Ligeros de equipaje

Cuando tenía dieciocho años, frecuentemente viajaba desde Santiago a Viña del Mar para pasar el fin de semana con amigas de la Escuela de Periodismo. ¿Y qué cargaba en una mochila? El cepillo de dientes, un champú, dos bluyines, dos poleras y un suéter. Me iba ligera de equipaje, qué felicidad, abierta a lo que viniera. Ahora no me reconozco. Cuando hago una maleta para un weekend en Santiago o donde sea, ésta va tan atiborrada que me cuesta cargarla. No pueden faltar las cremas antiarrugas, el maquillaje, los remedios para todo. Por si me duele la cabeza, por si me “da colon”, por si me da estrés.
Tampoco los accesorios para cada tenida. Confieso que una semana antes de partir hago una lista más grande que la del supermercado. Tengo amigas que me han contado lo mismo, entre risas y bochorno. ¿Qué refleja este equipaje que a menudo paga sobrepeso? ¿Qué significa que no le abra la puerta ni al cartero sin maquillaje?
Quiero compartir con ustedes que cayó en mis manos por casualidad un libro de Antony de Mello, “Ligero de Equipaje”, que me reforzó la convicción de que todas estas ataduras, fachadas, deseos de aprobación y máscaras de estuco, no son sino miedos escondidos e inseguridades subterráneas. Dice Antony de Mello que si queremos despojarnos, sentirnos ligeros, abandonar los apegos y las fachadas, el primer cambio es aceptarse uno mismo tal como es, reconciliarse, darse un abrazo con nuestro propio ser. Para ello tenemos que tener voluntad, equilibrio, mantener el buen humor aunque nuestro día haya sido agrio y, sobre todo estar abierto y disponible hacia los demás.
El libro cuenta que se hizo una encuesta entre mil varones preguntando quién era más bella. Si Claudia Schiffer o Sor Teresa de Calcuta. Y, sorpresa, ganó ese rostro surcado de bellas arrugas de compasión y de piedad de esa monja que se movía como una hormiguita para aliviar el dolor ajeno en medio de la pobreza. Sor Teresa vivía como era, ligera de equipaje. Dudo que hasta se haya mirado al espejo. ¿Para qué? Si el espejo de su alma deslumbraba como luz.
Aceptarse no es frenarse y el sentido de la realidad no es la inercia. Al contrario, es aferrarse con valor y gozo a todas las situaciones aún cuando sean adversas y tratar de sacar el mejor partido de ellas. ¿Acaso los grandes líderes no se hicieron fuertes en la adversidad? Mahatma Gandhi le hizo frente al Imperio Británico sólo son su pacifismo, sabiendo que en Inglaterra lo tildaban de “fakir semidesnudo”. Logró la anhelada libertad de la India soltando la paloma de la paz.
Dice Antony de Mello: “rompe tu imagen. Somos esclavos de la propia imagen que hemos creado de nosotros mismos, generalmente para que los demás nos perciban así”. Alude también: “suelta tus miedos, libérate de las amarras”. El miedo no existe. Está en la mente. Pero la mente en libertad no lleva cargas. La mente en libertad vive cada instante en cada instante y ese es el sentido de vivir plenamente la vida. “No empujes el río”, continúa de Mello, “porque ya fluye por sí mismo y lo mismo hace la vida. El secreto de estar bien es dejar que lo que pase, pase”.
William Wallace, el libertador de Escocia, estando encarcelado antes de ser decapitado, desafió al rey de Inglaterra enviándole un mensaje: “aprendí a ser libre. No me pida que le suplique piedad. Soy más libre que nunca estando encarcelado y moriré libre porque no tengo cargas”.
Asume tus emociones, no las escondas. Si estás feliz, gózalo. Si estás nervioso, asúmelo. Si sientes pena, llora. Que los demás te vean como lo que eres. Un ser humano, no un súper hombre tratando de ocultar tus emociones y se sentirán identificados contigo.
PD. Si algún día me ven en la calle con la cara lavada y no me reconozcan, soy yo. Soy la misma. Lo importante es que yo sienta que soy la misma, aunque mis amigos y conocidos ese día no me saluden. Créanme que a cara limpia seré libre, aunque luzca como una lechuga mustia o un perejil deslavado. Levitaré por las veredas, pues andaré ligera de equipaje.

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