profesionalización de la carrera diplomática es una necesidad urgente debido a lo complejas que se han vuelto las relaciones internacionales, pero explica que los embajadores son un cargo de confianza del Presidente de la República y que así funciona también en todos los países.
“Es un ministerio político porque representa el proyecto de relaciones exteriores que el gobierno de turno decide para determinado país. La política del gobierno actual ha sido nombrar embajadores a quienes son diplomáticos de carrera, es decir que desarrollaron su vida profesional en el ministerio y una vez que llegaron al rango más alto del escalafón se les nombró embajador. Al resto de los funcionarios nos corresponde apoyar esa política para que pueda enfocarse y ejecutarse de la mejor manera”, explica.
Pero la política no es tan poderosa como para regular además los ascensos en la planta funcionaria. De hecho, el caso de Jorge Vidal es la prueba de que en base al mérito profesional un diplomático de carrera puede llegar lejos.

Relación bilateral

Actualmente son 150 los chilenos en Hungría, muchos de los cuáles son la segunda y tercera generación de los primeros nacionales que llegaron exiliados de Chile en la década del ’70. Hungría los recibió, les dio casa, trabajo y educación.
En los ’90, con la caída del bloque soviético, la apertura que hubo en Europa y el regreso de la democracia en el país, muchos compatriotas regresaron a su tierra natal. Los que se quedaron fueron los que formaron familia y echaron raíces. “Hoy la colonia chilena está totalmente integrada a la sociedad húngara. Ya hablan el idioma y eso ya es mucho decir porque es uno de los más complejos de Europa. También tienen trabajos profesionales e incluso hay algunos emprendedores a los que les ha ido bien. En general, la colonia disfruta una buena calidad de vida”, asegura.
En el otro lado de la moneda, los húngaros ven a Chile con ojos expectantes. En primer lugar, comienza a consolidarse como un atractivo destino turístico donde pasar vacaciones, pero además como la oportunidad para aprender español, idioma que el último tiempo es toda una revelación entre los jóvenes. “Hoy hablar español es una moda en Europa. Hay mucha gente que quiere aprender el idioma y está dispuesta a vivir en un país como Chile para lograrlo”.
El segundo guiño que nos identifica es el vino. A pesar de que en los fértiles suelos húngaros se produce mucho de esta bebida y que son uno de los diez principales consumidores de vino de Europa, las variedades chilenas ya conquistaron sus paladares. Prueba es que tras la misión comercial que el año pasado hizo una viña de Curicó, una importadora húngara ya pidió al Cónsul organizar una visita a Chile para iniciar negocios bilaterales.
Y si de negocios se trata, la potente industria de maquinaria pesada y de transporte más el área química y farmacéutica son sectores que comienzan a interesarse por un intercambio comercial. Todo es posible, ya que Hungría, al ser parte de la Unión Europea, está cubierta por todos los tratados internacionales vigentes. “Creo que falta más conocimiento mutuo de lo que puede ofrecer cada país y sería conveniente que los privados comiencen a interesarse”.
Hungría recibe bastante inversión extranjera porque los costos de operación son más bajos y el nivel educacional es bastante alto. “Tienen buenos profesionales y a un costo muy competitivo respecto de sus vecinos”.
Además, la capital del Danubio es un centro universitario internacional. Debido a que el idioma es difícil de aprender, muchas universidades imparten programas de postgrado en inglés o alemán. El año pasado, por ejemplo, las becas del Ministerio de Relaciones Exteriores entregaron una buena cantidad de apoyo para profesionales que cursarán magíster y doctorados en Budapest.
La capital húngara es además la sede del Instituto Europeo de Innovación y Tecnología y Jorge Vidal anuncia que crear un vínculo con universidades chilenas será uno de sus principales objetivos. “Chile tiene que lograr captar parte del conocimiento que en ciencia y tecnología se desarrolla en Hungría y ser capaz de enviar profesionales a formarse allá. Es una iniciativa todavía incipiente, pero el potencial está y creo que es el núcleo de la relación bilateral”.
Su sueño es poder generar el primer contacto con la Universidad de Concepción. En ésta y otras tareas estará abocado en los próximos años, hasta cuando vuelva a Chile para continuar con su carrera diplomática en Santiago. Pero, asegura que apenas esté disponible un cargo en Asia será el primero en postular. Es ahí donde su estrecho contacto con la cultura oriental puede contribuir de mejor manera al desarrollo de nuestro país.

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