Luciano Cruz-Coke y Felipe Braun, la pareja-dispareja: “No tenemos por qué hacer las cosas por amor al arte”

Son una de las duplas actorales más famosas del país y lo saben. Los protagonistas del nuevo sitcom “La pareja dispareja” partieron como galanes juveniles en las teleseries de los 90, ampliaron sus horizontes histriónicos, y hoy, desde su Teatro Lastarria 90, apuestan a la gestión y producción de teatro, cine y series de televisión. Sin embargo, la competencia y condiciones no están fáciles, y ellos lo saben. De ello conversamos mientras se preparan tras bambalinas para representar al serio y al relajado; al ordenado y al carretero, al separado y al soltero vividor. Puros personajes ficticios, aunque ni tanto.
Que los 30 están de moda hace rato no es un misterio para nadie. A la inagotable moda de fiestas costumbristas de los 80 no tardó en llegar la respuesta televisiva, con exponentes como la elogiada serie “Los 80”, su contraparte más taquillera en “Mis años grossos” (adaptación de “That´s 70 show” que se ambientará en 1987 y será emitida por Chilevisión), o aquella pionera “Los Treinta”, exhibida hace algunos años por TVN.
Ahora, de la mano de la comedia, “La pareja dispareja”, la dupla de actores conformada por Luciano Cruz- Coke y Felipe Braun (“Gatas y Tuercas”, “Fortunato” y “Se arrienda”) dará vida a Félix y Omar, dos hermanos obligados a compartir departamento, cuyas personalidades radicalmente diferentes detonarán los más variados enredos y situaciones jocosas. Felix (37) –personificado por Cruz-Coke-, el hermano mayor, es un médico ginecólogo maduro, racional, disciplinado, adicto a la comida saludable, ingenuo y obsesivo hasta el límite; maniático del orden, se ve necesitado de compartir el departamento de su hermano Omar tras la separación de su esposa. Omar (35) -hecho por Braun- , como buena antítesis, es un tiro al aire: dedicado al periodismo de deportes extremos, es un gozador de la vida, eterno soltero, mujeriego, egocéntrico y con tendencia a caer en excesos de todo tipo. Junto a ellos, se integrará otra pareja opuesta, Delfina Guzmán -como una madre conservadora- y Eduardo del Barril como un padre algo “fresco”.
Producida por Roos Film (“Casado con hijos”) y transmitida todos los lunes por TVN en horario prime, “La pareja dispareja” es un sitcom que constará de 50 capítulos y corresponde a la adaptación chilena de “The odd couple” un verdadero clásico de la comedia norteamericana escrito por Neil Simon, cuyas versiones más recordadas fueron encarnadas por los célebres Jack Lemmon y Walter Matthau en el cine (1965) y por Tony Randall y Jack Klugman para la serie televisiva de los 70.
-¿Hasta qué punto el personaje los agarra a ustedes, o ustedes agarran al personaje?
-Felipe: Yo soy mucho más serio que Luciano (ríe)… noo , los dos somos un poco así. El Luciano aparentemente pareciera ser más parecido a su personaje de lo que es, pero en realidad creo que  tiene de los dos lados también: es bastante relajado a veces, y otras, como súper esquemático.
-Luciano: El Felipe dice que soy esquemático gueón, es una pésima definición (risas). No, como actores uno está haciendo arquetipos, sobre todo en este caso en particular, donde los personajes son muy arquetípicos. Y evidentemente hay algo de uno en eso, en todos los personajes. Pero siempre pasa. Me acuerdo cuando yo hice de un borrachín en canal 13, y me preguntaban si era parecido…
-Axel Schumacher de “Fuera de Control”…
-Ponte tú, en “Fuera de Control”. O en Televisión Nacional, cuando hacía de malo, lo hice por docenas, también. Pasa un poco, lo lógico es que las personas que ven los trabajos tienden a hacer esas identificaciones. Pero no necesariamente pasa por eso, lo que pasa es a todos los personajes, sean como sean, uno les va integrando de la cosecha propia, porque el único material que uno puede trabajar es la biografía de uno. Pero, en este caso, estamos trabajando el arquetipo que funciona muy bien para que este tipo de  comedia se dé, para que se produzca. Tiene que haber un personaje muy serio o muy pavo, muy inocente, y otro muy pasado para la punta para que la comedia se genere y funcione.
-Se dice que cada vez aumenta más la gente que quiere vivir sola, o acompañada de un amigo o amiga a los treinta y tantos, una edad en que antiguamente ya se tenía barba, guata, dos hijos… ¿qué creen que está pasando?
-Felipe: A mí lo que me sorprende ahora, más metido en la generación de los 30 y los 40, es la cantidad de temas que aparecen. Es impresionante porque es una generación con un legado que tiene mucho que decir, es una época muy conflictiva. Tú estás entre que decides tu vida y te quieres establecer –y eso a lo mejor pudo ser antes a los 20- o vivir una vida más al lote.
