La ciudad de la furia

La ciudad de la furia está quieta, en espera silenciosa. La ciudad de la furia cayó en eclipse total desde que Gustavo Cerati, el eterno joven, el niño mimado de Argentina, el pibe de espesos bucles, el fundador de una banda notable, Soda Stereo, quedó en estado de coma a raíz de un infarto cerebral que lo fulminó como un rayo en pleno concierto. A Gus, como le llaman sus fanáticos, el fumador de cuarenta cigarrillos diarios, treinta cafés al día, el de los viajes alados, giras y presentaciones envueltas en la bruma de la bohemia de cientos de madrugadas, su cuerpo le pasó la cuenta.
La ciudad de la furia, en su carnaval eterno, lo rodeaba de multitudes, éxitos, amores, muchos amores fugaces.
Nacido un 11 de agosto en Buenos Aires, Cerati estudió guitarra desde los ocho años. Estudió Publicidad, pero no era lo suyo. Cuando conoció a Zeta Bosio y Charly Alberti, no se imaginó que la banda que él creó, se convertiría en locura de multitudes en distintos confines del mundo.
Separado de la hermosa chilena Cecilia Amenábar, hoy DJ, tuvo dos hijos, Lisa y Benito, un par de adolescentes a los que Gus adoraba. A Soda Stereo, los musicólogos le han atribuido influencia de Los Beatles, de David Bowie, de Pink Floyd. De grandes de la música. A pesar de vivir en el epicentro de un temblor, que se convirtió en una de sus más famosas composiciones y que decía premonitoriamente en su letra “despiértame cuando pase el temblor”, Gustavo Cerati estaba solo. Rodeado de incondicionales y de novias que rotaban, pero solo. Se comenta que Cerati, al componer Nada Personal, lanzó un grito desesperado pidiendo ayuda. Nada personal es la denuncia del vacío existencial que sentía y que percibía en los demás, en plena sociedad de la información. En Nada Personal evidencia su soledad: “Comunicación sin emoción /una voz en off sin expresión / busco algo que me saque este mareo /busco calor en esa imagen de video /y no encuentro nada, nada personal”.
La ciudad de la furia está al acecho. Porque el bello durmiente no quiere despertar. Y ese bello durmiente vale mucho, mucho dinero y le da “laburo” a un centenar de personas. A otros, les llena los bolsillos de “guita”.
Gus presintió su caída. En el súper ventas La ciudad de la furia preconizó su destino. Su mensaje no tiene nada de críptico como Signos, por ejemplo. Al contrario, él presagia lo que intuye: “Me verás volar por la ciudad de la furia / donde nadie sabe de mí /Me verás caer como un ave de presa/ me verás caer sobre terrazas desiertas/ /Me dejarás dormir entre tus piernas /sabrás ocultarme bien y desaparecer entre la niebla”.
La ciudad de la furia le grita “Despertá, Gus, despertá”. Los que verdaderamente lo quieren, le dicen al oído: “Dormí tranquilo por un tiempecito, descansá, Gus”. Estoy segura que lo veremos volver.

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