La bicicleta más temida de Temuco

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Juan Francisco Pacheco Vega causó terror en Temuco. En su mountainbike roja asaltó durante 5 meses a más de 40 personas, en su mayoría mujeres solitarias. Creía tener una estrategia probada, pero no contaba con que sus numerosos robos le harían merecedor de la condena más alta de la justicia chilena. Atención: si cree que la sentencia fue exagerada lea atentamente y conviértase en juez por 10 minutos.

El 8 de Septiembre de 2006, el sonido del martillo de los jueces del Tribunal Oral en lo Penal de Temuco se escuchó en todo Chile. Con un sólo golpe, los magistrados Jorge González Salazar, Erasmo Sepúlveda Vidal y Alejandro Vera Quilodrán sentaron un importante precedente en materia penal: una sentencia de presidio perpetuo calificado para un hombre que cometió 27 robos con intimidación y/o violencia en contra de 25 mujeres de Temuco.
Esta condena fue la primera de su tipo desde la entrada en vigencia de la Reforma Procesal Penal en La Araucanía y también la primera por delitos de robo. Las otras tres perpetuas calificadas en el país fueron por homicidios, violación o robo con violación.
Aquel día, el condenado, Juan Francisco Pacheco Vega, más conocido como “el ladrón de la bicicleta”, no tuvo otra opción que agachar la cabeza y acatar la sentencia del tribunal, que no pudo incluir otros 13 casos, porque sus víctimas no denunciaron o no quisieron seguir con el proceso.

El modus operandi

Desde agosto hasta diciembre de 2004, “un ladrón que se movilizaba en bicicleta”, mantuvo atemorizados a los habitantes de Temuco. Nadie sabía dónde ni cuándo cometería sus robos, por lo que la figura de un ciclista y el sonido de los pedales pasaron a transformarse para las mujeres temuquenses en un símbolo de peligro inminente.
A primera vista, Pacheco parecía no tener un plan. Eran piquetes de robos por acá y otros por allá. No obstante, Carabineros de la 2° Comisaría de Temuco, encargada de la captura, logró establecer, tras años de trabajo, su modus operandi. En bicicleta, ataviado con un jockey o un pasamontañas, una parca celeste y mochila negra vacía, Juan Pacheco comenzaba su viaje desde Pedro de Valdivia hasta la Avenida Alemania, a la altura del Hospital Regional. Luego subía hacia Thiers, Phillipi y Doctor Carrillo, para continuar por la avenida San Martín y Población Millaray. Finalizando su recorrido en la Villa Entrelagos.
Ese era su circuito para delinquir. Pero sus robos no eran hechos al azar. Acostumbraba a observar a las mujeres que circulaban por el sector solas o acompañadas de niños. Una vez seleccionada la víctima, estacionaba su bicicleta y rápidamente corría hacia ellas, abordándolas con un cuchillo de 15 cm de hoja. Las amedrentaba con fuertes garabatos, aconsejándoles que entregaran todo para que no se viera obligado a “actuar”.
De acuerdo a testimonios de las víctimas consignados en la investigación, al antisocial sólo le tomaba 30 segundo adueñarse de las prendas. Luego corría hacia su Mountain Bike roja para arrancar en sentido contrario, asegurándose de que ningún vehículo, sobre todo policial, lo siguiese.
En total, según la sentencia, “el ladrón de la bicicleta”, como lo apodó la prensa, robó 21 carteras, 1 mochila, 3 chaquetas, 5 celulares, joyas, tarjetas, cheques y dinero en efectivo. Todo a mujeres, salvo una casaca que le hurtó a A.G.J desde un auto estacionado en calle Uruguay de Temuco.
El trauma de las víctimas
En sus declaraciones las víctimas dijeron estar afectadas psicológicamente. Todas coincidieron que desde los atracos, sus estilos de vida y comportamiento social cambiaron. Muchas señalaron no poder caminar solas y menos con gente desconocida a sus espaldas.
Todas necesitaron ayuda de especialistas, en su mayoría de psicólogos para superar el trauma provocado por Juan Pacheco.
Según M.C.G.V, asaltada el 19 de noviembre de 2004, después de la traumática experiencia tuvo un largo proceso de recuperación. “Al salir a la calle sentía un frío, como que me corría una agüita por la espalda… es una sensación muy difícil de explicar a quien no la ha vivido. Tuve que estar tres meses con tratamiento psicológico para recuperar la confianza en el otro y en mí misma, porque uno duda de todo. Hasta comienza a plantearse que fue culpa de uno misma. Cuando iba al trabajo me tenían que ir a dejar y a buscar. Si mis familiares no podían le pedía a alguna colega”.
Este mismo quiebre emocional lo evidenciaron las 23 víctimas en el juicio oral, asegurando que fue gatillado por el violento actuar de Pacheco. Y es que algunos relatos son escalofriantes, más si se tiene en cuenta que esta seguidilla de casos no tenía precedente en la Novena Región.
Bitácora de un ladrón
La primera vez que se conoció un delito perpetuado por “el ladrón de la bicicleta” fue el 10 de agosto de 2004 en perjuicio de A.B.C. a la que interceptó en la avenida Balmaceda esquina Rodríguez, para robarle su cartera. Como una cruel anécdota, el segundo atraco de Pacheco fue en contra de la misma víctima semanas después.
El 7 de octubre se conoció uno de los delitos más violentos cometidos por el antisocial. A las 7:20 horas, E.A.O. caminaba por calle Phillippi hacia su trabajo, cuando de pronto divisó que alguien venía corriendo tras ella y en segundos sintió un cuchillo en el cuello. La mujer se negó a entregar la cartera y propició un forcejeo. Ante la resistencia de la mujer, el ladrón de la bicicleta comenzó a “picarle” las manos con su arma blanca, amenazándola que si no entregaba su bolso tendría que apuñalarla en el estomago.
14 días más tarde atacó de nuevo y no menos agresivo. H.Z.R., de 27 años iba hacia su con su hijo de 10 meses en un coche de paseo. A las 8:20 horas sintió un intenso pedaleo. Segundos después notó que alguien caminaba detrás suyo. Se dio vuelta y vio a un individuo tratando de robar su cartera sin éxito. Aquí los nervios le jugaron una mala pasada a Pacheco, que decidió tomar del coche al bebé y apuntarlo con el cuchillo en la frente. Así logró perpetrar su delito.
El último robo con violencia de Juan “de la bicicleta” fue el 14 de noviembre de 2004 y su víctima resultó ser la joven R.I.F. de 18 años, quien acababa de visitar a una amiga en el Hospital Regional. Al tomar calle Caupolicán se encontró con un ciclista que abruptamente se bajó de su vehículo y le pidió que “calladita” le entregara todo. Ella se negó e hizo un ademán de arrancar, por esto Pacheco le tiró el pelo hasta arrojarla al suelo y comenzó a patearla en las costillas. La víctima no vio otra salida que entregar su chaqueta para deshacerse del ladrón. Horas después a R.I.F sufrió una hemorragia. Ahí se enteró que estaba embarazada. No se pudo comprobar que la golpiza haya sido causante del aborto.
A pesar de lo impactante de los relatos, sus víctimas dudaban que la pena solicitada por la fiscalía se impusiera en el criterio de los jueces. “Nunca pensé que le iban a dar cadena perpetua, aunque el fiscal desde un principio nos dijo que esa iba a ser la pena que pediría. Yo tenía dudas, porque la justicia es rara: a un violador le dan 5 años y por decirte algo, a alguien que roba una gallina 20 años”, dice.
Historial
Juan Francisco Pacheco Vega (36 años) era un comerciante que no completó sus estudios medios. Estaba casado con Mónica Torres. Vivían en Pedro de Valdivia, y no tenían hijos como pareja.
Hasta ahí todo normal. Pero en su lado B este antisocial acumulaba una serie de delitos que lo hacían justo merecedor del término “delincuente con nutrido prontuario”. Había sido detenido en varias ocasiones. En 1989 por homicidio; en 1991 condenado por delito de robo con intimidación; en el 2002 condenado por robos con sorpresa.
En Julio del 2004 llegó a Temuco desde Pitrufquen, donde estaba cumpliendo su última condena.
La Médico Psiquiatra Legista Evelyn Sepúlveda Martínez, quien evaluó el 11 de mayo del 2005 evaluó a Juan Pacheco, señaló que el hombre no tenía antecedentes psiquiátricos previos, ni de consumo de alcohol, drogas o fármacos. Acota, que el examen fue normal. Agregó que estaba lúcido, orientado en tiempo y espacio y que no poseía antecedentes psicóticos ni alteraciones de juicio realidad: por ende era imputable ante la ley. “El presenta un trastorno antisocial de personalidad. De no respeto al otro, impulsivo, agresivo, baja capacidad de autocrítica, capacidad de invadir el espacio del otro y el uso de armas”, explicó en su informe.

