Luto jurídico

El fallecimiento de don Máximo Pacheco Gómez enluta al Derecho y a cada uno de sus cultivadores. Le conocí por más de cuatro décadas, desde mi época de “mechón”, cuando me paseaba estudiando un voluminoso “Teoría del Derecho” por el barrio universitario, detrás de la laguna de los patos y cisnes. Fue una mañana de crudo invierno, cuando vi acercarse a un caballero de elegante abrigo gris y lentes ópticos que atreviéndose a desafiar el barro quedó a unos metros de mi posición cerciorándose del título que leía y nada menos que de su autoría.
Me preguntó qué me parecía y le respondí que en mi mechonesca opinión era un texto didáctico para quienes comenzábamos a acercarnos al Derecho. La respuesta satisfizo su espíritu y la agradeció con humildad.
Fue en ese humedal, parados en medio del barro que nació una respetuosa y franca amistad de 40 años.
Jamás imaginé que transcurriendo la última década del siglo 20 la vida me permitiría proponerlo como candidato al Premio Ciencias Jurídicas y Sociales de la Facultad de Derecho de la Universidad San Sebastián, querida Escuela de la cual fui su Decano, fundador y profesor hasta el día de hoy, cuando ya han transcurrido más de veinte años.
Alumnos y profesores lo investimos reunidos de manera ad-hoc en una inolvidable ceremonia en el Salón de Honor de la Municipalidad de Concepción, copado por alumnos, docentes, profesionales del foro y la magistratura, distinguidos colegas abogados y público. Tanto se emocionó don Máximo que cuando avanzó desde la testera hacia la salida, entre aplausos y vítores puso su mano derecha en el lado del corazón, y, repetidamente, mientras caminaba observando agradecido, hacía el gesto de lanzarlo hacia el público que lo aplaudía de pie.
Jamás olvidó aquella ceremonia. Me lo repitió cada vez que nos encontramos en Santiago, tanto en su hogar como en su estudio y oficina, incluso en amenas reuniones sociales y citas gastronómicas inolvidables.
Brillante abogado, destacadísimo profesor de Derecho, Decano, Embajador, Ministro de Estado, insigne defensor de los Derechos Humanos, importantísima figura de la Democracia Cristiana. Sin duda, puso en jaque la magnifica obra Weberiana del “Político y el Científico” cumpliendo ambos roles a cabalidad, con excelencia. Auténtico prohombre que enseñó a generaciones y cuyas páginas de sus tantas veces reeditadas obras engalanan anaqueles, bufetes y bibliotecas del Derecho en los cinco continentes.
Por cierto una honrosa y hermosa amistad. En muchas cosas no pensábamos igual. Sí, como profesores de Derecho, en que la mejor definición del mismo fue la que nos regaló Recaséns, quien lo definía como “Un trozo de vida humana objetivada”.
Descansa en paz ilustre amigo, gracias por tus enseñanzas.
 
Prof. Dr. Marcelo Contreras Hauser.
Dr. en Ciencias Políticas y Sociología.

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