En esta colina penquista, de gran valor natural, y donde abundan los fósiles prehistóricos, se libró la batalla de Gavilán, en 1817. Aunque no sólo eso. Durante años funcionó un cadalso, donde se fusilaba a los criminales. 

Entre sus árboles nativos, flores y bancas de madera, este pulmón verde de la capital de Biobío esconde hitos históricos desconocidos y hasta un tanto curiosos para la realidad del Concepción de hoy: desde una batalla en pleno siglo XIX, entre españoles y patriotas, hasta un patíbulo donde se ajusticiaba a los criminales más despiadados de la época.

El cerro no sólo es un panorama para distraerse un fin de semana, sino también uno de los tantos patrimonios vivos que va quedando en Concepción.

Ubicado en la calle Rengo, entre las avenidas Martínez de Rozas y Las Heras, el Cerro Amarillo abarcaba una superficie mucho mayor a la que actualmente marcan sus lindes. Según el Libro de Oro de Concepción, de Carlos Oliver Schneider, durante gran parte del siglo XIX el promontorio llegó hasta la altura de calle Castellón. Luego, y a medida que la ciudad crecía, se fueron abriendo avenidas que terminaron por cortar y achicar aún más el cerro.

El Libro de Oro de Concepción también detalla que se le conoce por primera vez como Cerro Amarillo en un plano levantado por el destacado ingeniero penquista Pascual Binimelis, el hombre que estuvo a cargo del diseño de la Plaza de la Independencia.

Y probablemente se le llamó “amarillo” por el color de su tierra -también conocida como maicillo-, porque típico era nombrar a los lugares por las características naturales que éstos tenían. Así, y con el tiempo, esta colina pasó a llamarse Cerro Amarillo, aunque también, y originariamente, se le conociera como Gavilán, pero eso es otra historia y tiene que ver con quien fuera la propietaria del cerro. 

Josefina Gavilán, habitante del antiguo Concepción, el que se ubicaba en el actual Penco, habría obsequiado esta porción de terreno para cooperar con la refundación de la ciudad que quedó devastada después del terremoto de 1751, y que se tuvo que trasladar al Valle de la Mocha.

“El Cerro Amarillo en sus inicios fue uno de los límites de la ciudad, en una zona entonces periférica que paulatinamente se urbanizó, abriendo calles en una gran masa de cerros”, explica el arquitecto Luis Darmendrail Salvo,  creador y administrador del blog Historia Arquitectónica de Concepción.

El 5 de mayo

Era 1817 y dos fuerzas se encontraban en guerra. Unos querían seguir bajo el orden de la corona de España, los otros, en cambio, luchaban por la independencia del país.

Según registros históricos, y una placa que se encuentra en el mismo cerro, un 5 de mayo de 1817 se libró allí la Batalla de Gavilán, conflicto que enfrentó a fuerzas españolas, comandadas por el Brigadier Ordóñez y el Coronel Morgado, y a las patriotas, dirigidas por el General Juan Gregorio de Las Heras.

En el siglo XIX, el cerro habría abarcado hasta calle Castellón. La necesidad de abrir nuevas arterias para Concepción terminó por “achicar” su superficie.

“Esto hace que el lugar posea un alto valor simbólico como sitio de un evento en el proceso de la Independencia de nuestro país”, comenta Luis Darmendrail.

Pero en la historia la discusión es sempiterna. El historiador y naturalista uruguayo, Carlos Oliver Schneider, a través de algunos viejos escritos, dejó la interrogante de si es que acaso dicha batalla ocurrió o no un 5 de mayo de 1817 en ese cerro. 

La duda surge cuando se habla en términos militares. Al parecer en el Concepción de esa época resultaba imposible una carga de caballería entre los cerros Amarillo y Chepe, porque entre éstos se interponía un pajonal que debido a las lluvias se volvía intransitable. Tenía algunos cruces, pero eran muy poco conocidos y sólo algunas personas tenían acceso.

Sin embargo, lo que hace pensar que sí pudo haber ocurrido en ese lugar y en aquella fecha es que según registros de la época, el mes de mayo de ese año no fue excesivamente lluvioso, lo que permitió a los escuadrones cruzar a galope entre los dos cerros mencionados.

