Joven y alocada

Joven y alocada, de la debutante Marialy Rivas, supo cómo generar expectativa mediante el rumor de una historia que provocaría a los sectores más conservadores de la sociedad. Y vaya que lo logró.
Daniela (Alicia Rodríguez) es una adolescente de 17 con hormonas a mil por hora, cuya vida transcurre en un hogar de evangélicos ABC1 o “evangelais”. Desde su nacimiento ha recibido una severa formación religiosa, en la que todo lo que sea relacionado con el sexo es visto como pecado. Es así como en pleno despertar sexual decide desahogar sus experiencias a través de un blog llamado “Joven y alocada”, en el que, mediante “Ebangelios”, escribe las sensaciones y reflexiones inspiradas por su elocuente, desfachatado y alegre líbido. Sin embargo, las cosas se le ponen difíciles cuando la echan del colegio al filtrarse que tuvo sexo con un compañero, lo que genera un severo conflicto con su madre (una Aline Kuppenheim espléndida, que termina dando más susto que la mamá de Carrie), quien a modo de castigo la envía a trabajar a un canal de televisión evangélico.
Daniela, lejos de inhibirse, ve en Tomás (Felipe Pinto) y Antonia (María Gracia Omegna, la nueva chica mala del cine chileno), sus compañeros de labores, la pareja perfecta para continuar con sus deseos de experimentación.
Desde el comienzo, Joven y alocada muestra una efectiva narrativa que se sabe apoyar en una diversidad de recursos, como los “Ebangelios” del blog de Daniela, la interactividad con sus numerosos seguidores, sus chateos y todas las herramientas 2.0 heredadas por la generación Fotolog. Otra buena decisión fue el uso de humor negro, que a ratos logra conseguir los mejores momentos de la película (la entrevista de Daniela a un converso evangélico interpretado por Luis Gnecco es memorable).
Mención aparte merecen las escenas de sexo, sin duda entre las más osadas que se han visto en mucho tiempo por el cine de estos pagos. Es que es cierto: en Joven y alocada existe una evidente pretensión por mostrar y provocar, a través de una estética y animaciones que mezclan la iconografía religiosa y la irreverencia sexual.
Sin embargo, ya en la mitad del metraje, uno comienza a preguntarse si hay algo más. Porque una propuesta tan potente y atractiva necesita de más “peso dramático”. En este sentido, el guión ofrece alternativas y giros: para Daniela, su tía (Ingrid Isensee), es el único refugio y afecto en una familia que le es ajena. Siendo también evangélica, demuestra otro actuar e interpretación de sus creencias (por ende, contribuye a salir del estereotipo). Este modelo hace que la adolescente, en pleno cuestionamiento y crisis de identidad, paradójicamente busque las Escrituras, y cite las cartas del apóstol Pablo a Corintios para generar sus propias reflexiones, del tipo “ahora vemos como por un espejo, oscuramente”, en quizás el momento más “profundo” de una película que parecía destinada a ser sólo un interesante ejercicio de provocación light. Sin embargo, es suficiente.
Siendo Joven y alocada una película interesante, sobre todo por su elenco femenino sobresaliente, queda al debe en cuanto al peso de sus contenidos, quizás muy orientados a identificar a un público más adolescente (no obstante, en enero pasado ganó el premio de mejor Guión Internacional en el Festival de Sundance). Recomendable, aunque no apta para conservadores extremos o religiosos ortodoxos. Ojo con Marialy Rivas.
Nicolás Sánchez

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