La puesta en marcha más difícil de Essbio

essbioEl cataclismo del 27 de febrero dio de lleno en el corazón de la sanitaria. Los 8,8 grados de magnitud del terremoto recorrieron los 150 mil kilómetros que abarca su zona de operación en las regiones sexta, séptima y octava, afectando gravemente sus plantas, sus matrices, sus estanques y sus sistemas de tratamiento de aguas servidas. El daño que no hizo el sismo, lo causó más tarde el maremoto que la Compañía enfrentó en Pichilemu, Iloca, Constitución, Dichato, Talcahuano y Arauco.
Hoy, toda la empresa trabaja para reconstruir la infraestructura dañada y reponer los estándares de servicio que existían antes del 27/F.
“Sufrimos daños tan severos como los que cortaron los puentes que cruzan el río Biobío”, manifestó uno de los ejecutivos de la Compañía, tratando de explicar, con esta analogía, el efecto que ocasionó el terremoto.
Las Sexta y Séptima regiones y las comunas cordilleranas de la Octava tuvieron agua potable la primera semana de marzo. A tres semanas del sismo, el 85% de los clientes del Gran Concepción contaba con agua. En la quinta semana, el 95% tuvo repuesto el servicio.

Eduardo Abuauad, Gerente General de Essbio: “Tenemos derecho a estar orgullosos de nuestro trabajo en la emergencia”

Sin energía eléctrica ni comunicaciones, el panorama era incierto y complejo para Essbio durante las primeras horas del 27/F. La situación se agravó con los saqueos ocurridos en los días sucesivos. “Aunque teníamos más de 50 megawats de respaldo y generadores para el funcionamiento de las plantas de agua y de tratamiento, éstos no fueron suficientes para enfrentar tantos días sin electricidad y la escasez de combustible”, admite Eduardo Abuauad.
El caos que imperaba en las calles también dificultó el regreso a las faenas de los trabajadores de las empresas contratistas. No querían dejar a sus familias y otros, simplemente, no podían hacerlo porque estaban damnificados. “Solicitamos apoyo a contratistas de Esval, Aguas Araucanía y Saesa para responder a  los requerimientos de la emergencia. Contamos con el apoyo de la Superintendencia de Servicios Sanitarios y la Asociación Nacional de Empresas Sanitarias, Andess. Toda la logística, materiales, las raciones diarias de comida, el combustible y hasta el dinero eran trasladados desde Santiago y Rancagua”, explica Abuauad.
¿Essbio tenía o no planes de emergencia?
“Nosotros sí tenemos planes para enfrentar emergencias, que son exigidos por nuestro regulador, pero para contingencias de ciertas características, como inundaciones, incendios e incluso sismos. Pero un terremoto de 8,8 grados, más un maremoto que afectó frontalmente a los 150 mil kilómetros donde prestamos servicios, sobrepasa la capacidad de preparación de cualquier empresa, incluida Essbio. Y a eso hay que sumar la situación de inseguridad posterior, por ejemplo, tuvimos que tomar la decisión se evacuar a las familias de los directivos de la empresa, para que éstos pudieran dedicarse por completo a superar la emergencia, esa acción no estaba en nuestra planificación, como muchas otras que debimos abordar durante el transcurso de la emergencia”.
– “En las primeras horas evaluamos el estado de la infraestructura. Luego nos abocamos a reestablecer el servicio de agua potable y a evaluar los sistemas de recolección de aguas servidas. Temíamos que cuando lo lográramos y, comenzáramos a recolectar las aguas servidas, podrían producirse rebases en la vía pública, entonces  había que trabajar en paralelo”, indica.
-¿Cómo es su evaluación sobre la capacidad de respuesta que tuvo Essbio en esta catástrofe?
“Hecho el análisis ex post, por supuesto que creemos que hubo cosas que pudimos hacer mejor. Pero cuando se analiza la cantidad de errores versus el daño que tuvimos,  lo que hicimos fue muy bueno, y creo que tenemos derecho a estar orgullosos de nuestro trabajo durante la emergencia”.
-¿Con qué parámetro se compara para hacer este juicio?
“Hay que pensar que luego del terremoto hubo dos semanas en que Concepción estaba paralizado. Sufrimos daños importantes en nuestra infraestructura, comparables con los que vivieron otras industrias de la Región, que debieron paralizar su trabajo. Sin embargo, nosotros estábamos trabajando desde el sábado 27 de febrero en la mañana, conscientes de lo vital que es para la población contar con agua, y en 72 horas pudimos normalizar el servicio en la mayor parte de la Región, con excepción del Gran Concepción y la provincia de Arauco. Luego del terremoto pudimos conocer la experiencia de la sanitaria de Kobe, Japón, durante el terremoto de 1995, que tuvo una magnitud de 6,6 grados.

