La escucha activa de la secretaria del tricel: UN EJEMPLO A SEGUIR

No es casualidad que tras la instalación de la Convención Constitucional en Chile, una de las situaciones más comentadas tenga que ver con el papel que en tan histórico día cumplió la secretaria relatora del Tribunal Calificador de Elecciones, Carmen Gloria Valladares.

El temple, la capacidad de dar espacio al diálogo en una situación de descontrol, pero, sobre todo, la lucidez para comprender lo que en ese momento se necesitaba -sin cálculos políticos o de imagen- hicieron que la figura de la abogada y funcionaria técnica (como ella se denominó mientras era interpelada a gritos por una constituyente que le exigía detener la ceremonia) fuera objeto de elogios y de reconocimiento transversal. ¿El motivo? Porque su respuesta aparece como una admirable excepción para un país donde hace bastante tiempo se perdió la tolerancia hacia el que piensa distinto, y donde la capacidad para llegar a consensos básicos se hace cada vez más escasa.

Analizado desde el estudio de la comunicación, el acierto de Carmen Gloria Valladares se fundaría en su talento de haber podido poner en práctica la escucha activa o capacidad de oír lo que otros están expresando, pero también, de entender los sentimientos e ideas que estaban tras los diversos mensajes que -con distintos tonos y formas- sus interlocutores le transmitían. Una habilidad que en la teoría parece fácil de ejecutar, pero que en un mundo donde solemos dar más crédito a las opiniones de quienes piensan como nosotros, en desmedro del que disiente de nuestro pensamiento, es más bien una conducta difícil de encontrar.

Lo dice en esta edición el doctor en Física Rafael González, conocido en redes sociales como el hombre de los gráficos. Su habilidad por el análisis de datos y por realizar modelamientos matemáticos sobre la situación de la pandemia, ha tenido resultados que muchas veces han advertido sobre realidades que no habían sido informadas por las autoridades. En sus columnas de opinión escritas a partir de sus trabajos, ha insistido sobre la necesidad de tomar mejores decisiones sanitarias para enfrentar la pandemia que, recalca, deben estar basadas en la evidencia aportada por los asesores científicos, “y que fueran ellos quienes tuvieran la última palabra”, sintetiza. Su recomendación pone acento en la escucha de parte de las autoridades y no en decisiones en solitario o donde prevalezcan intereses políticos sobre los sanitarios.

Una escucha activa que está aún más lejos en el diálogo de sordos entre el Ministro de Educación y el Colegio de Profesores que a un año y cuatro meses desde la suspensión de las clases, aún no se ponen de acuerdo sobre cuál sería la mejor y menos riesgosa manera de que los estudiantes tuvieran la posibilidad de volver a las aulas. Con cada parte parapetada en su punto de vista, no hay interlocutores capaces de escuchar las necesidades de los estudiantes ni las aprensiones de los padres, quienes al no recibir una visión unificada frente al tema, sienten temor de tomar una decisión errada para sus niños.

Y los ejemplos en este ámbito suman y siguen: otro es el llamado desesperado de las pymes, sobre todo del sector de la gastronomía, que esperan respuesta y ayudas concretas para seguir conservando sus negocios. Un apoyo que no llega, a pesar de los anuncios que hacen las autoridades sobre beneficios para el rubro. ¿La falla? No se está escuchando las necesidades y complejidades que enfrentan los pequeños empresarios, pues si se hiciera, se podrían construir instrumentos de apoyo económico que sí les permitiesen calificar en estos subsidios estatales.

Escuchar, como lo hizo la secretaria del Tricel, podrá ser atribuido solamente a la templanza de una funcionaria no política que le tocó conducir un momento histórico para el país. Pero lo que no se podrá negar -y ojalá no olvidar- es que su actitud, seguramente, se funda en una forma de enfrentar las dificultades, con disposición a considerar al otro, que la llevó a marcar una positiva y admirada diferencia en su actuar. Una manera que nos gustaría ver en quienes hoy toman decisiones, pero también, en la sociedad que hoy pide cambios para el país, pero que no siempre está dispuesta a oír las razones, los requerimientos o las necesidades del otro. Por eso, escuchar para entender, escuchar para aprender, para decidir mejor y para dejar de juzgar, puede ser una buena recetar para el crucial momento que Chile vive hoy.

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