Lagunas urbanas del Gran Concepción, patrimonio histórico y natural

Concepción tiene cinco espejos de agua que cobijan historias y leyendas y que además de ser espacios de esparcimiento, reúnen a la más variada flora y fauna en su entorno. Un patrimonio hídrico único para el centro urbano y del que pueden jactarse los penquistas, pero que de no preservarlo a tiempo -con los debidos cuidados que requieren estos cuerpos de agua- se corren serios riesgos, inclusive su total desaparición, como ya sucedió con las lagunas de Los Negros y Gavilán.


Cuando Concepción se trasladó desde Penco hasta el Valle de la Mocha (1764), se estableció para la ciudad y sus alrededores una ubicación privilegiada, pues se trataba de un valle que se orientaba entre los ríos Biobío y Andalién, el cerro Caracol y varias lagunas.
Sin embargo, la elección del lugar no estuvo exenta de discusiones y fueron precisamente las lagunas el motivo de tal debate. Había un grupo que veía como positivo emplazar la urbe en torno a ellas y otros que las miraban como un foco de problemas y, por lo mismo, postulaban otras ubicaciones, como el sector conocido como llano de Landa y también en Punta de Parra.
La postura a favor sostenía que estos cuerpos de agua ofrecerían a la ciudad una abundancia de pozos para aprovisionar a sus habitantes del vital elemento. El lado contrario, en el que estaba el obispo José de Toro y Zambrano (tío de Mateo de Toro y Zambrano), veía especialmente a estos cuerpos hídricos como “lugares enfermizos, por su humedad y las continuas nieblas que permitían el desarrollo de sabandijas”.
Hoy, transcurridos dos siglos y algo más, pocos saben de esta polémica y, contrariamente a lo que se pensó antaño, las lagunas -que según la limnología (ciencia ecológica que estudia lagos y lagunas) corresponden a cuerpos pequeños de agua dulce empozada de poca profundidad- son para Concepción, un potente atractivo que la destaca en la intercomuna.
Pero tras ellas hay también mucha historia que vale la pena rescatar. Las lagunas Redonda, Tres Pascualas, Lo Galindo, Lo Méndez y Lo Custodio no sólo fueron las protagonistas de la discusión sobre el emplazamiento de la capital regional, sino que, además, algunas de ellas se convirtieron en refugios estratégicos para conquistadores, como Pedro de Valdivia, quien en 1546 acampó en una zona de lagunas, la primera vez que pisó tierras penquistas. Mientras que otras fueron -o supuestamente fueron- escenario de historias que con el correr de los años se transformaron en leyendas urbanas.
En Concepción, el cuerpo de agua más hondo -con cerca de 20 metros de profundidad- es la Laguna Redonda, un jardín acuático -que pese a que técnicamente, por su clasificación, correspondería a un lago- cuenta con zonas recreativas y una leyenda muy conocida por sus habitantes.

La cumplidora “Petrona”