José Luis Arraño, Gerente de Ingeniería: “Enfrentamos 72 megacortes en dos semanas”

Con el sistema de captación de agua para el Gran Concepción fuera de servicio, los clarificadores de la planta y los estanques donde se realiza el proceso de tratamiento agrietados se encontró el Gerente de Ingeniería de la sanitaria, José Luis Arraño, a su llegada a La Mochita en la mañana del 27. Este lugar se transformó luego en el centro de operaciones de Essbio durante la emergencia.
“Era una situación compleja, algo que jamás habíamos enfrentado”, afirma el ejecutivo que trabaja hace más de 15 años en la Sanitaria. El panorama se oscureció todavía más cuando le informaron que los grandes diámetros, esas robustas cañerías de acero de 1.000 mm de espesor que impulsan el agua desde la planta productora hasta los principales estanques que abastecen a Concepción, Talcahuano y Hualpén, estaban “rotas”.
Con estas grandes redes con roturas o aplastadas como latas en algunos tramos, era lógico que también habría problemas con las tuberías que cruzan las ciudades. Y así sucedió. “En tiempos normales en Concepción tenemos 10 emergencias en matrices diariamente; después del terremoto reparábamos más de 400 al día”, rememora.
Una de las tareas titánicas que destaca Arraño fueron las faenas en los grandes diámetros que trasladan agua desde La Mochita hasta los estanques del cerro Chepe.  Más del 60% estaba dañado. El desafío de reparar sólo una de las roturas de estas tuberías es homologable, según José Luis Arraño, al trabajo que se hacía en los megacortes que Essbio programó los años 2008 y 2009.
“La diferencia es que para estas labores en las grandes conexiones nos preparábamos durante tres meses, y en la emergencia tuvimos que abordar el equivalente a 72 megacortes en sólo dos semanas, para hacer llegar prontamente el agua hasta los estanques”. En ellas participaron 150 trabajadores de Essbio, entre profesionales, técnicos y operarios, apoyados por 300 colaboradores externos.

Jaime Amthauer, Gerente de Operaciones: “Nuestra prioridad fue asegurar la producción de agua potable”

La Mochita es la planta que produce el agua potable que abastece a Concepción, Hualpén,  Talcahuano, y a una parte de Chiguayante (hasta Villuco). En ella se realiza la purificación del agua que se capta desde el río Biobío, y luego se distribuye a los estanques.
“Reparar ésta y otras fuentes de captación fue nuestra primera tarea, porque la prioridad fue producir agua potable”, afirma Jaime Amthauer.
En La Mochita los  decantadores presentaban fisuras. Sellarlos demoró  toda la noche del sábado y la madrugada del domingo. “Luego comenzamos  a hacer funcionar  las bombas con bastante cuidado, porque la sala tenía daños importantes en su estructura”. A las 8 de la mañana del domingo, La Mochita estaba en condiciones de funcionar. Pero una mancha azulina que apareció en el Biobío frustró esta intención. Provenía de una empresa textil de Chiguayante que estaba descargando al río. “No podíamos captar esa agua manchada, porque arriesgábamos contaminar la sentina donde almacenábamos la reserva que tenía la planta y que nos servía para abastecer a los camiones aljibe”. Superada la situación, La Mochita comenzó a producir agua al mediodía del 28 de febrero.
Sin comunicaciones, tenían escasas informaciones sobre la situación de la compañía fuera de los límites del Gran Concepción.
“Por la gente que llegó desde Chillán supimos que la zona cordillera entregaba agua desde el domingo”. Nuestros operadores de plantas en localidades alejadas tomaron decisiones y funcionaron autónomamente. “Se trasladaron a las plantas de agua potable y de tratamiento para cortar las conexiones de los cilindros de cloro y evitar emanaciones. Otros formaron parte de los comités de emergencia de sus localidades, como ocurrió en Curanilahue, Contulmo y Santa Juana, y con los recursos que tenían hicieron funcionar sus plantas”.
En algunos sectores la captación está a más de 10 kilómetros de la planta productora y ellos recorrieron a pie toda esa distancia hasta encontrar las roturas que había en los tubos que las conectaban.