Camino al cadalso

La Batalla de Gavilán no fue el único hecho de sangre ocurrido en el lugar. Desde mediados del siglo XIX, y a la altura de Las Heras con Caupolicán, una porción de este monte también albergó un patíbulo donde se fusilaba a los condenados por delitos graves. Además por esos años la cárcel de la ciudad se situaba a la altura del antiguo mercado de Concepción, por tanto, partía desde ahí el cortejo hacia el cadalso.

Un hecho que impactó a la sociedad decimonónica fue el fusilamiento de Carmen Pino junto a su amante, Anacleto Matamala, un 9 de noviembre de 1854, a la una y cuarto de la tarde, “en un día más claro que los demás”, dice su certificado de muerte.

Con la ayuda de su amante, la mujer habría asesinado a su esposo. El hecho se convertiría en un “novelón”, que logró impactar a la comunidad penquista, como cuenta René Louvel Bert, en su libro Crónicas y Semblanzas de Concepción. Allí especifica que la sentencia reveló que el proceso de enjuiciamiento no fue del todo claro. Inocente o no, lo cierto es que Carmen Pino y Anacleto Matamala no pudieron esquivar las balas.

El patíbulo dejó de funcionar en esta porción del cerro alrededor de 1880, aproximadamente. Tras esa fecha se habría trasladado a la antigua cárcel de la ciudad. Tuvo como último desdichado a Pedro Díaz, criminal de la época, condenado a morir por cometer dos homicidios.

Tesoros naturales

Pero no sólo una fuerte carga de muerte tiene el Cerro Amarillo o Gavilán, también sus tierras poseen un incalculable valor científico, con uno de los afloramientos fósiles más interesantes de la Región del Biobío.

“Bajo la gran masa de colina que se encuentra en el lugar y de la cual el Cerro Amarillo es parte, existen capas de fósiles de especies marinas, dando cuenta del prehistórico pasado de Concepción”, cuenta el arquitecto Luis Darmendrail.

En las primeras décadas del siglo XX, el Cerro Amarillo era uno de los íconos de Concepción.

La variopinta colección de moluscos fósiles con la que cuenta se remonta a 31 millones de años. Esto permite deducir que aquella parte de Concepción, en un lejano pasado, fue un lecho marino.

Estos tesoros naturales han captado la atención de científicos de diferentes partes del mundo. Rodolfo Philippi, sabio y naturalista alemán, se interesó por el Cerro Amarillo y aprovechó cada visita para estudiar la tierra y flora de este enigmático lugar. El científico hizo detalladas descripciones de los materiales que encontró, principalmente piedras, que también los penquistas, por ese entonces, ocupaban para construir los umbrales de sus casas.

En la memoria

Y el que hoy sea un parque se debe a que por la década del ’30 el entonces alcalde de Concepción, José del Carmen Soto, junto al arquitecto y director de obras, Ramón del Castillo Auzá, impulsaron la idea de hermosearlo.

“Éste es un ejemplo claro de las políticas de renovación de espacios urbanos de Concepción en las primeras décadas del siglo XX”, explica el arquitecto Darmendrail.

Se pensó en hacer un parque en el cerro para así renovar un sector de Concepción que por muchos años estuvo marcado por el abandono y los sitios eriazos. 

Para cuando se inauguró el parque, en 1931, el Cerro Amarillo o Gavilán pasó a ser uno de los lugares más característicos de Concepción.

“Se convirtió en un barrio de alto valor para Concepción, el cual estuvo acompañado de importantes industrias y comercios, como la Panadería Souyet o la Fundición Türke, firmas ubicadas en las proximidades del cerro”, agrega Darmendrail.

En algún momento esta histórica colina también contó con esculturas y decoraciones finas, las que se perdieron con el pasar de los años. “El Cerro Amarillo tiene una alta carga patrimonial para Concepción. Ha quedado grabado en el imaginario colectivo de varias generaciones de penquistas que han paseado, jugado y pololeado en el lugar”, concluye Luis Darmendrail.

O’Higgins 680, 4° piso, Oficina 401, Concepción, Región del Biobío, Chile.
Teléfono: (41) 2861577.

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