-Luciano: Creo que las vidas se han alargado por una parte, y por otro lado tengo la impresión de que -por lo menos en la generación nuestra y para abajo- la gente está postergando lo que generalmente se pensaba como “las posiciones fundamentales de la vida”. Porque también está la idea de tener ciertos logros en términos personales, ¿te fijai? Sin embargo, a los 30 o los 40 ya tomaste algún camino. Es distinta la vida a los 20, donde la posibilidad de otro camino siempre está al frente. A los 30 ya no, a los 30 ya fuiste, ya partiste siendo algo y tomaste opciones, equivocadas o no. Sin embargo, todavía se conserva la idea de alargar esto de que “ya te empezaste a plantear la vida, pero todavía eres joven”. Entonces, la cantidad de temas que se producen son enormes. Ya estás trabajando como un adulto, pero también te puedes cuestionar ¿oye, en realidad estoy trabajando lo que quiero? ¿Esto es lo que soñé? Pero ya tomaste una decisión.

“La dupla funciona, y bien”

Al igual que colegas suyos como Benjamín Vicuña y Gonzalo Valenzuela (dueños del Centro Mori), Luciano Cruz-Coke y Felipe Braun pertenecen a una generación de actores con una mentalidad diferente a la mayoría de su predecesores; la de emprender y autogestionar sus propios proyectos, y para ello, la base de sus operaciones se concentra en su teatro Lastarria 90. Desde su fundación en 2001 a la fecha, el espacio sin fines de lucro se ha consolidado como uno de los escenarios claves para la escena del teatro emergente santiaguino, mediante un sistema de gestión que permite, a jóvenes compañías seleccionadas, estrenar de forma gratuita sus montajes durante cuatro semanas (sólo pagando luz y agua). El financiamiento ha sido aportado por diversas instituciones ligadas al apoyo cultural, como el Fondart, Fundación Andes y -vía Ley de Donaciones Culturales- empresas como Minera Escondida o CCU. El año pasado, el modelo se amplió también para el área del cine digital; de la primera postulación, un total de nueve jóvenes realizadores tendrán la oportunidad de grabar, editar y presentar sus trabajos en alguna de las dos salas del inmueble. La convocatoria también incluyó invitaciones a destacados realizadores nacionales como Gonzalo Justiniano (“Caluga o menta”) y Sebastián Lelio (“La sagrada familia”).
Pero los proyectos también se amplían al ámbito televisivo, a través de dos series de propia autoría: aunque aún no desean entregar muchos detalles, cuentan que una se llamará “Historias de bar”, y consistirá en una serie de capítulos independientes de 54 minutos cada uno, y que, en lugar de protagonistas, contará permanentemente con actores invitados. Ya tiene listo su piloto y está en pleno trabajo de guión. La otra, de nombre tentativo “Hospital San Lucas”, será protagonizada por la dupla y tratará historias de psiquiatras. Además de Cruz-Coke y Braun, el proyecto contará con la participación y asesoría de destacados psiquiatras vinculados al área dramática como León Cohen y Marco Antonio de la Parra. “Es una serie en Alta Definición, capítulos de 52 minutos y será un drama con un poco de humor negro”, adelantan. Sin embargo, entre todos, el cine es un tema que más les apasiona, y lo evidencian.
-¿Está la actividad del cine nacional pasando por una crisis de financiamiento, al menos el cine de autor? En conversaciones con Andrés Wood y Alberto Fuguet se percibía una preocupación por la lejanía del público, y por la dificultad creciente para conseguir fondos para un largo tradicional de 35 mm…
-Luciano: Yo creo que lo que se ha producido -y nosotros nos adelantamos, ciertamente- es el darse cuenta que el cambio de mentalidad se produjo, que el cine cambió, sobre todo en las condiciones de una industria como la nuestra, donde tú haces una película de seis millones de dólares y van 20 mil o 40 mil personas apenas ¿Cuánto lleva López?, nada. Te nombro el caso particular de “Santos” para graficar un ejemplo flagrante de fracaso. Así como el de él hay miles de ejemplos a lo largo de la historia del cine chileno, donde los gallos venden autos, casas, hipotecas, se meten en créditos, firman una vez, y después logran, después de 15 años, sacar otra película. Entonces, obviamente hay algo que está funcionando mal en términos de sistema de producción, y lógicamente el digital, como formato de grabación de películas, es evidentemente inferior al cine de 35 mm, pero no tan inferior al 16 mm, perfectamente puedes contar una película sin desfinanciarte para la vida, y la lógica y los hechos indican, que las películas chicas, traspasadas al 35mm, logran buenos resultados en festivales grandes. Y el digital por sí mismo también está abriendo nuevos caminos de cine hecho y terminado en digital. Qué hicimos nosotros: compramos todo el hardware para hacer películas y los pusimos a disposición de los cineastas. Y la idea fluye y existe.
-Felipe: Me da risa cuando dices que los cineastas están cautos, porque –Wood puede ser una excepción- se dan cuenta que no se han financiado ninguna de sus películas, y la mayoría de los cineastas han reportado pérdidas y muchos hemos trabajado gratis para sus películas. Yo este año no sería cauto, yo este año estoy mucho más optimista porque existe el cine digital, y ya existe gente que les  gusta verlo. Entonces, por fin las películas tienen público, las otras no tenían público.
