JUBILARSE ¿PRIVILEGIO DE POCOS?

Álvaro Fernández Ferlissi
Abogado.

En octubre último hubo dos  novedades respecto al sistema previsional chileno. La primera fue que la empresa Melbourne Marcer lo ubicó en el octavo lugar del mundo. Una noticia que tiene matices, pues la medición incluyó sólo 34 sistemas que consideraron tres factores: adecuación, sostenibilidad e integridad. En el primero, el más importante para cualquier jubilado, pues es lo que recibirá como ingreso, Chile ocupa el lugar 20 de 34. De este modo, las cosas no son tan alegres como pareciera, más aún, si vemos que en su construcción se tomaron en cuenta aspectos vinculados a los impuestos, a la cantidad de años que serán cubiertos, a la situación en que quedan los cónyuges tras el divorcio, entre otros. Dicho en otros términos, no se compara lo que recibe mensualmente un jubilado chileno con un argentino o un español, sino que características generales del sistema.

Si entramos a los problemas que explican las bajas pensiones, encontraremos que su causa está en los bajos ingresos que perciben nuestros trabajadores. Así, de los cinco millones doscientos mil cotizantes que existen, el 47 % por ciento gana menos de $ 500.000; un 30 % se ubica entre los 500 mil y un millón, y solo el 23 % percibe sobre ese monto.

Otra de las razones es la baja tasa de cotización previsional, ascendente al 10 %, muy debajo de la que existe en España, en la que ésta bordea el 28,3 % del salario de cada trabajador. A esto se debe sumar el aumento de la expectativa de vida y la existencia de lagunas previsionales.

Así las cosas, no es de extrañar que durante los últimos años, las calles chilenas hayan recibido multitudinarias protestas en contra del sistema, las que han tratado de ser sorteadas a través de comisiones.

La otra novedad se vincula al proyecto de ley que el Gobierno ingresó al Congreso, que centra sus ejes en el aumento gradual de un 4,2 % de la cotización, el incremento del Pilar Solidario, la incorporación de nuevos actores que competirán en la administración de estos fondos, y siete medidas más, que buscan aliviar la queja social que se ha venido generando.

El incremento del 4,2 % es tan ínfimo y gradual que no pareciera mejorar en nada la situación del 77 % de los cotizantes. Por otro lado, los problemas vinculados a la falta de competencia entre las administradoras de fondos y el famoso efecto manada parecen no haber recibido tratamiento alguno.

Cuando nació el sistema de pensiones se expresó que uno de sus objetivos sería terminar con el endeudamiento del sector público y también propiciar la formación de grandes capitales. Ello, dijeron, permitiría generar crecimiento para el país, y aunque las dos metas se cumplieron, aún este sistema está al debe en lo que esencialmente debe prodigar: pensiones que permitan vivir dignamente.

¿Será acaso Chile el primer país neoliberal en que el sistema fracasó? Recordemos que ya han pasado más de 30 años desde que tales ideas se instalaron en el país. Y si bien tenemos a 11 chilenos en el ranking Forbes, que incluye a los más ricos del mundo, también hay un millón cuatrocientos mil personas recibiendo $ 107.304 como pensión solidaria.

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