La lección de humanidad de los niños tailandeses

Prof. Dr. Marcelo Contreras Hauser. Master y Dr. en Derecho y Ciencias Políticas y Sociología.

Por estos días el mundo, en un abrazo universal, aplaude de pie y con el mayor respeto a aquellos niños tailandeses que nos brindaron una lección de humanidad, a la vez que, una oda a la integración.

Sí, los integrantes infantiles de aquel club de fútbol trascendieron incluso a la competencia mundial celebrada en Rusia. Vencieron todas las dificultades y salieron airosos, tomados de las manos, recordándole al mundo que la unión de los seres humanos es capaz de vencer cualquier desafío.

Por estas horas nos han legado abrazos y sonrisas por doquier. ¡Otro mundo viviríamos si el espíritu planetario caminara por la vereda de las mejores intenciones y del amor al prójimo!

Debemos agradecerles esta inconmensurable lección de humanidad. Nos conmovieron dejándonos en claro que la gran ecuación ontológica, materia + vida + psiquis + espíritu, es capaz de resolver el más intrincado problema tratándose de los hombres y sus acciones. 

Hoy nos sentimos mejores, la bondad y la integración de los pueblos fueron los palillos que lograron tejer la mejor tenida para estos niños, su mejor reflejo humanitario. 

Cuánto tienen que aprender los gobiernos, organizaciones y empresas de este maravilloso dibujo infantil, que aunó los esfuerzos de todo el mundo sin otro norte que aquel hermoso logro que aplaudimos desde el momento en que todos y cada uno de ellos, incluyendo a su entrenador, lograron salir humildemente con vida. 

Es que nada supera a la humildad. Apuntado a cualquier logro, mientras más humilde, mejor. Casi como a comienzos de nuestra historia humana, caminando a duras penas, prácticamente a ciegas entre tierra, lodo y agua, hasta encontrar la maravillosa luz natural.

A contar de esa fecha, nuestro universo de conflictos, antagonismos y contradicciones encuentra un remanso ejemplar de paz, aseverando que todavía quedan hombres, mujeres y niños de buena voluntad.

Gracias, muchas gracias, por permitirnos haber sido testigo de ustedes, maravillosos jóvenes, cuyas expectativas, en un muy excepcional rasgo, permitieron dar cuenta de aquel abstracto concepto expresado en la palabra ”alma” que, al menos esta vez, también fue una realidad.

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