Las Marie Curie del sur de Chile

Cuatro científicas de Concepción, Temuco, Valdivia y Puerto Montt están haciendo historia. Desde sus respectivos laboratorios investigan para comprender diversos procesos biológicos y químicos que ocurren en el organismo humano y vegetal y así combatir al Helicobacter pylori, avanzar en el tratamiento del alzheimer, mejorar el suelo para cultivos agrícolas y encontrar la fórmula que mantenga a raya al “piojo de mar” que está matando a los salmones en el sur.
Las Doctoras en Ciencias Apolinaria García, María de la Luz Mora e Ilona Concha, junto a Sandra Bravo, Master en Acuicultura, son mujeres de ciencia que lideran la generación de nuevo conocimiento desde el sur del país para Chile y el mundo.

Apolinaria García : Verdugo del Helicobacter

Descubrir los tipos, las formas y el comportamiento de los microorganismos la apasiona. Su materia de estudio son las bacterias, esos minúsculos seres que pueden causarnos enfermedades, pero también protegernos de ellas. En este afán, la bioquímico, docente e investigadora de la Universidad de Concepción, Apolinaria García Cancino, ha dedicado 12 años de su carrera a seguir y a analizar al Helicobacter pylori, un temido agente que es el responsable de diversas y a veces graves patologías gastrointestinales.
El resultado, un producto inédito en el mundo tanto por su diseño como por su metodología. Se trata de un KiT que detecta genes agresivos de esta bacteria, es decir, un examen y el procedimiento que determina si el Helicobacter que infectó a la persona posee la capacidad para desarrollar gastritis, úlceras duodenales, cánceres gástricos u otras patologías digestivas.
Hasta ahora, la pesquisa de este agente se obtiene con un test colorimétrico que se realiza en las endoscopias, pero este análisis no logra determinar su nivel de nocividad. De allí la importancia del hallazgo hecho por esta profesional y su equipo multidisciplinario compuesto por 17 investigadores de las Facultades de Ciencias Biológicas, de Medicina y Odontología de la UdeC.
Además, al identificar la potencial agresividad del Helicobacter, los médicos podrán decidir con mayor precisión la necesidad de tratamiento adecuado a la situación particular de salud del paciente y también anticiparse a la ocurrencia de estas enfermedades. Todo un avance de la ciencia local considerando que 70% de la población chilena vive con esta bacteria dentro de su cuerpo, aunque sólo el 20% desarrolla algún tipo de enfermedad.
El Kit Molecular está próximo a patentarse en Chile, Brasil y México y se espera que sea utilizado en laboratorios clínicos de aquí a 2 años. Es el resultado de una investigación en la que se registraron más de 1.700 muestras (biopsias gástricas) de pacientes adultos y niños de todo el país.
Este estudio permitió abrir camino a un segundo proyecto. Esta vez, Apolinaria García se concentrará en la interacción del Helicobacter pylori y los Lactobacilos, hoy conocidos por estar presentes en los yogurt probióticos que ayudan al tránsito digestivo. “Ya conocemos ambas bacterias y sabemos cómo actúan. Ahora queremos prevenir las enfermedades asociadas al Helicobacter”, dice. Según sus estudios, todo parece indicar que los Lactobacilos impiden el ataque del Helicobacter pylori. Pero esta es materia de otra fascinante investigación.

María de la Luz Mora: Con los pies en el suelo

Desde pequeña se relacionó con el agro. Quizás provenir de una familia dedicada a cultivar la tierra la llevó a combinar sus dos aficiones, la química y el suelo. El tiempo le ha dado la razón y hoy María de la Luz Mora Gil es una autoridad en Ciencias del suelo. Es Doctor en Química (Universidad de Santiago) y realiza investigación y docencia en la Universidad de La Frontera, en Temuco. Su extenso trabajo en laboratorio es reconocido en el país y el extranjero además de destacarse por formar postgrados de excelencia, como el Doctorado en Ciencias de Recursos Naturales que dicta la UFRO. Es miembro del Consejo de la Agencia de Desarrollo Regional, de la Junta Directiva de la Universidad de La Frontera y del Consejo Superior del Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico, Fondecyt.
Actualmente analiza aspecto químico del suelo en interacción con la planta para  desarrollar prácticas de manejo para los cultivos de la zona.  Se basa en contrarrestar el proceso de “estrés oxidativo”, es decir, el envejecimiento acelerado de las plantas debido a la presencia de altos niveles tóxicos de aluminio y manganeso. Ambos elementos en el suelo disminuyen la producción vegetal. “Lo que buscamos son las enzimas que defienden de este proceso a las plantas en suelos endémicamente ácidos como ocurre en el sur del país”, explica.
Luego de varios estudios María de la Luz Mora y su equipo de investigadores ya saben cómo es la interacción entre estos suelos y las plantas que  crecen en ellos y cómo proteger su metabolismo. El paso siguiente será establecer los mecanismos para mantener praderas de alta calidad y hacerlas sustentables en el tiempo. “Hemos descubierto que para hacer frente al estrés oxidativo provocado por el aluminio y manganeso en el suelo puede aplicarse selenio, ya que es un antioxidante natural”, afirma.
Para apoyar sus investigaciones debió relacionarse con agricultores de la zona sur del país. Confiesa que es enriquecedor porque conversando con ellos se entera de sus necesidades, lo que la compromete a enfrentar nuevos desafíos en la generación de conocimiento. “Los resultados de esta investigación les ayuda a resolver problemas que surgen en forma cotidiana”, comenta.
María de la Luz Mora está convencida de que el trabajo en laboratorio tiene que ayudar al entorno y ser aprovechado por la comunidad. De hecho, su  línea de investigación le abrió camino para abordar esta temática en el cultivo del arándano, un tipo de berrie. El fruto, junto con ser sabroso y nutritivo, es un producto de alto consumo en el mercado exterior.

