Las lecciones de Chaitén

La idea de que la erupción del volcán Chaitén había dejado en evidencia los problemas de conectividad que afectaban a la Provincia de Palena y a la Región de Aysén, se repitió en todos y cada uno de los medios de prensa que cubrieron este desastre natural. Historias de las desgastadoras travesías por mar que debían hacer sus habitantes -de 12 horas en condiciones normales y hasta de 24 en los días invernales más complicados- para llegar a los centros urbanos más cercanos, fueron presentadas como tremendos dramas humanos al resto del país. Y aunque realmente lo son, anunciarlos como una novedad fue un hecho que irritó a quienes debieron dejar sus hogares, sus animales y toda una vida de esfuerzo para escapar de la erupción. La reacción de los evacuados se sustenta en la impotencia que ahora sienten por las promesas incumplidas -hechas sobre todo en época de campaña- que hablaban de un Chile unido por una gran vía terrestre que pudiese funcionar los 365 días del año y de planes de largo plazo que les aseguraron mejorarían sus condiciones de vida. Hoy, cuando todo hace pensar que jamás podrán volver a su tierra, ven como “por arte de magia”, las dificultades económicas, geográficas y burocráticas, y el cedazo del sistema nacional de inversiones, son sobrepasados y se anuncia con voz firme que finalmente se consolidará la conectividad terrestre de la zona por territorio nacional. Acaso la tragedia del lago Maihue, el tsunami de Aysén o el terremoto de Tocopilla no fueron prueba suficiente de que había chilenos -muchos de ellos además de muy escasos recursos- que todavía no eran considerados en los importantes proyectos viales que orgullosamente destacan los últimos gobiernos.
La ruta terrestre se construye, aunque algunos aún comparen sus costos con la rentabilidad social, pero para los chaiteninos, lamentablemente, está noticia les llegó demasiado tarde.

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