Los cambios en 13 años: RadiografIa al carrete universitario penquista


Ahora la fiesta es de día, en bares que abren sus puertas al mediodía y que no detienen la venta de sus super promociones hasta las once de la noche. Una nueva moda que provocó un giro de 180 grados en las formas y lugares donde se concentra la entretención de los universitarios veinteañeros. “Es la misma necesidad de carrete que tenían los de antes, pero nosotros la satisfacemos más temprano”, explican ellos.
Son las once de la mañana y en pleno Barrio Estación un grupo de universitarios “hace una vaca” para entrar a un bar. Seguros de que el presupuesto alcanza atraviesan la Plaza España y enfilan hacia el norte por avenida Prat para detenerse en el conocido “592”. (Para los que desde hace algunos años están alejados del carrete, el primer local nocturno que comenzó con la onda electrónica en Concepción).
En la puerta y tal como si fueran a subir a una micro, un guardia les exige el pase universitario, el único requisito para acceder a la oferta diurna que este pub lanzó hace un poco más de un mes y que está dirigida exclusivamente para universitarios. La fórmula es simple, explica uno de los porteros, “se vende sólo cerveza durante todo el día, generalmente promociones, a precios ultraconvenientes para el bolsillo de los cabros y se ofrece un espacio tranquilo, con buena música, para compartir un momento y así no arriesgarse a ser detenido por estar tomando en la calle”.

Donde se lloran los certámenes

Pero este bar no es el único que ofrece “carrete de día”. Sólo en las inmediaciones de la Universidad de Concepción (específicamente en la calle Chacabuco) hay cuatro locales de este tipo, a los que se agregan otros 7 ubicados en Janequeo, entre Cochrane y O`Higgins, y, en Paicaví, entre O`Higgins y Barros Arana. A ellos se suman unos 3 en el Barrio Estación (calle Prat), más las “picadas” cercanas a la universidades San Sebastián, del Bío Bío, Católica y  Federico Santa María. La mayoría de ellos abre al mediodía y cierra sus puertas a las once de la noche. Pero el peak de concurrencia es más o menos a las 7 de la tarde. Basta un recorrido a esa hora para darse cuenta del aumento de estos locales que con sus tentadoras promociones de cerveza (los precios oscilan entre los $1.300 y $1.800 los dos litros) provocaron un vuelco en las formas y en los lugares donde hoy está el foco de atención de los carretes universitarios en Concepción.
“No se trata que los estudiantes de ahora seamos más curaos que los de antes. La única diferencia es que tenemos espacios donde ir durante el día, o sea es la misma necesidad de carrete, pero satisfecha más temprano”, explica Víctor, estudiante de segundo año de Derecho, mientras sus compañeros de mesa que lo escuchan se matan de la risa y hacen un salud -el cuarto de la tarde-  después de un complicado certamen que dejó llorando a  varios.
Algunos de estos locales nacieron derechamente como bares cerveceros. Otros son picadas de barrio que fueron “tomadas” por los estudiantes y también está el caso de locales nocturnos -como el 592- que diversificaron su oferta. Casi todos funcionan en casas antiguas, con hartas habitaciones de manera de entregar distintos espacios. Incluso otros aprovechan sus terrazas o los patios interiores para instalar mesas en la época que el tiempo lo permite. Prácticamente no tienen decoración, salvo dos o tres, y el único mobiliario del que disponen son mesas y sillas plásticas, cortesía de la marca de cerveza que vende el local. También tienen combos con sopaipillas, completos, papas fritas. Lo más “sofisticado” son las chorrillanas, “pero no se venden mucho porque los estudiantes gastan la poca plata que tienen en las promos de cerveza. Para más no les alcanza”, cuenta una de las dependientes de un local.

La llegada de “Los Luppis”

Hace un poco más de una década lo común era juntarse a eso de las 10 de la noche y pasar por las botillerías Kamadi para comprar la clásica “promo de piscola y bebida de litro” y hacer la previa en el auto o en los estacionamientos de las discotecas. Los destinos no eran muchos, porque ninguno de los locales de esa época tenía públicos cautivos, lo que hacía que los lugares “de moda” no duraran más de un año con ese estatus.
Los Miércoles Universitarios de “La Habana” o los jueves de la Barceló -“Barceluka” ese día- se anotaban la mayoría de las preferencias por sus entradas con cover que no superaban los $1.500. También estaba una discoteca en la entrada de Chiguayante y el “Cariño Malo” que fue el primer local alternativo de Concepción. Pero nada más.
A fines de los 90, dos “fuentes de soda” el “Pucky”  y el “Forever” fueron los causantes de la “transición”. “Vendían comida barata y como gancho estaba la cerveza. Uno iba a comer y a veces se quedaba cheleando en la tarde, pero no era tan masivo como ahora”, comenta Nicolás (32).
Como estaban cerca de la UdeC, su publico objetivo eran sus estudiantes. “Pero de algunas carreras solamente, porque tampoco eran todos”, advierte un ex cliente hoy un periodista de 34 años. En un estilo similar, pero con un “rollo político” que aún segmenta a sus clientes estaba el “Aula Cero” también conocida como la “Tía Tita”, en la población Agüita de la Perdiz, que por más de tres décadas ha sido un punto de encuentro para varias de generaciones de la Universidad de Concepción.
¿Qué ocurrió entonces para que estos locales cerveceros se hicieran tan masivos? La respuesta la tiene Flavia Lupichinni, dueña de Los Luppis, un bar que según los entendidos marcó un antes y un después en el carrete universitario.
En 1999 se instaló en una vieja casona de dos pisos ubicada en la calle Chacabuco, prácticamente frente al Arco de Medicina. “Mi idea era vender colaciones y así lo hice un tiempo, pero un día, en el 2001, se me ocurrió lanzar promociones. Dos cervezas por $1.500 fue la oferta y fue una locura que no paró más”. Asegura que hubo ocasiones en que llegaron a contabilizar mil estudiantes en un sólo día y ese éxito hizo que durante 4 años, según mediciones de la CCU, fueran el local que vendía más litros de cerveza en Chile.
“A mí me gusta trabajar de día y creo que a los chicos también les gusta este sistema, porque es para todos. Los bares están dentro de la ciudad. No tienes que moverte en auto y como todo se termina temprano hasta alcanzan a tomar la micro para regresar sus casas”, agrega.

