La renovación de los palafitos de Chiloé


Posados a orillas del mar, dan vida e identidad al territorio insular. Tras su recorrido, los turistas se llevan plasmado el recuerdo de estas construcciones llenas de colores e historia que, poco a poco, han ido despertando el interés de empresarios turísticos. Algunas de ellas ya se han transformado en lofts y hoteles boutique para compartir con el visitante la experiencia de habitar estas peculiares edificaciones y disfrutar al máximo el mágico mundo que encierra Chiloé.
El privilegio de conocer alguno era cosa de pocos, vivir en ellos, algo casi soñado. Pasan los años y el crecimiento que ha experimentado la Isla Grande de Chiloé se ve reflejado en el aumento de su población, en la llegada de nuevas empresas y, sobre todo, de turistas que ya no sólo visitan este mágico territorio por tierra o por mar, pues desde fines del año pasado lo hacen por aire, ahorrando el tiempo de traslados para conocer y disfrutar al máximo cada rincón de la isla.
Con esta nueva realidad, la cara de Chiloé está cambiando y así también uno de sus principales atractivos, los mundialmente conocidos palafitos de Castro, emplazados en el barrio de pescadores de Pedro Montt y en el barrio Gamboa, en la parte sur de la ciudad.
Posados históricamente a orillas del mar, han cambiado sus dueños, dando paso a rústicos pero confortables hostales y hoteles que cuentan con todas las comodidades que un turista merece para disfrutar de la mejor estada en el sur, en el mágico mundo que encierra Chiloé.
En ellos, el tiempo parece avanzar más lento al mirar cómo las aves se alimentan del mar que, calmo, sube y baja sus mareas para deleitar al turista tal como lo hacen los arco iris que se forman en el cielo, que son el deleite de los que aman la fotografía.
El compartir está inserto en la cultura chilota, por ello los espacios que ofrecen los palafitos destinados a recibir turistas, cuentan con ellos, y son ideales para el encuentro de personas que buscan nuevas amistades.
Estas construcciones típicas chilotas despiertan la curiosidad de los turistas y visitantes, que no dudan en recomendar  estos cálidos espacios que se han tomado el borde costero con sobrios pero elegantes diseños.
En Castro, el tradicional barrio Pedro Montt poco a poco se transforma en un barrio hotelero al igual que los palafitos de Gamboa, donde la buena mesa llama a conocer las nuevas alternativas gastronómicas que ofrecen los nuevos palafitos. La invitación está hecha y qué mejor que vivir la cultura de Chiloé tal como lo hacen sus habitantes, alojando en un típico palafito de la isla.
Por Carlos Gallegos Palma | Chiloé.

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