Las tumbas sin muertos de las costas del Biobío

Los cementerios simbólicos poseen sepulturas, pero carecen de cuerpos. Fueron creados para recordar a los pescadores que desaparecieron a causa de naufragios. Sus orígenes datan del siglo XVII y, a pesar de que el país cuenta con una zona costera vasta y privilegiada, se trata de una tradición fúnebre y cultural sólo presente en esta Región. Tampoco se tienen antecedentes de otros iguales en ninguna otra parte del  mundo.

Por: Natalia Messer Molina

Rosa Labraña 2
Acompañada de un rosario que sostiene fuertemente en su mano, Rosa Labraña sube con esfuerzo el empinado camino que la lleva al Cementerio Simbólico de Tumbes, en Talcahuano. Allí, quiere encender un par de velas, podar los árboles y plantar unas hortensias, para que en el verano esté florido y se parezca lo más posible al “paraíso”, lugar donde asegura está su hijo y sus dos hermanos, a quienes nunca más vio tras el naufragio de sus embarcaciones.

-Sé que no están físicamente en estas tumbas, pero sus almas están aquí, por eso hacemos estos cementerios, para reencontrarnos con ellos, dice.

En la Región del Biobío hay 14 cementerios simbólicos en distintas comunas: Talcahuano, Hualpén, Lota, Coronel, Lebu y Arauco. Esta manifestación cultural es única en el mundo. Se cree que es herencia de los lafquenches que habitaron las costas de la Región del Biobío y que luego fue traspasada a los criollos. La data de estos camposantos suma más de 300 años. El primero fue creado en 1650 y corresponde al Cementerio Las Cruces, ubicado en la Población Los Lobos, en Talcahuano. 

Los investigadores Berta Ziebrecht Quiñones y Víctor Rojas Farías realizaron una acabada indagación sobre cementerios simbólicos en Chile, titulada Cementerios Simbólicos. Tumbas sin difunto: Pescadores artesanales de la Región del Biobío. Berta Ziebrecht -quien además se ha involucrado con la causa de las viudas y madres de pescadores desaparecidos en la protección de estos lugares y en una regulación que vele por los derechos de los deudos- pudo conocer muy de cerca los dramas de las familias costeras. Cuenta que no recuerda haber visto más dolor que en una madre que pierde a su hijo o en una mujer a la que el mar le arrebata a su esposo o a parte importante de su familia. Por eso, explica, los cementerios simbólicos vienen a calmar una angustia que no parece encontrar salida.

“Estos lugares tienden a cubrir una carencia, que es el cuerpo. Quizás por ser la comunidad de pescadores un mundo donde se trabaja en familia, cuando ocurren estos naufragios y desaparecen padres e hijos se siente un dolor enorme y, entonces, hay un duelo que jamás se supera”, manifiesta. 

Durante su investigación también determinaron que la manifestación del cementerio simbólico sólo se da en la Región del Biobío, a pesar de que las desapariciones de pescadores ocurren por toda la franja costera del país. “En otros lugares tienen costumbres distintas. En el norte se toma la ropa del pescador desaparecido y se lanza al mar con ofrendas florales y en el sur se colocan marcas de muerte, es decir, una cruz simple que se instala en tierra firme, en un lugar cercano a la tragedia, y cada cierto tiempo la familia va a visitar la cruz”, añade Ziebrecht. 

No regresaron

En la brisa fría que corre el día en que Rosa Labraña visita a sus familiares en el Cementerio Simbólico de Tumbes parece también haber un simbolismo: la paz. Esta tranquilidad no se encuentra en cualquier esquina, por eso el esfuerzo -de subir hasta ese promontorio lleno de cruces y con la Isla Quiriquina casi de frente- vale la pena. Pero el día de la visita, para Rosa, también le trae todo el recuerdo de la tragedia.

cementerio-loslobos“Estamos cerca de la fecha de conmemoración de cuando desapareció mi Danny, mi hijo mayor, y mi hermano Roger y otros tres tripulantes. Fue un 28 de agosto de 1996 a la una de la mañana, cuando ellos salieron a navegar en la embarcación Marsella, que era de mi papá, porque toda mi familia trabajaba en la pesca. Dicen que un temporal fue el causante de que perdieran el rumbo en el mar, frente a Cobquecura …Ellos tenían que volver el 30 de agosto, para Santa Rosa, porque yo siempre celebro mi santo, pero nunca regresaron”.

Ese año quedó como una fecha de desgracia para su familia. Pero no es la única. Casi un década antes, en 1987, y también en otro naufragio, Rosa había perdido a su hermano mayor, Rodolfo Labraña, en el accidente del barco pesquero Chungará.

