Las caras de la mentira

mentiraDecir la verdad no es fácil. Mentir tampoco, pero puede salvarnos de un estado que no queremos vivir. Los psicólogos se han empecinado en buscar los códigos para descifrar las señales del inconsciente que hacen que el cuerpo hable por sí solo y nos delate. La verdad es dura, pero es más sana y aquí encontrará razones de porqué a veces la esquivamos con todo, menos con nuestra traicionera anatomía.
Yocelyn Cea  se encara con la mentira a diario. La enfrenta, la acecha y la huele. La inspector de la Brigada de Delitos Sexuales y Menores de la PDI de Concepción dice que jamás ha leído  en la literatura forense sobre este síntoma que reconoce  tras una década de experiencia. “Cuando la persona está mintiendo expele un olor especial. Va más allá del sudor y de las otras características gestuales que son indicadoras de la mentira, pero es así”, relata mientras la entrevisto en su escritorio del  edificio policial en calle Angol.
Allí, donde estoy sentada,  pasan víctimas, testigos e imputados lanzando versiones reales, falsas,  exageradas o imposibles de constatar. Las reacciones físicas a sus preguntas son clave. Develar con ellas la verdad, su experticia.
Todos mentimos. Algunos llegan a sostener que prácticamente no podríamos funcionar como sociedad si no estuviera presente en cierto grado la manipulación de la verdad.  Y lo peor, muchas veces dejamos que nos mientan y nos encausamos en un espiral que no para. Desde desear  los buenos días  a alguien que no tragamos, hasta responder al “cómo estás” con un “bien, gracias”, cuando andamos de malas.
Según  el diccionario de la Real Academia Española mentir es “decir o manifestar lo contrario de lo que se sabe, cree o piensa”. Nótese manifestar. Es decir, no necesariamente verbalizar, sino fingir o incluso silenciar, disimular  u ocultar.  Y así como existen distintos tipos de formas de mentir, hay también extensas razones para hacerlo. Desde las llamadas mentiras piadosas o blancas, a las que buscan derechamente el menoscabo del otro. Entre medio están las que pretenden proteger del pavor que significa desenmascararnos y son éstas las que manifiestan con más rigor gestos, posturas y  tics que delatan.  El cuerpo habla por sí solo, pues, como recalca la inspector Cea, “el cerebro no está preparado para mentir”.

Lie to me

A Pinocho le crecía la nariz. Nada complicado saber cuándo estaba mintiendo. Las personas tienen respuestas físicas menos notorias, pero igual de evidentes cada vez que envían una doble orden al cerebro.
La frente se arruga, la boca se contrae sutilmente por un segundo, la vista se eleva hacia la izquierda y se evade la mirada. El sudor, también hace lo suyo. Se tartamudea en los casos más extremos y, ojo, casi siempre el mentiroso trata de no mostrar su cara. Lleva la mano al rostro o cuello para ocultarlo, se para de su asiento y, si se cambia de tema, su alivio es total. Se nota más relajado.
Esas reacciones son el objeto de las investigaciones del doctor Cal Lightman (Tim Roth), protagonista de la serie norteamericana Lie to me (Miénteme). Es un sicólogo experto en engaños, estudioso de las expresiones faciales, lenguaje corporal, la voz y las palabras. La detección de las llamadas microexpresiones conforman el mapa  que le ayuda a descubrir si alguien está mintiendo y por qué. Es así como el protagonista y un séquito de ayudantes trabajan conjuntamente para distintas agencias, incluida el FBI, analizando casos y resolviéndolos. ¿Encantador no? Pero esto que parece ser un don dada la capacidad científica de Lightman, se transforma en un arma de doble filo, pues se da cuenta que sus amigos, su familia y las personas que más quiere, no son tan sinceras.
“Esa serie se basa en los estudios del psicólogo que identifica las seis emociones básicas de los humanos”, explica la también psicóloga Gloria Cárcamo refiriéndose a Paul Ekman, especialista que ha basado sus teorías en la relación de las emociones y los gestos faciales y del cuerpo en su totalidad.
Ekman, considerado uno de los psicólogos más importantes del siglo XX, plantea desde inicio de los años ’70, que existen seis emociones básicas en los seres humanos que son transversales a todas las culturas y que no han sido aprendidas socialmente.
El asco, la felicidad, la ira, el miedo, la sorpresa y la tristeza son expresados desde el momento que nacemos, son innatos e independiente de las variantes que puede tener en cada comunidad, hacen mover los mismos músculos e involucran los mismos procesos fisiológicos.
Según Gloria Cárcamo, cuando no estamos preparados para responder a una determinada situación aparecen con más potencia estos indicadores fisiológicos. “En base a eso funcionan los detectores de mentira. Son los signos del cuerpo que empiezan a denotar la verdad. El cuerpo traiciona lo que estás diciendo. Se acelera el corazón y otros procesos naturales que el detector asume como un indicador. Lo que hace el polígrafo y otros mecanismos es, a fin de cuentas, demostrar cómo cambia tu cuerpo en esos estados de presión”.
La mirada es clave en todo esto. Gloria Cárcamo insiste que desviar o evadir el contacto ocular es la actitud más frecuente en el acto de mentir.
Pero sí se validan ciertos límites en la mentira. “Creo que está dado por la actitud de no herir a los demás. Las personas que no tienen filtro están en un extremo de las relaciones sociales. Decir una verdad en un momento no oportuno también puede ser grave. El punto se encuentra en la intención, es decir, si se miente por el bien superior de otras personas o en tu propio beneficio sin que te importen los demás”, explica la psicóloga.
Y esto es vital, a su juicio. “Tanto las personas que son muy honestas, como las que son mentirosas a extremo hacen daño y son marginadas por la sociedad. No se adaptan y pueden necesitar apoyo si es que sus conductas se transforman en patología. Y una patología es tal, en psicología, cuando tu conducta empieza a afectar todas las áreas de tu vida”, indicó la especialista.