Dra. Ilona Concha: Valdivia tiene vitaminas

En las últimas décadas, Valdivia se ha transformado en sinónimo de ciencia. Algunos de los más destacados investigadores de Chile llegaron hasta la Isla Teja convencidos que éste era el mejor lugar para crear conocimiento. Y dentro de este grupo de avanzada, una mujer sobresale nítidamente por su aporte al estudio de una vitamina, cuyas propiedades permiten vislumbrar insospechados avances en la ciencia biomédica.
La científica se llama Ilona Concha y su  compañero inseparable es el ácido ascórbico, más conocido como vitamina C, un micronutriente tan abundante como misterioso en cuanto a su interacción con las células. Por ello, junto a un grupo de investigadores de las universidades Austral de Chile y de Concepción lleva a cabo un estudio de los transportadores que ingresan la vitamina C a las células.
“Si llegamos a conocer en forma acabada cómo se transporta la vitamina se podría diseñar drogas para inhibir o estimular estos transportadores”, explica la científica, “aumentando la concentración de vitamina C en una célula determinada”.  En la práctica, gracias a este avance de la biología celular, y dadas las conocidas propiedades antioxidantes del ácido ascórbico, se podría evitar o combatir enfermedades degenerativas del sistema nervioso.
“Precisamente, en futuros proyectos pretendemos relacionar estos transportadores de vitamina C con enfermedades como el Alzheimer u otras”, agrega la investigadora. “En la medida que más conocimiento tengamos acerca de cómo funciona este micronutriente, más aplicaciones podremos dirigir para resolver problemas tanto en humanos como en animales”.
Pero hay más. Diversos estudios previos han demostrado la relación entre la falta de vitamina C y problemas de fertilidad en los hombres. Teniendo esto presente, la Dra. Concha y su grupo trabaja con las células de Sertoli, que son las encargadas de interactuar con otras que dan origen a los espermatozoides. Y, aunque preliminares, los resultados del grupo han sido convincentes. El ácido ascórbico protege a las células germinales del estrés oxidativo. Una propiedad más para una vitamina que, desde Valdivia, sigue asombrando a la comunidad científica.

Sandra Bravo: Al rescate del salmón

Por estos días en Puerto Montt no se hace otra cosa que hablar de los salmones. Y las noticias no son precisamente buenas: enfermedades, conflictos laborales y caídas en los resultados comerciales de éste, el segundo rubro exportador más importante del país. Desde el New York Times al más modesto medio local, la salmonicultura copa titulares y portadas. Una de las voces más autorizadas para referirse al tema es la investigadora de la Universidad Austral de Chile, Sandra Bravo, Ingeniero Pesquero y Master en Acuicultura, que lleva cerca de 3 décadas estudiando esta industria.
“No comparto las visiones catastróficas respecto al futuro de la industria salmonera en Chile, los diagnósticos que se han dado últimamente son bastante alarmistas”, comenta de entrada. Y vaya si tiene razones para sustentar sus palabras. Reconocida como una de las personas que más conoce la problemática Ictiosanitaria de los salmones, Sandra Bravo lidera el proyecto “Evaluación de Resistencia al Benzoato de Emamectina en Caligus rogercresseyi e implementación de estrategias para minimizar su impacto en los salmones de cultivo”, el cual estudia una de las enfermedades más graves que han afectado los cultivos salmoneros en Chile: el temido “caligus” o piojo de mar, parásito responsable de una buena parte del aumento de mortalidad que ha venido sufriendo la industria en la zona.
“Hay una preocupación por el impacto de este parásito en los peces, pero también en los efectos de los químicos que se usan para combatirlo, pues, finalmente, son pesticidas. Por tanto hay que usarlos adecuadamente y para ello es necesario obtener conocimiento del parásito y su interacción con el pez”, explica la investigadora al referirse a la importancia del trabajo que se lleva a cabo en la UACh.
Una investigación que cobra vigencia en estos meses donde las acusaciones de malas prácticas medioambientales le llueven por todos lados a la industria salmonera. “Cualquier actividad de este tipo tiene un impacto en el medioambiente”, explica Sandra Bravo, “sin embargo hay muchas cosas de las que se acusa a la actividad que no son ciertas, por ejemplo el uso de hormonas, cuyo uso desmiento tajantemente”.
Pese a todo, mantiene la calma. “Todos los países han tenido estas crisis y tenemos que acostumbrarnos a vivir con las enfermedades. De hecho, la industria se mantiene con niveles de producción tremendamente interesantes y el cierre de centros de cultivo se debe a que se está bajando la presión a las zonas de la X Región. Creo que la industria ha aprendido de sus errores”, concluye.

O’Higgins 680, 4° piso, Oficina 401, Concepción, Región del Biobío, Chile.
Teléfono: (41) 2861577.

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