Las recetas de Parra para llegar a los 100

María Angélica Blanco Periodista y escritora.
María Angélica Blanco
Periodista y escritora.

Ecologista, físico, matemático, catedrático universitario, consagrado poeta y antipoeta, traductor de Shakespeare y hermano de Violeta, todo eso y mucho más es Nicanor Parra, que en septiembre cumplirá 100 años. Está vivito y coleando porque escribe todos los días en su casa de Las Cruces. Los festejos serán en grande. A los homenajes -que él detesta- se sumarán recitales poéticos, conciertos y reediciones de sus múltiples textos. La única celebración que cuenta con su venia es el Proyecto Parra 100, que consiste en la exhibición de la biografía audiovisual Parra a la Vista y de más de 200 fotografías inéditas de su vida cotidiana, que fueron descubiertas en el 2010 por su nieto regalón, Cristóbal Ugarte Parra, “Tololo”. El mismo Parra eligió y seleccionó las fotos para la exposición.
De él se ha escrito casi todo. Que liberó a la poesía de sus amarras líricas y abrió las puertas al lenguaje y las tribulaciones no sólo del hombre común, sino también del más versado, porque roza el nihilismo rupturista de un Sartre o un Nietzsche. Que ha ganado casi todos los galardones, salvo el Nobel que no le interesa ni pizca según sus más cercanos. Que se da el lujo de vivir en la contradicción sin conflictuarse. Más bien, goza provocando y se ríe de los peces de colores con algunas de sus citas emblemáticas: “La izquierda y la derecha unida jamás serán vencidas” o “Cuba sí, yankis también”.
Pero poco se sabe de sus amores y amoríos, de los días en que no quiere hablar con nadie y de que es el Tololo, quien tiene acceso directo a Parra a cualquier hora y que logra doblegar, a veces, su consabida porfía.
Estuve con Nicanor Parra cuando recién había cumplido 94 años. Fui a visitarlo a su casa de Las Cruces para invitarlo a Concepción a dar una charla sobre el amor, a su estilo, sin ponerle condición alguna. Al planteárselo, me miró entre receloso e intrigado. ”¿Por qué crees que soy un experto en amor si no tengo idea qué diantres es?”, dijo. Le pregunté si me estaba hablando en serio, puesto que había escrito muchos poemas y antipoemas dedicados al amor. Me había preparado mucho para mi entrevista con Parra. Sabía que se había casado varias veces y que convivió un par de años con la sueca Inga Palmen y había vivido un tórrido romance con otra bella sueca, Sun Axelsson. ”Yo nunca hablo en serio cuando quiero hablar en serio”, contestó. Típico de Parra. Sus respuestas imprevisibles descolocan al igual que sus antipoemas. Al ver mi cara de desconcierto, me tocó un brazo. ”Lo que sí puedo hacer es darte una receta para encontrar el amor. También es muy útil para llegar a los cien años,” dijo muerto de risa. Comenté que me parecía fantástico, que me la diera. “Enamorarse de alguien imaginario. Así no se sufre”. Acto seguido, me recitó un trozo de uno de sus más bellos poemas: “Y en las noches de luna imaginaria, sueña con la mujer imaginaria, que le brindó su amor imaginario, vuelve a sentir ese mismo dolor, ese mismo placer imaginario, y vuelve a palpitar el corazón del hombre imaginario”.
Anochecía cuando me despedí. De sopetón me preguntó si fumaba y contesté que intentaba dejarlo y que fumaba cuatro cigarrillos al día. Se puso a escribir en un papelito y me lo entregó: “Es otra receta”, advirtió. Decía: “Fumar 1=0. Fumar + de 4 son PK2.” Por supuesto que lo guardo como hueso de santo.

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