La carne es débil

La inspector Yocelyn Cea dice que uno de los casos de mentiras que se repiten en las declaraciones son las de niñas que inventan una violación tras haber mantenido relaciones sexuales con consentimiento. “Es común que cambian varias veces las versiones y la incongruencias son los primeros indicios de que estamos frente a una falsedad. La razón casi siempre es el miedo a su familia. Cuando estoy frente a la persona y le pido que entregue detalles, entonces aparecen todos estos síntomas, como la voz temblorosa, eso de esquivar la mirada, sudar excesivamente y parecer como que no entienden lo que uno está preguntando”, explica.
Recalca que las tomas de declaraciones no son como en las películas gringas, sino que en un ambiente mucho más agradable, incluso ahí mismo en su escritorio, donde no hay una presión como para que la persona se ponga en extremo sensible o nerviosa.
Donde se evidencia más la inventiva de ciertos imputados y de los falsos testigos es cuando llegan al lugar de los hechos. Llevarlos al lugar es un ejercicio donde se rompen los esquemas de la imaginación, ya que cuesta mucho más adaptarse al espacio real.
“Es más, muchos se convencen de sus mentiras o trastornan la realidad a su favor. En el caso de las violaciones, es común que ciertos violadores que están vinculados a la religión o que viven en sectores rurales argumenten que no fueron ellos los que abusaron o violaron sino que ‘se les metió el diablo’, que sucumbieron a los ‘apetitos de la carne, porque la carne es débil’ o cosas por el estilo”, enfatiza la inspector.

30 veces a la semana

Estudios revelados a través de la prensa y portales de psicología, añaden que  mentimos a lo menos unas 30 veces a las semana. Una marca formidable, dado que uno de los valores más apreciados en la sociedad es la honestidad. Y eso que se nos inculca desde niños que decir la verdad es una de las cosas más importantes.
“Sin embargo es muy distinto lo que se dice a lo que se hace. Hay gente que está muy acostumbrada a mentir y lo hace porque no ve en esto algo grave. Generalmente se han educado en ambientes muy hostiles donde tienen que estar protegiéndose constantemente, o bien, crecieron en lugares donde también se valida la mentira”, explica la psicóloga Gloria Cárcamo.
En fin, cuántos amores, negocios o guerras se habrían perdido por no mentir. Lejos de enjuiciar esta conducta como pecado, lo cierto es que es molesto sentirse engañado y los especialistas dan ciertos tips para desenmascarar a un mentiroso. El adagio versa que “a un mentiroso se le pilla más rápido que a un l adrón”.