-Me refiero a que Wood, aún con la buena acogida que tuvo “La buena vida”, señalaba que el cine chileno estaba alejado del público, y que, en el cine a gran escala, cuesta cada vez más encontrar financiamiento para las películas…
-Felipe: Puede ser que este año le cueste más conseguir plata, pero esa es la realidad que viven la mayoría de los cineastas; que en el fondo es financiar una película y no recuperar el dinero o quedar con pérdidas.
-Luciano: Y además que parece que para colmo de males, se ha transformado en una costumbre absolutamente aceptada: el saber que vas a salir a hacer una película, pero saber que no vas a tener plata… lo cual es ¡ridículo! para cualquier pretensión que tenga el país de hacer una industria. Eso es un concepto contra el que yo me he revelado toda la vida: los artistas no tenemos por qué hacer cosas por amor al arte. Está bien que nos guste, que amemos lo que hacemos, pero esto tiene que llegar a un cierto punto de equilibrio, y es porque también los proyectos que nosotros hemos impulsado desde Lastarria 90 parten del piso de que la cosa tiene que funcionar por sí misma, ¿te fijai? Así es Lastarria 90 como teatro, así mismo es Lastarria 90 en el cine digital. No se puede pensar en que el artista va a estar financiando la cultura del país, eso es ridículo, que generalmente sea el tío, la tía, el amigo, el crédito en el banco, el que financie que un tipo vaya a ver a una película chilena, porque el Estado no lo hace. O porque no hace la totalidad del trabajo que debe hacer. No puede ser.
-Se suponía que mucho de eso ya había cambiado; esa situación que describen era como lo fotografía que había en los 90, la época del cine chileno que el periodista Ascanio Cavallo tituló como “Huérfanos y Perdidos” en su libro; pero se empezó a crear el Fondart, el apoyo de CORFO, luego la ley de Cine… las cosas deberían haber mejorado un poco…
-Felipe: Se supone que se creó un piso. Pero habría que ver cuántas de esas películas se han financiado, cuántas no han quedado con deudas…
-Luciano: Yo creo que un 1%
-Felipe: El 1%, con suerte. “Radio Corazón” puede ser, “Machuca”…
-Luciano: El problema no está en la materialidad de la película. El problema está en la historia. Nosotros hemos avanzado técnicamente, los actores creo que funcionamos en el formato… los técnicos… tu vas a Filmo, y encuentras la mejor calidad de postproducción de Latinoamérica. Pero… nos estamos cayendo en historias, nos estamos cayendo en tener guiones buenos.
-Felipe: Falta más apoyo en la promoción, en la cuota por campaña, que la gente no puede competir contra las películas gringas, nosotros no tenemos tiempo para estar tampoco.
-Luciano: Falta mucho, pero particularmente guiones. Y eso, porque en Chile se considera el guionista particularmente como una suerte de profesión menor, como una especie de trabajo de artesanos delegado a periodistas, estudiantes de estética. No hay especialistas en el guión, y además, hay un convencimiento de que cualquiera que sepa escribir bien dos palabras es guionista, y eso es mentira. El guión es un sistema, es una máquina compleja que hay que hacer funcionar
-Ya habían tenido una experiencia similar de roles antagónicos en la película “Se arrienda” (en la cual actuaron y co-produjeron) como Gastón Gómez y su cambiado amigo Balbo ¿Se imaginan dejando una firma con esta dupla, encarnándola hasta cuando cumplan 70 años, tal como lo hicieron  Jack Lemmon y Walter Matthau en el cine?
-Luciano: ¿Y hacer la dupla “Una pareja dispareja de por vida”? Noo ¿Me preguntas si me voy al infierno? (risas). No, sería simpático hacerlo, pero…
-Felipe: Hacerlo en películas en general sería entretenido, porque es un tema que tiene que ver con la confianza, mientras más conocida sea la persona con la que trabajas, mejor: salen más entretenidas las escenas, uno lo pasa mejor. Pero, también es agotador para nosotros, por la cantidad de trabajo que tenemos afuera, el vernos todo el día.
-Luciano: Tenemos una dinámica de peleas permanente durante los años que ha funcionado bien (risas).
Felipe: Siempre estamos entre que peleamos y luego conversamos.
-Luciano: Somos como esos países mal avenidos, pero que se quieren.
-Felipe: Podemos tener discrepancias, pero al final de cuentas la dupla anda, funciona, porque también es una manera común de ver ciertas cosas, por ejemplo, la industria del cine, o cómo vemos el teatro, o lo que creemos para la televisión, que son finalmente ámbitos en los que hemos trabajado muy mancomunados. No sólo desde el punto de vista de la experiencia, que es más o menos similar en cuanto al tiempo que llevamos trabajando –más o menos quince años cada uno en la tele- sino con proyectos que también hemos hecho juntos –siete años con Lastarria 90-  ya medio que empiezas a entender el punto de vista del otro y a compartir una buena cantidad de puntos de vista respecto de lo que uno hace. En término artísticos nos entendemos muy bien, y funcionamos en una dinámica de conflicto consensuado.

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