Petrona del Carmen Neira Bustos, llamada por la mayoría como “Petronila”, ha sabido conservar a sus fieles, quienes llevan venerándola por más de 100 años desde que ocurrió su asesinato con violación, en 1910, en la Laguna Redonda.
El Subcomisario de la PDI Mauro Gutiérrez Ibáñez conoce muy bien su caso. En 2012 publicó el libro Petronila Neira: La historia detrás del Mito, con la colaboración del historiador Alejandro Mihovilovich y la ingeniera informática Marlene Fuentealba. La investigación tomó alrededor de cuatro años e incluyó la revisión de toda clase de documentos (certificados de bautismo, antecedentes de sepultación, diarios y la revista “Chantecler”, perteneciente al diario El Sur, que llevó un extenso reportaje sobre la muerte de Petronila).
“Con este libro se cierra el círculo en torno al mito de Petronila. Ella sí existió y fue asesinada por dos personas (Arturo Retamal y Pedro Carrillo). Sus victimarios se piensa que fueron fusilados, por una cueca donde se menciona esto, y también por la gravedad del hecho: robo, violación y homicidio”, cuenta el detective, quien además es oriundo de Lorenzo Arenas y que creció escuchando, a través de su padre, la leyenda de la “Peta”.
Como cuenta el detective, el año del asesinato de Petronila se celebraba el centenario de Chile, por tanto, en el clima nacional había un aire de festejo que la mañana del 26 de octubre de 1910 se vio interrumpido, cuando una mujer que se dirigía a lavar ropa a la Laguna Redonda se percató de que desde las aguas se asomaban dos pies humanos.
Con el hallazgo del cadáver, los medios estuvieron día y noche siguiendo todas las pistas que permitieran dar con la identidad de esta mujer que resultó ser oriunda de Coronel y de oficio costurera. Su cuerpo -en avanzado estado de descomposición- se mostró a todo público en la morgue, que se ubicaba por esos años en el Cementerio General de Concepción. Allí, y con la intuición de que algo malo ocurría, llegaron Margarita Burboa y Carmen Neira Bustos, prima y hermana de la víctima, a reconocer las prendas de Petronila.
Ya identificada, comenzó la búsqueda de su victimario. El sospechoso era Arturo Retamal Mayorga, pareja de Petronila, y que tenía desde hace un buen tiempo una relación tormentosa con ésta. “¡La Peta decía que no necesitaba a Retamal, pero mientras así decía, su pensamiento estaba con él y deseaba verlo con vehemencia!”, relata en una revista de la época una mujer que conoció a Petronila Neira y quien le arrendó una pieza en un conventillo en calle Orompello.
Fue tanta la conmoción del hecho que por mucho tiempo se llamó a la Laguna Redonda como Laguna Petronila Neira. La gente iba hacia el sector donde encontraron su cuerpo y pedían a Petronila por sus familiares, con la fe de que sus ruegos fuesen escuchados. Luego la tumba de Petronila, ubicada en el Cementerio General penquista, comenzó a atraer a esos mismos fieles que todavía la ven como autora de milagros y la veneran con flores, velas y placas de agradecimiento por los supuestos favores concedidos.
La laguna, hoy en día, con un aspecto muy distinto al de comienzos del siglo XX, convive con esta historia, ya convertida en una clásica leyenda para los habitantes de Concepción.

Las hijas de Don Pascual

“Cuentan que en noches calladas, a la luz de la luna, del fondo de la laguna salen tres ninfas sagradas”, relata en un verso el poeta penquista Manuel Valenzuela Ortiz, en relación a las tres Pascualas y cuyos nombres hoy lleva una laguna.
Para el abogado, historiador y Secretario General de la Corporación Municipal SEMCO, Armando Cartes Montory, autor del libro Las tres Pascualas: Patrimonio natural y cultural de Concepción, esta leyenda tiene una virtud que la diferencia del resto de las lagunas urbanas, y que han ido desapareciendo- como señala el abogado “por el exceso de luz y el cemento que mata el misterio y la selva”.
A pesar de tener mucho de leyenda, el caso de la Laguna Las Tres Pascualas se considera un hecho histórico. El soldado Vicente Carvallo y Goyeneche escribió una extensa obra sobre la historia de Chile en 1796, donde da cuenta de la desgracia de estas tres hermanas, llamadas Pascualas, que se ahogaron en la laguna que hoy lleva su nombre. Jamás salieron a la superficie, como cuenta Carvallo y Goyeneche, pues -y aquí viene la parte fantasiosa- algunos monstruos marinos, habitantes de las lagunas y denominados “mantas”, no las dejaron salir a flote. “Estudiando el plano fundacional de Concepción me encontré con varios Pascuales, por tanto, pienso que pueden haberse llamado  las Tres Pascualas por ser hijas de un ‘don’ Pascual”, explica Cartes.
La historia ha dado para versos, obras de teatro, esculturas y murales. Artistas como Marta Colvin y Eugenio Brito se inspiraron en estas mujeres que, como cuenta la leyenda “se aparecen únicamente cada 24 de junio (noche de San Juan), pues el resto del año habitan en la laguna, en un castillo que se encuentra en su fondo”.
Sobre el cuidado en torno a la laguna, Armando Cartes piensa que -pese a que se ha hecho un esfuerzo por preservar espacios recreativos y con la incorporación de la Universidad San Sebastián se recuperó parte de la laguna- se “puede hacer más”. Para el abogado es necesario dragar el fondo (tiene una profundidad máxima de 8,20 metros y la media de 5,10 metros), eliminar las descargas ilegales y reubicar las poblaciones que se encuentran en la ribera de la laguna para que sea realmente un parque y las personas puedan disfrutar de él. Tal y como lo hacían en ese mismo lugar, a comienzos del siglo XX, los socios del elegantísimo Club de Regatas Arturo Prat (se encontraba donde actualmente hay un servicentro en Avenida Paicaví, al lado de la USS).
Con la firme idea de propagar la actividad náutica, el vecino italiano Francisco Garri formó el Club de Regatas a orillas de las Tres Pascualas. En el Club, por esos años, se organizaron conciertos (contaba con salón de piano y una sección llamada Dramática, Musical y Coral), reuniones sociales y competencias deportivas. Los cerca de 600 socios que llegó a tener podían dar paseos en botes y después pasar al restaurante, donde se hacían fiestas de primer nivel. Allí incluso, para Fiestas Patrias, se recibió la visita del Presidente Pedro Montt.
El terremoto del ’39 y el poco interés por el deporte náutico, entre otras razones, fueron matando lentamente al Club hasta su cierre.