Claudio Santelices, Gerente de Clientes: “No escatimamos en esfuerzos humanos ni económicos para reestablecer el servicio”

“Tuvimos daños tan severos como los de los puentes que cruzan el río Biobío; la diferencia es que nuestra devastación estaba bajo tierra. Nuestros clientes sólo se daban cuenta de la falta de agua, pero desconocían la magnitud de la emergencia que enfrentábamos”, admite Claudio Santelices.
“Comprendemos perfectamente que con el tiempo el aguante decae y la credibilidad baja”, sentencia, al ser consultado por las críticas que recibieron desde los sectores donde el servicio demoró más de cuatro semanas en reponerse, como ocurrió en algunas zonas de Talcahuano y Arauco.
-¿Por qué no se comunicó inmediatamente a esos sectores de Talcahuano que el servicio no se reestablecería rápidamente?
“En Talcahuano el maremoto devastó las redes de distribución de agua potable y el alcantarillado, pero sólo cuando dimos el agua pudimos conocer los daños en esas redes. En la medida que detectábamos las roturas las íbamos reparando, pero no sabíamos cómo se iba a comportar el resto de esa tubería en los 5 ó 500 metros siguientes o en los 10 kilómetros posteriores. No podíamos dar plazos precisos. De hecho, siempre dijimos que la recuperación del servicio era una situación de inestabilidad, con cortes y baja presión. Por eso realizamos una intensa labor de mitigación, entregando estanques en las poblaciones y repartiendo agua en los camiones aljibe, donde la labor y apoyo de los municipios y bomberos fue crucial.
-Pero el agua es un producto de primera necesidad.
“Estamos conscientes de nuestra responsabilidad.  Sabemos que tenemos una presión adicional a la de las otras compañías y que las expectativas de nuestros clientes son mayores, porque somos un monopolio. Por eso no escatimamos en esfuerzos humanos ni económicos para responder a este compromiso: trabajamos con 70 cuadrillas de emergencia en el Gran Concepción -en tiempos normales son 14-; trajimos contratistas desde otras regiones, trasladamos piezas para reparaciones desde Santiago en helicópteros que tenían un costo de vuelo mayor que el repuesto transportado y fuimos una de las primeras empresas en integrarnos al Comité de Emergencia de la Región.
-¿Cómo quedó la imagen de Essbio, tras las protestas de Arauco que estuvo más de 30 días sin agua?
Lo que sucedió en Arauco se explica porque ahí tuvimos los daños más severos. La planta de agua potable quedó destruida y el tubo que la transporta hasta el estanque tenía daños en sus 6 kilómetros de extensión. Pero esas instalaciones estaban alejadas de la ciudad, por lo tanto, la gente no supo que estuvimos trabajando en esas reparaciones desde la primera semana de marzo. Sólo nos vieron cuando logramos reponer el agua y comenzamos a trabajar en las redes en la ciudad. Pero aquí lo que importa no es la imagen, sino la calidad del servicio que queremos ofrecer. Nuestro objetivo es volver a los estándares de antes del terremoto y para eso seguiremos trabajando intensamente.
Nosotros superamos la emergencia y repusimos el servicio, pero seguimos en una situación vulnerable en muchos sectores, porque reconstruir estanques, plantas elevadoras o reponer kilómetros de grandes redes o colectores requiere tiempo, pues se trata de grandes obras de ingeniería, para lo cual hay que realizar estudios, ver, por ejemplo, si hay nueva tecnología disponible y concordar con nuestra entidad reguladora el plan de reconstrucción. Lamentablemente no se trata de obras que podamos terminar de la noche a la mañana, por lo que en situaciones puntuales nuestro servicio se va a ver afectado. Por ejemplo, en algunos sectores nuestro alcantarillado está  más vulnerable, por lo que hemos reforzado nuestro plan de mantención, pero también es importante que la ciudadanía colabore y no arroje basuras en él, ni lo use para evacuar aguas lluvias, pues solo está diseñado para recolectar aguas servidas.

