Llaguepulli, para conocer y aprender

El esfuerzo de 18 familias de esta localidad, ubicada en la ribera sur del Lago Budi, en La Araucanía, dio vida a una atractiva propuesta de etnoturismo que conecta al visitante con la cosmovisión mapuche.


A cien kilómetros al suroeste de Temuco, y tras cruzar Nueva Imperial y Carahue es posible llegar a Llaguepulli, un sector perteneciente a la comuna de Teodoro Schmidt donde dieciocho familias lafkenches desarrollan desde 2005 un exitoso proyecto de turismo a partir de experiencias culturales.
Su propuesta nace con el objetivo de convertir las características particulares de su pueblo en un factor atrayente para los visitantes. Y por ello organizaron una completa oferta que incluye actividades culturales y al aire libre, gastronomía típica y servicios de hospedaje en confortables rucas. La jornada diaria de los turistas en Llaguepulli termina con una conversación en torno al fogón para conocer de boca del líder de la comunidad los detalles de la cosmovisión mapuche.

Lago Budi, único en Sudamérica

Lo primero que sorprende en el paisaje de Llaguepulli es el imponente Lago Budi, con 56,2 kilómetros cuadrados de extensión y famoso por ser el único de agua salada en Sudamérica.
La gente del sector cuenta que el maremoto de 1960 modificó por completo la geografía del lugar. Las olas, superiores a los  10 metros de altura, inundaron algunos sectores ribereños y aislaron parte del territorio. Fue así como se formó la isla Cueva del Zorro, ubicada al oriente del lago, frente a Llaguepulli. La isla, conocida en el pasado por ser hábitat de zorros, es uno de los destinos de las excursiones que ofrece la comunidad. Por $4.000 por persona, es posible llegar hasta ella en un bote, cuyo trayecto no demora más de 20 minutos, para realizar una caminata de una hora donde es posible avistar patos, cisnes y taguas.
Otra posibilidad para conocer los atractivos del lugar son las cabalgatas, que por 4 mil pesos permiten a los turistas pasear por esta zona de cerros y borde costero.

Gastronomía y artesanía típica

Los prejuicios hacia los pueblos originarios son muchísimos. Que son descuidados, sucios y que sus productos son caros y de mala calidad son frases que habitualmente se escuchan a la hora de referirse a sus expresiones culturales. Sin embargo, la experiencia en Llaguipulli derriba todas esas ideas preconcebidas.
Acá es posible encontrar, en una pequeña ruca habilitada para la venta, tejidos de primer nivel (ponchos, chalecos, gorros y los autóctonos trarilonkos), hechos por las mujeres del sector, a precios más baratos que en cualquier feria artesanal.
También la comida típica es un atractivo de esta zona. En el centro gastronómico de Llaguepulli se puede disfrutar de platos a base de papas moradas, trigo, carne de vacuno y equino, y de postres tan originales como el helado de quínoa, productos que no pueden encontrarse en otro lugar y que acá tienen un valor que oscila entre los 6 y 7 mil pesos.

La importancia de su visión de mundo

Mauricio Painefil es el líder de esta comunidad. Un hombre que pese a sólo tener educación formal hasta sexto básico ha sido capaz de agrupar a 18 familias en torno a esta iniciativa. También es el encargado de las charlas sobre cosmovisión mapuche. Al anochecer, al calor del fogón en el interior de una de las rucas, relata las vivencias de su pueblo, creencias religiosas, vida familiar y convicciones sobre la tierra y el mar, centrales en su pensamiento.
Llaguepulli no sólo se ha organizado desde el turismo. Ellos también autogestionan la escuela Kom pul of ñi Kimeltuwe, única en el país que está bajo control de las propias comunidades indígenas. Tras conflictos con los antiguos sostenedores, consiguieron administrar este establecimiento con el objetivo de preservar su identidad cultural en las nuevas generaciones.
Para Painefil es necesario presentar a los visitantes el modo de vida de su pueblo, como parte de una tarea por mantener su cultura, de la que ellos mismos han ido reaprendiendo con el paso de los siglos. Esta actividad, que va acompañada de muestras de arte y danza, tiene un costo de 6 mil pesos por persona.

La ruca, el símbolo

Sin duda, lo que más esperan los turistas es pasar la noche al interior de una ruca mapuche. Los gestores de esta iniciativa turística implementaron tres rucas, con capacidad para cuatro y cinco personas, con múltiples comodidades -luz eléctrica, agua, piso alfombrado, closets y muebles de cocina- que acompañan la experiencia de este turismo autóctono 2.0.
Igualmente, para quienes prefieran un espacio “tradicional” donde dormir, la comunidad pone a su disposición cómodas cabañas.
El alojamiento en ruca tiene un valor de 14 mil pesos por persona, mientras que una cabaña, 12 mil. En ambos casos, los menores de cinco años no pagan y los menores de diez tienen un 50% de descuento.
Las dos alternativas aseguran la posibilidad de disfrutar al día siguiente de un exquisito desayuno con sopaipillas, pan amasado, pebre y catuto, una tortilla típica de la zona.

Cultura y patrimonio

A partir del ejemplo neozelandés, donde el pueblo maorí sustenta su economía desde el turismo, el gobierno chileno se ha propuesto apoyar iniciativas similares, siendo La Araucanía la  Región donde estos proyectos se desarrollan en mayor cantidad. De acuerdo con la Estrategia Nacional de Turismo, éstos se clasifican en las áreas de Aventura y deporte, Sabores y vino, Vida urbana, Salud y bienestar y Cultura y patrimonio. Bajo esta última descripción se encuentra el sector de Llaguepulli, que hoy es autosustentable gracias al turismo.

El apoyo de la autoridad

Los resultados del verano 2013 fueron históricos en La Araucanía. Por primera vez, esta Región se convirtió en el destino más visitado por los turistas durante la temporada estival, superando a zonas como el litoral central.
Según el director regional de Sernatur, Sebastián Álvarez, no basta sólo con el hecho de tener una “cultura viva” para atraer turistas, sino que se requiere también del trabajo en conjunto entre la repartición pública, los emprendedores y los municipios para que estos proyectos consigan establecerse en el tiempo. Además, debe ir de la mano de un trabajo de difusión de estos atractivos turísticos durante todo el año.

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