Lagunas muertas

Pero también hay cuerpos de agua, como la Laguna Gavilán (cercana al Cerro Amarillo, donde se llevó a cabo la Batalla de Gavilán, en 1817) y la Laguna de Los Negros, ubicada en calle Cruz, entre Caupolicán y Rengo, que han desaparecido físicamente y con ello también de la memoria colectiva. La última laguna debe su nombre a una trágica historia con más de 200 años de existencia.
La historia de porqué se llamó Laguna de Los Negros parte más o menos así: En 1804, en las costas de Mendoza se embarcaron 72 esclavos senegaleses al vapor La Prueba con destino a las costas del Callao, al Virreinato del Perú. La embarcación estaba capitaneada por Benito Cerreño, personaje que después Herman Melville (autor de Moby Dick), plasmó en una de sus obras. Habían pasado siete días desde el zarpe cuando los esclavos se amotinaron y tomaron el control de la nave, exigiendo al capitán que los regresara a su tierra. La lucha terminó con 18 españoles muertos.
Con poca orientación en ruta marítima, los senegaleses viajaron 40 días por aguas desconocidas (como venían en la galeras del barco no sabían dónde estaban, además no hablaban idioma español) hasta que finalmente llegaron a la Isla Santa María, pensando que allí encontrarían refugio y después seguirían la travesía en orientación norte. Sin embargo, en ese lugar los amotinados se encontraron con el peor de los enfrentamientos. Un barco yanqui se dio cuenta de que en La Prueba algo no andaba bien. La lucha fue sangrienta; sólo 8 esclavos sobrevivieron y fueron ajusticiados un 21 de marzo de 1805, a un año de la odisea, por orden de Juan Martínez de Rozas en la Plaza de la Independencia y luego lanzados a una laguna, que años después tendría su nombre.

