LOS DESAFÍOS PELIGROSOS NO SE HAN IDO DE LAS REDES SOCIALES

A pesar de que han causado muertes o graves lesiones, los retos virales continúan apareciendo en Internet, bajo la apariencia de bromas o juegos inofensivos. Son un peligro latente que los adolescentes no siempre alcanzan a advertir. Y aunque algunos lo hacen, deciden igualmente imitarlos porque se impone la presión del grupo y su necesidad de pertenecer. Promover el bienestar digital desde pequeños es una forma de protegerlos. Para eso, los padres deben conocer e involucrarse también con estas tecnologías.

2021 no fue la excepción. Tal como venía ocurriendo en años anteriores, en Chile y en el resto del mundo se conocieron trágicas noticias sobre accidentes sufridos por niños y adolescentes que realizaron arriesgados retos copiados de las redes sociales.

Estos desafíos o challenge son tendencias virales donde se invita a otros a ejecutar alguna acción imitando a sus iniciadores. Uno de los primeros apareció en YouTube, en 2014, por un objetivo solidario. Fue el Ice Bucket Challenge, que consistía en lanzarse una cubeta de agua helada, nominar a otra persona para hacer lo mismo y donar dinero a la asociación contra la esclerosis lateral amiotrófica. Muchos lo siguieron, incluso sin hacer la donación, pero contribuyeron en la viralización de esta campaña y en la visibilización de la enfermedad.

Otros solo buscaban proponer algo divertido, como el Mannequin Challenge, donde se grababa un video con muchos protagonistas totalmente congelados, como si fueran un maniquí. Pero, con el tiempo, los challenge comenzaron a estar presentes en todas las redes sociales y, algunos de ellos, fueron modificando sus objetivos hacia pruebas crueles y peligrosas.

Así, bajo la apariencia de inofensivos juegos o bromas entre amigos, se transformaron en desafíos que consistían en riesgosas conductas, capaces de provocar lesiones o incluso la muerte de quienes las realizaran. (En este reportaje no mencionaremos ni describiremos estos retos para evitar su divulgación y posible imitación).

Imitan sin advertir riesgos

¿Quiénes están detrás de estas peligrosas pruebas? “Es difícil saberlo”, dice Claudia Jaña, gerente de Educación de Fundación Kodea y docente de la UDD, en la asignatura Laboratorio Multimedia. “Hoy todo aquel que disponga de un celular y de una conexión a Internet tiene la posibilidad de crear y subir contenido, eso hace que estemos intoxicados de información, y que tengamos la opción de ver cualquier cosa en la web, entre ellos estos famosos desafíos”, agrega.

Lo más preocupante, es que quienes se sienten más atraídos por estos retos peligrosos son los adolescentes, porque no siempre entienden que esa prueba podría causarles daño.

El 2021, Tik Tok presentó un proyecto global para comprender mejor el involucramiento de los jóvenes con retos y engaños potencialmente dañinos. Entre otras acciones, se realizó una encuesta a más de 10 mil personas (adolescentes, padres y maestros) de Argentina, Australia, Brasil, Alemania, Italia, Indonesia, México, Reino Unido, Estados Unidos y Vietnam.

Cuando se pidió a los adolescentes que describieran el nivel de riesgo de un desafío en línea que habían visto recientemente, casi la mitad (48 %) creyó que estaba a salvo. Además, los categorizaron como divertidos o alegres. El 32 % incluyó algún riesgo, pero siendo seguro. El 14 % lo describió como riesgoso y peligroso, mientras que solo el 3 % como muy peligroso.

“Hay que considerar que los adolescentes todavía están en formación y que son propensos a padecer la presión social de sus pares, que puede tener mucha más fuerza que un consejo que le puedan dar sus padres o educadores”, explica Carolina Bergamasco, experta en bienestar digital, certificada en el Digital Wellness Institute. Así entonces, el miedo a ser aislado de un grupo, de recibir acoso o burlas por no imitar lo que otros hacen, los lleva a someterse a pruebas peligrosas, sin advertir el riesgo al que se están exponiendo.

“Con estos retos los adolescentes quieren ser parte de un grupo, quieren demostrar, quieren ser vistos y buscan ansiosamente el like, que se transformó en una gratificación inmediata, en un símbolo de aceptación, de reconocimiento y, sobre todo, de popularidad. Y ahí es donde los padres o los adultos tienen que intervenir, porque la información que circula por las redes sociales no se va a detener”, recalca Claudia Jaña.

Hoy, sostiene, vivimos en dos mundos: uno presencial, que es el que tenemos siempre, y uno virtual, que estamos recién entendiendo, porque tiene otra forma de vivirse, otras leyes y otras reglas. Sin embargo, se trata de una realidad que llena gran parte de la vida de los jóvenes, sobre todo ahora, en época de pandemia, donde pueden pasar hasta cinco o seis horas conectados a Internet.

Otros datos que permiten dimensionar el alcance de la información que circula por redes sociales son los que entrega el estudio Digital Chile 2021, realizado por We are social y Hootsuite, según los cuales, a enero de 2021, Chile tenía 16 millones de usuarios de redes sociales, lo que equivale al 83, 5% de la población total a esa fecha.

