La deuda, dulce tentación

Roger Sepúlveda Carrasco, Rector de la Universidad Santo Tomás Región del Biobío

Para nadie es un misterio que en Chile las deudas agobian a muchos hogares. La capacidad de compra a través de préstamos o adquisición de bienes y/o servicios en cuotas es una herramienta de amplia utilización, la que no siempre va acompañada de un comportamiento responsable, ojalá con ciertas nociones de educación financiera.

Sin embargo, la contracción de la actividad económica producto de diversos factores (Pandemia Covid 19 principalmente), trae aparejada nefastas consecuencias, como la pérdida de puestos de trabajo y, consecuentemente, la irrupción de la cesantía que viene a complicar aún más las capacidades de responder a los compromisos financieros. No obstante, debemos distinguir al respecto para no demonizar ni romantizar al endeudamiento, que es una herramienta más que nos permite acceder a bienes y/o servicios que necesitamos.

Ahora bien, tiene sentido endeudarse para adquirir bienes o servicios que puedan aumentar su valor con el paso del tiempo, de forma que en el futuro valdrán más de su precio inicial, como sucede con una vivienda. Asimismo, si mi deuda me permitirá generar nuevos ingresos, por ejemplo, los gastos en el lanzamiento de un negocio o pagar mis estudios, podrían ser consideradas como una “deuda buena”. Pero, siempre debemos consultar nuestro presupuesto y no asumir ningún compromiso si no podemos cumplir con él.

Por otra parte, tenemos también las “deudas malas”, que incluyen todas las que se asumen para adquirir bienes que no necesitamos o que no podemos permitirnos. También es una práctica muy negativa utilizar préstamos de consumo cuyos plazos de pago sean superiores a la vida del producto financiado. ¿Quién quiere seguir pagando unas vacaciones tres años después de disfrutarlas?

Las peores deudas son las que tienen una tasa de cobro muy elevada: créditos obtenidos directamente de cajeros automáticos, pagos aplazados de las tarjetas de crédito y los créditos rápidos. Estas deudas son sumamente peligrosas, pues si no se controlan adecuadamente puede provocar un efecto bola de nieve y crecer con gran rapidez.

Debemos ser excesivamente responsables a la hora de endeudarnos. Según un reciente informe del Banco Central, el stock de deuda de los hogares alcanza a un 74,9 %. Esto significa que en Chile las familias tienen las tres cuartas partes de sus ingresos comprometidos precisamente para pagar deudas. Si bien esta cifra parece alta, la realidad del endeudamiento de las familias en los países -que llamamos del primer mundo- como Estados Unidos, Canadá, Suiza y Dinamarca es muchísimo mayor, alcanzando en este último caso al 281 %, la cual probablemente en un porcentaje importante se refiere a la “deuda buena”.

Hoy hay importantes riesgos, pues las personas al perder sus ingresos asumen como un salvavidas las líneas de crédito, avances, súper avances u otras formas de obtener liquidez, pero estas generan un endeudamiento no saludable y progresivo, es decir, se asume más deuda para pagar las deudas ya vencidas, la popular y peligrosa “bicicleta” que, en este caso, más que hacernos avanzar, termina siendo una verdadera pandemia para nuestras economías personales.

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial de Revista NOS.

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