Rodrigo Díaz, Gerente de Relación con la Comunidad: “Mientras quedara un cliente sin agua no podíamos dejar de trabajar”

En las primeras horas de la emergencia la vocería de Essbio fue asumida por el Gerente de Relación con la Comunidad, Rodrigo Díaz. También fue el vínculo que tuvieron los líderes de las unidades vecinales con la compañía y el representante de Essbio en el Comité de Emergencia regional. “Esta coordinación fue vital para conocer sus necesidades y entregar abastecimiento donde se requería. Repartimos más de mil estanques y La Mochita no dejó de entregar agua a quien la necesitara desde el 27 de febrero en la mañana”, asegura.
Díaz reconoce las dificultades que enfrentaron con los vecinos de Talcahuano por la demora en el restablecimiento del servicio. “Fue muy complejo llevar agua al cerro Chepe y luego superar un problema que tuvimos a la bajada del estanque de Las Higueras. Habíamos llegado con agua a buena parte de los cerros de Talcahuano, pero no a Las  Higueras, Denavi Sur y Las Salinas, donde demoramos bastante más, porque tanto la gran red como la secundaria estaban fragmentadas. Sin embargo, no nos detuvimos. Porque mientras quedara un cliente sin agua no podíamos dejar de trabajar”.
Otro desafío fue asegurar el abastecimiento a los establecimientos educacionales de la Región antes del 5 de abril. “Cumplimos, y en esa fecha del  plazo establecido por el gobierno, teníamos a todos los colegios con provisión de agua. Incluso en Tubul, que no está dentro de nuestra zona de operación, dimos suministro para que pudieran comenzar las clases”, sostiene.

Jefes zonales Concepción y Arauco

Fueron la cara de los equipos en terreno de Essbio  en las zonas más devastadas por el terremoto en la Región del Biobío. Lideraron el trabajo que sus colaboradores de las unidades de redes y de atención a clientes realizó en las tareas de reposición de servicio y de abastecimiento complementario.

Ana María Lezcano: “No paramos de trabajar en más de dos meses”

“Tuve problemas para cruzar a Concepción, así es que el sábado, junto a otros trabajadores de Essbio, nos reunimos en las punteras de San Pedro de la Paz. El domingo pude llegar a La Mochita y me encontré con la sorpresa que todo mi equipo ya estaba ahí, sin excepciones, incluso los que habían perdido sus casas.  Desde ese día ninguno de ellos paró de trabajar en más de dos meses. Partíamos a las 8 de la mañana, sin horario de término. Hubo días en que concluimos las faenas de terreno  a las 5 de la mañana”, sentencia.
“La gente de atención a cliente de mi zona se puso a disposición para colaborar en la gestión de abastecimiento complementario. Estuvieron distribuyendo estanques, agua en los camiones aljibe, contactándose con las juntas de vecinos… en todo momento estuvimos en terreno”, añade.

Jaime Duhalde: “Trabajamos intensamente en la normalización del servicio”

En la ribera sur del Biobío, los trabajadores de Essbio se reunieron en los diferentes recintos de captación de la zonal Arauco. “No había contacto con La Mochita. Luego de los diagnósticos tuvimos que hacer gestiones con los alcaldes de todas las comunas para que nos incluyeran dentro de las prioridades para el abastecimiento de petróleo y así probar nuestros sistemas. Destaco la autonomía con que se desempeñó nuestro equipo en las distintas localidades de la zona, lo que demuestra el compromiso que tiene la gente de Essbio con el trabajo que desempeña”.
“El caso más grave fue el de Arauco. Fue una ciudad que quedó destruida. Aquí tuvimos daños estructurales graves en todas las etapas del proceso de producción de agua potable y por eso demoramos más tiempo en reestablecer el servicio. Otro de los puntos complicados es Lota, donde se cayó el estanque que abastecía a Lota Alto. Actualmente estamos distribuyendo desde otros puntos, lo que hace que nuestro servicio esté más vulnerable, lamentablemente. Por eso trabajamos intensamente en la normalización del servicio”.

María Teresa González, Gerente Gestión de Personas: “Nos concentramos en  conocer la situación en que se encontraban nuestros trabajadores”