Cada universidad tiene su bar

Como el negocio funcionó, rápidamente comenzaron a aparecer otros bares que replicaron la fórmula. Uno de ellos fue “La Facultad” -en Barros Arana con Ongolmo- que no duró mucho por los constantes reclamos de los vecinos. “Es que hay de todo, hay algunos más cuicos como el Break, el Urbano o el Mistral (los 3 en la calle Chacabuco a una cuadra de la UdeC). Ellos tienen más marcas de cerveza y las promociones son más caras que la de Los Luppis”, comenta un estudiante de Técnico Dental.
El punto de reunión de los alumnos de la UCSC se llama “Donde tu hermana”, en el que para entrar hay que hacer fila “no porque sea bueno, sino porque no hay otro en los alrededores”, comenta un estudiante de esa universidad.
Cerca de la USS está el “Masivo”. Mientras que los estudiantes de la UBB concentran sus preferencias en la “Palmera”, una clásica picada de barrio donde se mezclan parroquianos del sector y universitarios. La nueva sede de la U. Santo Tomás penquista también despertó el interés de otros “empresarios de la cerveza”. En sus cercanías están “Los Luppis”, el “592” y el “Superstar”, éste último con una oferta un tanto distinta (ver recuadro).

“No se admiten flaites”

Aunque algunos insisten en que estos bares se segmentan según la situación económica de los estudiantes, la mayoría aclara que la preferencia está determinada por la cercanía con la universidad en la que estudias. “Hay algunos que son más baratos, pero harto más sucios. Entonces ahí hay que elegir. O tomai más barato, pero con asco, o desembolsai  500 pesos más  y tomai más confiado en que no van a aparecer ratones al lado tuyo”, explica un cliente de uno de los locales de Chacabuco.
Mujeres y hombres visitan por igual estos bares. La edad promedio debe estar en los 20 años. Lo común es que por su situación de estudiantes no dispongan de mucho presupuesto para el carrete, por eso la posibilidad de dos cervezas a 1.500 pesos seduce a a la mayoría. Aunque la música siempre está fuerte, generalmente en estos “cerveceros” no se baila “a pesar de que no está prohibido, los cabros prefieren conversar”, nos explican.
Tampoco hay divisiones por tribus urbanas o de otro tipo y es rarísimo ver circulando por ellos a un emo o a un pokemon. Generalmente el ambiente está tranquilo, “aunque a veces hay problemas, porque hay algunos cabros que creen que las pueden hacer todas y se molestan si uno les deja de vender. Pero si se ponen medio pesados se les piden que se vayan y punto”, cuenta Cristian de “Los Luppis”, quien sabe de estos asuntos, porque una vez este local fue acusado de “sectario” por un cartel que colgaron que decía: “no se admiten flaites”.
Quienes sí se quejan de los estudiantes son los vendedores de los negocios cercanos. “Cuando los echan de los bares algunos llegan más o menos enojados y curados a pedir que les vendamos trago. Hombres y mujeres. Nos da risa cuando las niñas sacan sus tarjetas de crédito o usan tickets de comida para comprar cerveza, porque seguramente en sus casas no tienen idea en lo que se gastan la plata”, dice una de las vendedoras de un minimarket cercano a la UdeC.
Los vecinos de estos bares tampoco están muy contentos, aunque reconocen que a veces los conflictos los inician jóvenes que no son precisamente universitarios.
A la medianoche la mayoría de estos bares cerveceros han bajado sus cortinas y los estudiantes comienzan la retirada hacia sus casas, casi todos en micro. Ahí vienen los problemas con los choferes que se indignan con estos estudiantes que pagan escolar “pero con olor a trago”, pero ese ya es otro tema.

La “ondita” del Superstar

El Superstar es una disco bar que funciona desde la cinco de la tarde. Desde miércoles hasta el sábado organiza fiestas de distintos estilos musicales que congregan a un público totalmente distinto del que va a los pubs cerveceros vecinos en la calle Prat. Tiene una pista relativamente pequeña, con una mini plataforma para que el Dj pinche los discos que se matizan con videos bastante sugerentes. Acá también llegan jóvenes que deben bordear los 20 años. Se nota que muchos se conocen de antes, porque se saludan efusivamente. A medida que pasan las horas no sólo aumenta la gente en la pista, sino también las pasiones de muchos de los presentes. Se ven varias parejas homosexuales que se besan y abrazan desinhibidamente porque en este lugar nadie se mete con el del lado. “¡La ondita!, dice una pareja que por primera vez visita el local y, rápidamente, decide emprender la retirada por haber equivocado el destino. Tienen razón, porque el Superstar tiene su público, jóvenes que llegan a experimentar nuevas sensaciones y otros que, definitivamente, encuentran aquí el único espacio para expresar libremente la condición que afuera no se atreven a asumir.

O’Higgins 680, 4° piso, Oficina 401, Concepción, Región del Biobío, Chile.
Teléfono: (41) 2861577.

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