La salud mental más allá de los síntomas

 

Patricio Ramírez Azócar, Doctor en Salud Mental Docente Universidad del Desarrollo

El 10 de octubre es el Día de la Salud Mental. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha instado a la comunidad internacional a realizar charlas, reuniones y una marcha virtual, además de presentaciones artísticas, con el fin de aumentar el conocimiento sobre estas enfermedades, disminuir su estigmatización, presionar a los gobiernos a mejorar sus políticas y gastos en esta materia, así como difundir el trabajo de los profesionales del área y abordar temas específicos, como la salud mental de los jóvenes, de los adultos mayores y de la comunidad LGBTQ+.

 

Según datos aportados por la OMS, el gasto sanitario promedio en el tratamiento o cuidado de la salud mental es equivalente al 2 % del presupuesto anual de los países, lo que es considerado insuficiente, tomando en cuenta que por cada dólar que se invierte con estos objetivos, se obtiene un rendimiento de 5 dólares de mejora de la salud y de la productividad”.

Complementariamente, el movimiento hacia una salud mental positiva ha tenido gran expansión durante la última década. La temprana definición de la OMS respecto de que la salud no implica solo la ausencia de enfermedad, sino que también la presencia de un estado completo de buen funcionamiento físico, psicológico y social ha cobrado mucho interés en las disciplinas que se han sentido llamadas a promover, proteger y cuidar la salud mental.

Es central para su promoción saber que las mejoras en la salud mental de las personas reducen el riesgo de desarrollar un trastorno de este tipo en el tiempo, así como existen claros datos respecto de que la pérdida de una buena salud mental se asocia a un aumento del riesgo de desarrollar una patología de este tipo. En este sentido, la buena o mala salud mental no se determina solo evaluando los trastornos, sino que considerando al mismo tiempo el estado de salud mental positiva.

Uno de los problemas que enfrenta el estudio, abordaje y promoción de esta última está asociado a que a diferencia de lo que ocurre con la definición de los trastornos mentales, no existe consenso en la comunidad internacional respecto a qué es o qué implica su presencia. Incluso, no hay un acuerdo extendido sobre si debe hablarse de salud mental positiva o de bienestar mental. Disponemos de propuestas y operacionalizaciones al respecto, y es creciente el número de estudios publicados usando modelos que muestran la presencia de una buena salud mental, pero sigue siendo necesario que se instale cada vez con más fuerza una mirada más allá de los síntomas, no como reemplazo del necesario interés en los problemas de salud mental, sino con el propósito de capturar el estado completo de salud, el mismo que la OMS viene buscando y declarando hace más de 70 años.

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial de Revista NOS.

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