A las dos semanas de ocurrido el terremoto, los directores de Ontario Teachers´ llegaron a Chile para conocer la situación de la compañía “y especialmente de sus trabajadores”, recalca María Teresa González.
Los controladores canadienses ya habían aprobado, a los pocos días de sucedida la catástrofe, el plan de apoyo, reconstrucción y asistencia diseñado por la Gerencia de Gestión de Personas de Essbio para solucionar las necesidades más urgentes de sus colaboradores y colaboradoras, que consideró apoyo material y psicológico para ellos y sus familias.
“Nuestros directores visitaron Concepción, Talcahuano, Dichato y Constitución. Estaban muy preocupados por nosotros desde que sucedió el terremoto. Nos pidieron que les enviáramos este plan de ayuda, lo visaron y  no objetaron ni un solo movimiento”.
La empresa en su misión, explica la ejecutiva, dice que quiere colaboradores contentos y orgullosos con su vida.  Ese desafío está en nuestro ADN, y por ello paralelamente a nuestra preocupación por echar a andar la sanitaria luego del terremoto, nos concentramos en  conocer la situación en que se encontraban nuestros trabajadores”.
Junto con el apoyo logístico durante la emergencia (gestionaron en Talca cientos de raciones diarias para los días de desabastecimiento en el Gran Concepción y la movilización de acercamiento para la gente), realizaron catastros en las tres regiones donde opera Essbio, que incluyó más de 120 visitas  para atender a quienes necesitaban ayuda con urgencia.   El diagnóstico arrojó que 77 personas requerían el apoyo inmediato de la empresa para reconstruir sus hogares. “En algunos casos los reubicamos en casas de la compañía, en otros se ayudó pagando arriendos y también se les proporcionó viviendas de emergencia”.
Adicionalmente el equipo de abogados de la empresa, ofreció asesoría a los trabajadores sobre temas de cobro de seguros, pólizas, contratos de arrendamiento, y diversas dudas que pudieran tener respecto de aquellos temas, y el equipo de inmobiliaria entregó apoyo técnico de arquitectos y especialistas para constatar la dimensión y gravedad de los daños. Asimismo, este plan incluyó la contratación de ingenieros especialistas para tener una tercera opinión respecto de las infraestructuras corporativas y además de las viviendas de  aquellos colaboradores que tenían inquietud respecto del estado de sus hogares.
En talleres liderados por especialistas se entregó apoyo psicológico a trabajadores y, en algunos casos a sus familias, que tuvieron dificultades mayores después de la catástrofe. Luego de un diagnóstico se ofreció un apoyo permanente para las situaciones que así lo requerían.
Destaca el trabajo conjunto con los 8 sindicatos, que les permitía tener el feedback sobre la situación de la gente y servía de base para organizar la distribución de la ayuda.
María Teresa González, Gerente Gestión de Personas: “Nos concentramos en  conocer la situación en que se encontraban nuestros trabajadores”

Patricio Bustos, Subgerente de Operaciones Sur. Ante paralización de PTAS Biobío“La gente puede  estar tranquila”

Aunque la mayoría de las plantas de tratamiento de aguas servidas (PTAS)  se detuvo tras el terremoto, por no contar con energía o por daños, actualmente sólo una de ellas está fuera de servicio: Biobío, que trata las aguas servidas de Chiguayante y gran parte de Concepción. Hoy estos residuos se vierten al río Biobío.
Un traspié para la sanitaria que hace tres años fue destacada por científicos europeos al  lograr, en 7 años (la experiencia internacional dice que proceso demora  20 años), que dicho río quedara libre de aguas servidas.
“Tuvimos que realizar descargas controladas al rio Bio Bio, y en los canales Price e Ifarle, para evitar que las aguas servidas ingresaran a los hogares, hoy tras realizar obras de emergencia pudimos volver a transportar estos residuos a la Planta de Descontaminación”, aclara Patricio Bustos, y advierte que estos residuos igual pasan por un tratamiento primario que reduce en 30% la carga contaminante antes de ser vertidos al río.
La Compañía también implementó medidas de mitigación en los canales Price e Ifarle que recibieron descargas residuales para evitar rebalses en las calles. “Incorporamos enzimas que consumen materia orgánica y eliminan los malos olores como si estuvieran en una planta de tratamiento”, asegura.
¿Quiénes se expusieron a estos focos podría contraer enfermedades? “Los malos olores son molestos, pero no podrían enfermar a nadie. La gente puede estar tranquila”, asegura.

Se usó Twitter, sitio web y call center externo: El desafío de “conectarse”  con lo clientes  durante la emergencia

