La Conspiración: el trauma de Vietnam en versión 2.0

Hank Deerfield (Tommy Lee Jones) es un veterano de Vietnam que cree en las bondades de la carrera militar como escuela para la formación de carácter. Tanto así que no duda en incentivar que su pequeño Mike (Jonathan Tucker) se aliste y vaya a pelear a Irak, aún cuando ya antes había perdido a su hijo mayor -también militar- en un desafortunado accidente de aviación. Para pesar de Deerfield, la “experiencia pedagógica” terminará todavía peor para su segundo retoño: a poco tiempo de regresar de la guerra, desaparece misteriosamente de su base. El instinto militar le dice a Deerfield que algo anda muy mal, y no se equivoca: el cuerpo de su hijo aparece descuartizado y carbonizado en un sitio eriazo perteneciente al ejército. Shock y desazón.
Luego del impacto, Deerfield toma la investigación en sus propias manos, tras descubrir burdas negligencias en los peritajes policiales como militares. Dos sospechas se apoderan de su mente: su hijo, el mejor soldado de su pelotón, murió asesinado por traficantes mexicanos tras una noche de juerga con sus compañeros; o los verdugos habrían sido sus propios camaradas. Una posibilidad inadmisible para el viejo código de honor y decencia de Hank Deerfield. En su lucha contra las burocracias, consigue el apoyo de la detective Emily Sanders (Charlize Theron en un correcto papel), una madre soltera conmovida por el caso y deseosa de demostrar sus subestimadas capacidades policiales.
Tras la primera mitad de metraje, el mensaje del director Paul Haggis parece obvio: un discurso contra las consecuencias de la guerra, donde no hay vencedores ni vencidos, sólo muerte y destrucción. En definitiva, un mensaje con una suma de lugares comunes -al considerar la cantidad de películas post Vietnam que tocaron este tema- si no fuera porque ahora Haggis no concentra la cámara en los soldados en combate, sino en el efecto provocado hacia sus entornos sociales y sus familias. Aquí no está el discurso que apela a la honda emotividad de Pelotón ni a la intelectualidad anti militarista de Stanley Kubrick en Nacido para matar; éste es un cine hiper realista muy en sintonía con esta época que abre la herida en las emociones de personas comunes y corrientes. Tommy Lee Jones (cuya actuación es soberbia) investiga desde la realidad, pero también desde fragmentos de videos hechos con cámaras celulares de los soldados en combate. Una fuente que le hará sufrir otro golpe desgarrador: descubrir que su hijo no era el héroe fabricado por él y su país.
La historia se salva de caer en vacíos y redundancias gracias a sus excelentes diálogos y notables escenas que involucran al espectador. Aún así, no se libra de sorprendentes errores, como la poco aprovechada participación de Susan Sarandon como Joan, la esposa de Mike. Buena.

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