Una pareja “pareja”

Su pareja, Mónica Torres, no se quedó atrás. Si bien no es tan conocida en el lumpen, demostró una actitud desafiante que le costó bastante caro. En el último reconocimiento a Pacheco, Torres lo acompañó luciendo las joyas que el antisocial le había sustraído a varias de las víctimas, sin saber que muchas de ellas estarían en el proceso y que las reconocerían. Ante esa evidencia también fue detenida y formalizada. De esta manera “Juan de la bicicleta” y su pareja ahora están pagando el daño hecho a la sociedad.

El éxito de la fiscalía

El fiscal de Temuco, Cristián Paredes, aseguró estar conforme con el fallo que sentenció a cadena perpetua a Juan Francisco Pacheco Vega y proyecta que esta condena marcará precedentes.
¿Siempre pensó que los argumentos y pruebas presentadas eran suficientes para pedir presidio perpetuo?
Por cierto el Ministerio Público y los fiscales debemos trabajar bajo el principio de objetividad y frente a este caso, donde se está en presencia de 27 delitos, más las circunstancias modificatorias, como reincidencia y premeditación, la única pena aplicable, en nuestro concepto, era la de presidio perpetuo calificado. Y la convicción que teníamos fue refrendada por la disposición del tribunal en su fallo.
¿Cómo se explica que a un ladrón se le condene de tal forma y a un violador o asesino no se le otorgue más de 5 o 10 años?
Cada caso tiene sus propias características. Este es bastante especial, no se trata de un sólo robo, sino de 27. Además se le atribuía el delito de receptación y porte de arma. Por lo tanto si cada delito de robo con intimidación tiene una pena que parte en 5 años y un día, pudiendo llegar a los 20 años, sumada la reiteración, necesariamente nos lleva a aplicar una condena acorde.

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