Junto con volver a producir y distribuir agua, la comunicación con los clientes era una necesidad para la compañía. Las instalaciones donde funcionada su call center, ubicado en el quinto piso del edificio institucional de Essbio, resultaron dañadas con el terremoto y con los sistemas de comunicaciones “abajo”, debieron implementar nuevas soluciones para conectarse con los usuarios.
“La coordinación con los medios de comunicación locales fue vital para dar a conocer nuestra situación a la comunidad”, explica Tatiana Catalán, Jefa de Comunicaciones de Essbio.
Destaca el rol de Radio Bío Bío, “los primeros días fueron el principal medio de contacto con nuestros clientes en el Gran Concepción, pues los clientes, a través de este medio, relataban sus necesidades y nos entregaban información  para organizar cada una de las acciones de mitigación que implementamos. En la medida que los otros medios volvieron a circular o retomaron la normalidad, también se constituyeron en un apoyo muy importante para llegar a la comunidad y contar en qué estábamos, y los inconvenientes que retrasaban la normalización del suministro en algunos sectores”.
El miércoles 3 de marzo crearon una cuenta en Twitter que al tercer día ya tenía 350 seguidores. “La gente nos informaba sobre los sectores que estaban sin agua y a la vez nosotros dábamos a conocer nuestro quehacer”, afirma Harry Cea, Sub Gerente de Servicio al  Cliente. Esas fueron las primeras instancias de comunicación.
En la zona cordillera las oficinas comerciales abrieron sus puertas a partir del lunes primero de marzo para recibir los requerimientos de la comunidad. En el Gran Concepción, dos de ellas, en Chiguayante y Talcahuano, sufrieron daños más severos. Sin embargo, las instalaciones del puerto, azotadas por el tsunami y lo saqueos, fueron las primeras entre sus pares de servicios en “subir sus cortinas”, a comienzos de abril.
“Desde que logramos levantar el call center, el 6 de marzo,  escuchamos cada uno de los requerimientos de la gente. La primera semana recibíamos un promedio de 6 mil llamadas diarias (en un período normal son 2.600)”, sentencia Harry Cea.
La jefatura de Comunicaciones era la instancia donde cada día se concentraba la información que luego se entregaba a los clientes, a través de los diferentes medios disponibles. En la tercera semana contrataron un call center externo sólo para atender las necesidades de la gente de Talcahuano. “Los problemas en la redes eran tan graves que únicamente de esta forma podíamos saber si tenían repuesto el servicio, y seguir trabajando donde persistían las roturas en cañerías”, asegura Cea.

Pedro Pablo Errázuriz, Presidente de Essbio: “Recuperaremos los estándares de calidad que teníamos antes de la catástrofe”

50 mil millones de pesos costará a Essbio la reconstrucción y las reparaciones definitivas de sus instalaciones dañadas por el terremoto y tsunami. A través de un plan de reconstrucción que ya fue aprobado por sus accionistas (Ontario Teachers’ Pension Plan y Corfo) diseñarán y construirán nuevos sistemas para resistir sismos de la magnitud del ocurrido 27 de febrero y repararán las obras que a la fecha cuentan con soluciones de emergencia, como plantas elevadoras, estanques y sistemas de recolección, entre otras.
“Nos impusimos un plazo de dos años para ejecutar este plan, y recuperar los estándares de calidad que teníamos antes de la catástrofe”, asegura Pedro Pablo Errázuriz.
El Presidente del directorio de la sanitaria asegura que en este período también volverán a ser parte del selecto grupo de países líderes en descontaminación de aguas servidas, sitial que perdieron momentáneamente tras los daños en la planta Biobío.
Entre la obras de la reconstrucción destaca las transformaciones del sistema de redes que tendrán las comunas de Hualpén y Arauco, donde se cambiarán 10 y 9 kilómetros de tuberías respectivamente. “Fue tan importante el daño en estas zonas que optamos por esta alternativa que asegurará a nuestros clientes un servicio de excelente calidad, pues serán redes modernas y con nuevas tecnologías”.
Recalca que estas obras serán financiadas íntegramente por la compañía y garantiza que no aumentarán las tarifas para ayudar a costearlo.
“Dado que nuestros accionistas asumirán esta responsabilidad de reconstruir lo dañado están muy preocupados de hacerlo bien. Incluso realizarán estudios de suelo para implementar nuevas soluciones en los terrenos de menor calidad”.
Essbio también proyecta  la automatización de los procesos y la implementación de alarmas adicionales para conocer tempranamente información del estado de la infraestructura en emergencias y manejar el control de pérdida.
Errázuriz no descarta que la industria sanitaria en Chile deba considerar la duplicidad de sistemas para asegurar una respuesta todavía más eficiente en la reposición de los servicios, como ocurre en países que cuentan con soluciones complementarias para emergencia, como por ejemplo, doble tubería o plantas de abastecimiento adicionales. Sí enfatiza que ésta es una decisión que compete al regulador y que no puede ser tomada autónomamente por Essbio.

O’Higgins 680, 4° piso, Oficina 401, Concepción, Región del Biobío, Chile.
Teléfono: (41) 2861577.

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