Esa información confirma que son muchos los hogares del país que pueden acceder a este “mundo virtual que es necesario entender”, dice Claudia Jaña.

Bienestar digital

A medida que la tecnología comenzó a tomar protagonismo y que se empezó a evidenciar cómo algunas acciones que se generaban en el mundo digital tenían impacto en el mundo real (grooming, ciberbullying, sexting), surgió el concepto de bienestar digital. Es una idea que apunta a que sobre todo los niños y adolescentes puedan convivir de manera armónica con la tecnología, para que ella pueda estar a su servicio y al de su formación. “Se trata de ir fomentando un aprendizaje consciente de lo que significa ser un ciudadano digital, y ese papel educador lo tiene en primer lugar la familia y, luego, el colegio. Podemos hacer muchísimo desde la perspectiva preventiva, que es lo más importante para que algo perdure”, sostiene Carolina Bergamasco.

Lo primero, explica, es que los padres prevengan y, al mismo tiempo, enseñen a sus hijos a cómo enfrentar los problemas que pueden tener al navegar por Internet. “Eso implica mantener los canales de comunicación en la casa lo más abiertos posibles, porque en la medida que los jóvenes tienen confianza, les comentan a los papás lo que está pasando a su alrededor. Y en base a eso generar diálogos constructivos y hacer una reflexión respecto de lo que están dispuestos a hacer o no hacer en esta realidad virtual”. Es necesario conversar sobre con quién se comunican, promover que mantengan relaciones cordiales y respetuosas en el mundo digital, igual como se aconseja se haga en el mundo real. Y recalcarles que los mensajes discriminatorios, agresivos o amenazantes son inaceptables.

“Hay que entender que nuestros hijos son nativos digitales, y que existe una brecha enorme entre lo que manejan ellos y lo que los padres sabemos sobre tecnología, Internet y redes sociales. Ese desconocimiento por parte de los adultos podría hacerles pensar que este tema digital no presenta todos los riegos que sí involucra”, manifiesta Carolina Bergamasco.

También, añade, puede llevarles a tomar acciones que poco efecto pueden tener a la hora de prevenir. Por ejemplo, hay padres que creen que solo con manejar las claves de las redes y aplicaciones que usan sus hijos tiene todo bajo control. Sin embargo, desconocen que para sus hijos es muy fácil hacer cambios de claves o, simplemente, crearse otras cuentas desde donde interactuar.

Asimismo, los padres deben ser conscientes del grado de madurez que tienen sus hijos, y con base en eso ir guiándolos. “Hay edades requeridas para participar en las redes sociales, pero todos sabemos que en el caso de algunos jóvenes es necesario hacer más presencia, tener más conversaciones, como para que ellos entiendan que en el mundo virtual y la ciudadanía digital hay deberes y derechos, y hay consecuencia por los actos que uno lleva a cabo”, explica Bergamasco.

No perder la batalla

Todos, además, deberían conocer las políticas de privacidad que ofrecen las redes sociales, que permiten configurar quiénes pueden ver nuestros perfiles, quién puede enviarnos mensajes o solicitar seguirnos, quién pueda ver lo que posteamos o hacer comentarios al respecto.

Claudia Jaña agrega que es fundamental que los padres se aseguren que sus hijos desarrollen un sentido de responsabilidad, y que lo peor que podrían hacer es entrar en una dinámica de conflicto, porque la adolescencia no es una edad fácil de transitar, y eso puede hacer que los jóvenes no se comuniquen y terminen haciendo lo que ellos quieren.

Ambas expertas hacen un llamado a las familias a no dar por pedida la batalla y a generar conversaciones que permitan entender la postura de sus hijos frente a los beneficios o riesgos del mundo digital. Desde ahí, comentarles que los riesgos siempre van a estar, y que lo importante es que tengan conciencia respecto de cuáles pueden ser las consecuencias. Ese conocimiento les ayudará a estar más protegidos.

Apoyo para cada etapa

El gobierno junto a otras instituciones presentó el 2021 una Ciberguía de mediación parental, donde entrega consejos para el uso responsable de Internet por parte de niños y adolescentes. La siguiente es una de sus recomendaciones sobre la relación que estos deberían tener con la tecnología según su edad y etapa de desarrollo.

De 0 a 2 años. Intenta evitar que tengan contacto con las pantallas.

De 3 a 5 años. Intenta conectarlos esporádicamente y por períodos cortos, acompañándolos y seleccionando el contenido de acuerdo con su edad y desarrollo. Se recomienda configurar un control parental en los dispositivos que utilice.

De 6 a 9 años. Es importante comenzar a limitar la conexión y estar junto a ellos para saber qué hacen en Internet, conocer sus contactos y enseñarles a identificar y buscar un contenido adecuado y de calidad.

De 10 a 13 años. Los tiempos de conexión pueden variar según su edad, pero aun así continúa supervisando el contenido, saber con quiénes interactúa o la actividad que tiene en línea.

Mayores de 14 años. Refuerza lo ya aprendido, promoviendo el contenido positivo, tanto en el ámbito formativo como de esparcimiento; conversa sobre su actividad en línea y fomenta su capacidad crítica.

O’Higgins 680, 4° piso, Oficina 401, Concepción, Región del Biobío, Chile.
Teléfono: (41) 2861577.

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