Aprenda a manejarlo

– Un mentiroso no mira a los ojos cuando habla, se pone nervioso o actúa de manera incómoda.
-Espere escuchar las inconsistencias en lo que la persona dice, tales como historias diferentes en diferentes días, diversos marcos de tiempo, errores al recordar detalles o mezclar las cosas.
-Verifique si la persona se opone firmemente a responder alguna.
-Note si la persona lo acusa de mentiroso cuando usted realmente no lo fue, lo cual podría reflejar que está proyectando sobre usted algo que ella hizo, para defenderse por anticipado de alguna acusación.
-Escuche a su “sexto sentido”. Puede darse cuenta cuando una persona le miente, aunque si no está seguro, no saque conclusiones apresuradas.
-No descarte preguntar directamente si le están mintiendo, dado que mucha gente se siente mal si se ve descubierta y confiesa la verdad.
-Intente entender y escuchar las razones de la mentira. Preste atención si aducen, por ejemplo, que no era su intención mentirle o estaba asustado/a de que usted se enoje o se decepcione.

Movimiento de los ojos

Hacia arriba y a la izquierda Indica que está construyendo imágenes visuales. Si se le pregunta a alguien “imagina un perro púrpura”,  sus ojos se moverán pensando en la creación, ya que “visualmente está construyendo” un perro púrpura en su mente.
Arriba y a la derecha. Indica que está recordando Imágenes. Si se pregunta ”¿De qué color era la primera casa que vivió?”, sus ojos se moverán pensando en el registro de su infancia.
A la izquierda y al centro. Si usted le piden tratar de oír el sonido del movimiento de una estrella, ésta sería la dirección de sus ojos,  ya que debe contruir este sonido que nunca ha oído.
A la derecha. Pero si le dijeran  “Recuerde la voz de su madre “, la dirección de sus ojos se movería para encontrar un sonido está registrado.

Otros indicadores

Cambio en el tono de la voz.
Cambio en la velocidad del habla.
Demorar la conversación por el uso repetitivo de las pausas y comentarios como “Ehhh”, “Ahhh” o “¿Cierto?”
Apartar el cuerpo, aunque sólo ligeramente.
Mostrar el blanco en la parte superior e inferior de los ojos, no sólo de los lados.
Movimiento nervioso de los pies o las piernas.
Jugar con la ropa, o recoger una  pelusa o suavizar las arrugas.
Las discrepancias entre el discurso y faciales o movimientos corporales, como decir “no”, pero la cabeza asintiendo con la cabeza arriba y abajo.
Dilatación de las pupilas
Se encoge de hombros.
Parpadeo excesivo.
Traga mucha saliva.
Frotar las cejas.
Se cruza de brazos o piernas.
Juega con el pelo.
Una línea de sudor en la frente, cuando no hace calor.
Decir “no” varias veces en serie en lugar de una sola vez.
Continuar negando las acusaciones.
Siendo extremadamente defensiva.
Ofrecer más información y detalles que es necesario o se le pidió.
Las fluctuaciones de la voz inusual, la selección de palabras, estructura de la oración.
La falta de uso de los pronombres mientras habla.

Los tipos de mentira

La mentira inocente es la que forma parte de nuestro entramado social y nos evita herir emocionalmente.
La mentira beneficiosa se usa para tratar de ayudar a los demás, por ejemplo, el rescatista de un accidente que dice a una persona que su familia está bien.
La mentira maliciosa son las que se cuentan por venganza o para obtener algún beneficio. También se usan como armas en situaciones competitivas.
La mentira engañosa es la peligrosa, pues pretende hacer daño o aprovecharse en su beneficio. Puede ser en forma de ocultación de información que distorsiona la verdad o en forma de falsificación de los hechos.
El autoengaño que permite que se abuse del cigarro o la comida y diga que no es adicto o se convenza de que un postre de muchas calorías no altera la dieta.

El polígrafo es un instrumento que lejos de tener la capacidad de detectar la mentira o la verdad, mide la fluctuación de ciertas variables vitales frente a ciertos estímulos, plasmándola sobre un papel continuo. Un especialista lee el informe y basándose en la reacción del sujeto, determinará si está diciendo la verdad o miente. Para ello el polígrafo, cuyo nombre viene de poli (varios) y grafo (gráficos), mide las siguientes variables:
•La respiración, medida por dos tubos de goma llenos de aire: uno situado en el pecho y otro en el abdomen. Estos tubos, llamados neumógrafos, controlan la entrada y salida de aire en la cavidad torácica.
•Presión sanguínea/Pulsaciones por minuto, medidas por un manguito colocado en el brazo desnudo
•La resistencia galvánica de la piel. Esto, que puede sonar extraño, se refiere simplemente a la sudoración de la piel. Para medirla, se colocan unos sensores en las yemas de los dedos

O’Higgins 680, 4° piso, Oficina 401, Concepción, Región del Biobío, Chile.
Teléfono: (41) 2861577.

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