Parques recreativos

Pero sobre lagunas no sólo leyendas y hechos históricos se pueden contar. Como patrimonios hídricos y parques recreativos albergan gran diversidad de especies, desconocidas para una parte de la población, como plantas acuáticas, peces, algas, insectos, anfibios, aves y roedores que merodean por sus riberas.
El licenciado en Biología, Dr. en Recursos Naturales, y docente e investigador en el centro EULA de la Universidad de Concepción, Óscar Parra Barrientos, llama a valorar el patrimonio hídrico de la zona. Al respecto, señala: “El Gran Concepción es el centro metropolitano con mayor cantidad de lagunas a nivel nacional. Tener estos cuerpos de agua es una tremenda ventaja para la Región. Sería bueno preguntarnos como penquistas cuánto costaría construir un cuerpo de agua como la Laguna Redonda y mantenerlo funcionando como tal. ¡Imposible!”, sostiene.
Actualmente, en lagunas como Lo Méndez, Lo Custodio y Lo Galindo se han incorporado áreas recreativas, incluso en esta última se instalaron diez coloridas esculturas flotantes del artista nacional Carlos Fernández. En el caso de estas tres lagunas, a partir de 1994, se comenzó un proceso de valorización y limpieza, construyendo parques y áreas recreativas en su entorno, como el que se hizo en la pequeña laguna Lo Custodio (ubicada en las cercanías del cerro La Pólvora) y que a mediados de los ’90 estuvo a punto de ser rellenada por completo.
La Seremi del Medio Ambiente, Marianne Hermanns Brockmann, cuenta que si bien no hay una regulación que proteja y norme a las lagunas, se está haciendo un esfuerzo por recuperar espacios en los cuerpos de agua que actualmente son “reservas” para la Región (en caso de terremotos e incendios son centros de abastecimiento).
“Tenemos un circuito de lagunas urbanas, como Las Tres Pascualas, lo Galindo y lo Méndez, que son lagunas insertas en Concepción y que no se aprovechan. La idea es fomentar el cuidado de éstas, a través del patrimonio, medio ambiente y biodiversidad. Además, queremos generar trabajo de gestión asociado a las lagunas, porque evidentemente el desarrollo urbano les está generando un impacto”, comenta la autoridad.
Respecto de este último punto -al impacto del desarrollo urbano alrededor de las lagunas- el académico Óscar Parra explica que la principal falencia es la ausencia de revisión y exigencia de los instrumentos de planificación territorial en el Gran Concepción. “Hoy día gran parte de los proyectos arquitectónicos no toma en cuenta la parte ambiental y lo que consideran es lo menos relevante. Se preocupan de un paisajismo carente de elementos ecológicos. En otros países, los instrumentos de planificación territorial son muy exigentes. En Chile prácticamente no se exige nada. Cuando un plano regulador estorba a un proyecto inmobiliario lo modifican, como ha pasado con centrales hidroeléctricas. Nosotros estamos al revés de lo que hace el resto del mundo y eso es muy peligroso”, expone el investigador.
De no tomar medidas, advierte el Dr. Parra, estos jardines acuáticos, como sucedió con las mencionadas lagunas de Los Negros y Gavilán, pueden terminar en el olvido y bajo un manto de cemento. El proceso de eutrofización, que consiste en la presencia excesiva de materia orgánica como nitrógeno y fósforo, sumado a la falta de oxígeno, el incremento de bacterias y malos olores, puede acabar dañando a las lagunas, convirtiéndolas en pantanos y acorde, por qué no, a la descripción que hizo hace más de dos siglos el Obispo de Toro y Zambrano.
En Concepción, y como explica el Dr. Óscar Parra, prácticamente todas las lagunas están eutrofizadas. A esto se suma, y ayuda a este proceso, que cuando se construyen casas en sus riberas una parte importante de las canaletas de aguas lluvias, y a veces también aguas servidas van a dar a su curso.

Analfabetos ecológicos

Para que las lagunas no se contaminen y no se conviertan en vertederos, como ya sucedió luego de los terremotos de 1939, 1960 y 2010, cuando algunos habitantes fueron a dejar los escombros a las lagunas de la zona, es necesario que las autoridades planteen este problema como un asunto “cultural”. Así lo cree el Dr. Óscar Parra, quien diagnostica para Chile un “analfabetismo ecológico” presente en altas tasas, a diferencia de lo que ocurre en Alemania, por ejemplo,  en cuya capital proliferan lagos y lagunas, entremezclados con una arquitectura que se integra y mimetiza con el paisaje verde.
“El analfabetismo ecológico nos hace tomar decisiones erradas. Hay mucha autoridad que hace eso y principalmente es porque son analfabetas ecológicamente”, dice el académico.
Concuerda, en parte, la Seremi del Medio Ambiente, Marianne Hermanns, quien dice: “La gente está acostumbrada a un entorno bonito sin entender qué es lo que pasa. Ve un bosque nativo y no sabe las ventajas de tenerlo, no sabe sobre las especies que están presentes en una laguna. Como sabe muy poco, lo cuida muy poco. Entonces, cuando educas a la gente abres los ojos y empiezas a cambiar sus conductas”.
Una vez educada la población, podrán sus habitantes comprender que las lagunas urbanas penquistas son verdaderas reliquias, así lo cree -al menos- el historiador Armando Cartes, quien llama a tomar conciencia para defender estos espejos de agua: “Es necesario que la comunidad defina qué es lo que quiere proteger y hacerlo a ultranza, porque la ambigüedad ha atentado en contra de las lagunas”.
De historias, leyendas y diversidad ecológica viven estos cinco cuerpos de agua. Fuente de estudio e inspiración para cronistas, historiadores, artistas y científicos, quienes concuerdan que Concepción por sobre otras ciudades destaca por su cantidad de lagunas y que de sus autoridades y habitantes depende seguir preservando tan valioso patrimonio natural y urbanístico.

O’Higgins 680, 4° piso, Oficina 401, Concepción, Región del Biobío, Chile.
Teléfono: (41) 2861577.

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