 El rito fúnebre

La historiadora Berta Ziebrecht explica este particular rito que se da en el mundo de los hombres y mujeres de mar. Primero, se parte con la búsqueda de la embarcación desaparecida, la que legalmente dura ocho días. Ésta se hace por mar, cielo y tierra, y está a cargo de la Capitanía de Puerto, a la que se unen los pescadores y sus familias. 

Cuando ésta no da resultados, en la casa del pescador desaparecido se prepara el velatorio de la ropa, que generalmente es una prenda de especial significancia. “Las mujeres son las encargadas de aquello, pues los hombres siguen -ya sin el apoyo oficial- en la búsqueda. Se hace una capilla ardiente, se ora mucho, porque son muy religiosos, independiente del credo”, agrega. 

Luego, la ropa (una tenida completa) se coloca sobre una mesa que tiene un mantel blanco, un par de velas delgadas y objetos como fotografías e imágenes religiosas. El velorio dura dos días, para después realizar una misa en algún recinto, como una junta de vecinos, y luego se traslada una pequeña urna hasta el cementerio simbólico, donde será enterrada junto a la ropa del pescador y a un rosario. Estos funerales son muy masivos, pues en las caletas casi todos se conocen y la costumbre de acompañar en este adiós se da de forma innata. 

Volverán… algún día

cementerio-Berta Ziebrecht-1 (1)Una gran diferencia entre el mundo de los pescadores y el de aquellos que sí tienen un difunto al que enterrar, es que pese a contar con cementerio y tumba, la esperanza de que algún día vuelvan los desaparecidos es eterna. 

-”Es el problema que tenemos muchas madres: la esperanza de que van a volver algún día. Nosotros tenemos la creencia de que ellos fueron a lo mejor rescatados por algún barco y ese barco se los llevó a otro país y ellos no saben cómo volver acá. Ésa es la mentalidad que uno tiene acá”, dice Rosa Labraña. 

Una creencia que también tiene una raíz histórica, y que como explica la investigadora Ziebrecht, tiene que ver con que en el pasado los barcos piratas capturaban a los pescadores que merodeaban por los mares con el fin de que les mostrasen lugares que tuviesen agua, o bien alguna cueva que escondiese un preciado tesoro. Por eso, el ruego de las madres y esposas nunca se deja de oír, y si no le pueden ver físicamente, al menos la presencia espiritual de sus familiares, a través del sueño, viene a salvaguardar la pena.

-El sueño: ¡ruegan en sueño! Lo único que piden a Dios es verlos en sueños y saber que están bien. Poder despedirlos y besarlos, cuenta Berta Ziebrecht.

También en esa esperanza la gente de mar decide que si se encontró el bote, lancha o barco, pero no al pescador desaparecido, se dejará entonces la embarcación en el océano, tal como está, y serán el tiempo, la sal y el agua, los que irán borrando sus  vestigios. 

Un patrimonio histórico-cultural

Chile se configura como nación marítima. Por esa razón, la pesca es una actividad importante por el valor económico, turístico y también cultural que posee. En esta realidad, Berta Ziebrecht junto con Víctor Rojas Farías notaron que faltaba una bibliografía que diera cuenta del imaginario de los pescadores. Recorrieron todo el país, de norte a sur, y se sumergieron en las caletas, su gente y costumbres.

En este afán por descubrir se encontraron con que “los primeros escritos sobre tradiciones y costumbres salieron a principios del siglo XX y, obviamente, fueron costumbres campesinas, pero nunca le había tocado el turno al borde costero”, asegura Ziebrecht. Por eso, la oportunidad los llevó a realizar una investigación sobre estos cementerios como espacios de consuelo para un dolor que nunca termina. 

Por las características de la tradición y su trasfondo, los cementerios simbólicos corresponden a una manifestación única que, a juicio de la historiadora y de la gente de mar, como Rosa Labraña, debe ser declarado un patrimonio histórico. Con ello, también se les estará protegiendo “ad infinitum”.

cementerio-cementeriolascrucesSu valor se basa en las costumbres que se traspasan de generación en generación. No hay normas escritas y todo radica en la tradición que tienen los pescadores. 

Un ejemplo es que no se ubican cerca del “lugar de la tragedia”. Se encuentran en lugares de difícil acceso, a veces de gran altura, al borde del precipicio, o bien muy escondidos, en roqueríos o a pie de cerro, casi siempre próximos a alguna caleta o en los interiores de ésta. Además, las cruces de las tumbas deben estar mirando hacia el océano. 

La investigación también dio origen a una gran acción social, jurídica y patrimonial, pues puso en el tapete la problemática que se vive en el sector costero de nuestro país. 

