La izquierda Latinoamericana

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Por Mario Ríos Santander.

Y se hacen llamar “progresistas”, autobautizo que surgió en el debate político de los 60, en que el oponente de la Izquierda más destacado era el Partido Conservador. Hoy, dicho apelativo, desaparecido en los tiempos de un nuevo mundo, sigue en la perorata izquierdista.

El problema es que en estos días los asuntos públicos llegaron a un área que tiene un fundamento esencial: la igualdad de oportunidades, y en esto la Izquierda marcha hacia atrás. Atrás, porque hay que trabajar, hay que tener imaginación creadora, mucha disciplina, responsabilidad, comprender que el desarrollo está mucho más allá de los muros burocráticos del Gobierno y, lo que es más importante, que nadie quiere ser pobre. Y los izquierdistas tienen la mala costumbre de igualar para abajo. Por eso los espejismos de este “progresismo”, que no lo es, son el inicio de los gobiernos y la tragedia de sus finales. Y ése es el problema de Latinoamérica hoy.

Los gobiernos izquierdistas empujan una carga burocrática enorme. Miles de camaradas, muchos de ellos muy poco adictos al trabajo, se la han pasado en cargos públicos toda su vida. Viven en los mejores barrios de Santiago, veranean en Europa y son amigos de derechistas influyentes. Uno de sus destacados líderes señalaba: “Lo más complejo para nosotros, los socialistas, es que hoy nuestros compañeros quieren ser todos derechistas: vivir como vive la Derecha, educar a sus hijos en colegios privados, están afiliados a Isapres, abominan el Fonasa. La única diferencia es que al revés de los derechistas, están prestos para ingresar a un trabajo del Estado”.

Estuve en toda Latinoamérica, menos en Brasil. Asistí al inicio del funeral de Maduro, con Diosdado Cabello incluido. Estuve en la primera derrota de Evo, en las pasadas elecciones locales de febrero pasado, estoy asistiendo al funeral de la Nueva Mayoría, a la derrota de Ecuador con el nerviosismo de Correa; en Colombia, las Farc con toda su criminalidad al hombro, derrotadas, diseminadas, ahora conversando  para “reintegrarse”. En Paraguay, fin del Izquierda populista de Fernando Lugo y, visto desde lejos, el fin de Lula, en Brasil.

¿Por qué ocurre todo esto? Porque los pueblos quieren paz, desarrollarse, ponerse a trabajar, tener acceso al mundo moderno, mirar hacia el futuro, refortalecer la unidad familiar, vivir con menos leyes, hacer primar los valores; en suma, ser una sola gran nación. ¿Y eso es difícil? No, en la medida que los actores principales asuman plenamente ser conductores de la naturaleza humana que, por cierto, está muy lejos de las izquierdas fracasadas.

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