La muerte presunta

Berta Ziebrecht cuenta que con la investigación que realizó pudo darse cuenta de que las mujeres de mar son las más abandonadas de Chile. Lo dice sin temor y con mucha convicción, porque detrás de este abandono que señala, y que deja a las madres, esposas e hijas con un profundo dolor por la pérdida de sus familiares, aparece el tedioso trámite de la muerte presunta. 

Este proceso establecido en el Código Civil es bastante estricto y exigente al momento de declarar legalmente muerta a una persona. 

El seremi de Justicia, Jorge Cáceres Méndez, ha estado siguiendo de cerca este “drama familiar y jurídico”, como él lo denomina, en conjunto con la Agrupación de Viudas y Familiares de Pescadores Artesanales Desaparecidos en el Mar. Los resultados han sido exitosos: a los seis meses de presentarse 21 casos en la comuna de Talcahuano, ya se tienen las 10 primeras sentencias de parte de los Tribunales de Justicia y todas son favorables a los deudos. 

El tema preocupa, porque como pudo conocer in situ la investigadora Ziebrecht, la gran mayoría de las viudas o madres de pescadores desaparecidos no cuenta con un certificado que acredite el fallecimiento de su familiar. Inclusive, Rosa se encuentra dentro de esta realidad. Esto las limita al momento de optar a beneficios que el Estado les puede otorgar y, sin el papel, en el caso de las viudas, nunca los son. 

Pero el seremi Cáceres ve con optimismo lo realizado por la mesa de trabajo que contó también con la participación de Berta Ziebrecht. La autoridad dice que a pesar de que algunas mujeres llevan más de 40 años sin el certificado, las diligencias han mejorado. “Nosotros no nos quedamos en el dolor y fuimos a la acción y empezamos con los resultados. Porque el problema se trababa en la acreditación para la muerte del desaparecido. La prueba es fundamental. ¿Qué teníamos? Teníamos los antecedentes en los diarios, donde decía que había ocurrido un accidente y se nombraba a los pescadores…y a la prensa la consideraron como una prueba”, dice Cáceres.


Que se respete la tradición

Otra singularidad de los cementerios simbólicos tiene que ver con la elección del terreno, la cual siempre es determinada por la comunidad de pescadores, pues según lo que dictaminan las “normas escritas que rigen toda tradición” no puede haber una administración formal. “Todos los cementerios simbólicos no tienen terreno propio y ante la eventualidad de cambio de suelo, los deudos exhumarán las urnas y fundarán en otro sitio, uno nuevo, que irá creciendo a medida que las tragedias prosigan”, explica Berta Ziebrecht. Y ahí, con ello, surge también un problema, que actualmente tiene en conflicto al Cementerio Las Cruces, de la Población Los Lobos, Talcahuano, el más antiguo de todos los existentes, que tuvo su primera localización en lo alto de la bahía de San Vicente. La industrialización y el desalojo de las caletas que ahí habitaban, obligó a los deudos a trasladar su cementerio.


cementerio-loslobos2En el año 2007, el cementerio Las Cruces fue cedido en comodato por parte de SERVIU (dueño del terreno) a la Iglesia Evangélica Episcopal Misionera, por un tiempo de cinco años. Así, se convirtió en el primer camposanto en tener una administración ajena a los pescadores. Esta situación provocó el alejamiento de los deudos por un tiempo, pero luego el comodato no fue renovado y el cementerio regresó a los familiares de los desaparecidos. El problema surge porque ahora la administración pasará a la Municipalidad de Talcahuano, hecho que tiene preocupada a la Agrupación de Viudas y Familiares de Pescadores Artesanales Desaparecidos en el Mar, quienes llegaron a interponer un recurso de apelación a la Corte de Apelaciones, donde el fallo resultó a favor del municipio. Luego, se apeló a la Rosa Labraña 3Corte Suprema, la que ratificó el fallo, respaldándose en que aún no se había formalizado el traspaso. Para Berta Ziebrecht se trata de “un asunto administrativo, que ignora el carácter patrimonial del cementerio”. 

Además, la investigadora señala que al pasar la administración al municipio, éste aplicará las normas que rigen para los cementerios municipales, situación ilegal a su juicio, pues en estos cementerios no existen cadáveres. 

Berta Ziebrecht, quien se desempeña como coordinadora de la Agrupación de Viudas y Familiares de Pescadores Artesanales Desaparecidos en el Mar, espera que se respete
la tradición, porque dice que son los deudos los encargados de la administración y también espera que se consideren los tratados internacionales firmados por Chile en la UNESCO en relación a que “son dueños de la tradición quienes les han dado origen y la han mantenido a través del tiempo”. 

O’Higgins 680, 4° piso, Oficina 401, Concepción, Región del Biobío, Chile.
Teléfono: (41) 2861577.

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