Manuel Blanco Encalada, primer “Presidente de la República”

 

Profesor Andrés Medina Aravena.
Licenciatura en Historia UCSC

El 8 de julio de 1826, ante las reiteradas renuncias que Ramón Freire había presentado a su cargo de Director Supremo, y debido a la exitosa actuación de Manuel Blanco Encalada en la liberación de Chiloé, el Congreso lo eligió (con carácter transitorio) como jefe supremo del Estado. Un evento no menor, no solo por tratarse del más alto puesto ejecutivo, sino también, por ser la primera vez en la historia política de Chile en que se utilizó el título de presidente de la República para designar a la máxima autoridad del Estado.

Otra cosa que podría hoy llamar la atención de ese nombramiento es que Blanco Encalada se convirtió en Presidente sin haber nacido en territorio chileno. Sin embargo, en esos primeros años de vida independiente de las naciones americanas, el sentido de nacionalidad no estaba sólidamente afincado. Así quedó demostrado cuando se ofreció la dirección suprema a San Martín o al primer ideólogo del proceso emancipador, Martínez de Rozas, ambos nacidos en el virreinato del Río de la Plata.

Por su parte, Blanco Encalada había nacido en Buenos Aires, donde su padre -español de origen- fue oidor de la Real Audiencia, mientras que su madre, Manuela Calvo de Encalada, provenía de la aristocracia criolla chilena.

Siendo aún un niño, a los 12 años fue enviado a España para ingresar a la marina de guerra, donde se distinguió, en 1808, en un combate con naves francesas que bloqueaban Cádiz, desempeño que le mereció una condecoración y un ascenso en su carrera naval.

Ese mismo año se le envió a América, donde fue atraído por el discurso emancipador, y al llegar a Chile como capitán de artillería, unos años después, se unió a las fuerzas criollas que terminaron obteniendo la independencia nacional.

 “La tarea de organizar desde cero la Escuadra Naval fue titánica, y tuvo a Blanco Encalada como el entusiasta brazo ejecutor de las ideas de O’Higgins y del ministro Zenteno. Debió velar por la incorporación de nuevas naves, buscar tripulaciones completas, reformar el primer escalafón interno, y organizar un batallón de infantería de marina y una brigada de artillería de costa”.

Es en la etapa conocida como Patria Nueva, luego del triunfo de Chacabuco, que Blanco Encalada se revela con claridad como protagonista del conflicto. Para O´Higgins, los triunfos terrestres no eran suficientes: debían dominar el Pacífico, algo que solo se lograría creando una escuadra. Para lograr ese objetivo compraron algunas naves (y se apoderaron de otras), dando origen a la Comandancia General de Marina.

En junio de 1818 se nombra comandante en jefe de esta institución al comandante de artillería Manuel Blanco Encalada que, a la sazón, tenía solo 28 años. A pesar de su juventud, el trasandino gozaba de una gran experiencia militar, a la que se sumaba la madurez dada por el sufrimiento vivido durante dos años de presidio en la isla Juan Fernández, hasta donde llegó por su pública adhesión a las ideas independentistas. Tras su liberación, canalizó toda su experiencia en acciones militares al mando de la artillería patriota, que logró escapar del desastre de Cancha Rayada, y que tuvo una destacada participación en el triunfo de Maipú.

La tarea de organizar desde cero la Escuadra Naval fue titánica, y tuvo a Blanco Encalada como el entusiasta brazo ejecutor de las ideas de O’Higgins y del ministro Zenteno. Debió velar por la incorporación de nuevas naves, buscar tripulaciones completas, reformar el primer escalafón interno, y organizar un batallón de infantería de marina y una brigada de artillería de costa. Sin embargo, en agosto de 1818 ya le escribía a O’Higgins: “La escuadra está lista… No falta más que echarle víveres, gente y algunos cañones, y largarla a la mar. Su fuerza es tal que puede hacerse dueña del Pacífico”, le aseguraba.

En medio de este escenario llegó a Talcahuano la fragata española Reina María Isabel, en un intento por terminar con el naciente gobierno. No obstante, las naves chilenas San Martín y Lautaro -dirigidas por Blanco Encalada-, luego de un intenso intercambio de fuego de fusilería, y a pesar de los refuerzos realistas llegados desde Concepción, lograron apoderarse del buque español que había varado en la isla Rocuant, y sacarlo a la mar.

La captura de la fragata española marcó en esos días de fines de octubre el primer triunfo de la recién creada Escuadra Nacional, ahora fácilmente reconocible por la bandera chilena que ondeaba en sus navíos. Esa victoria en su primera salida a combate, al mando de su comandante en jefe, fue el paso inicial para concretar el sueño de asegurar el dominio del mar, fundamental para seguir sumando éxitos militares en tierra.

Hoy, en recuerdo de esa gran gesta heroica, la calle más cercana al mar en el puerto de Talcahuano lleva el nombre de Manuel Blanco Encalada, como sincero homenaje a este protagonista de las luchas emancipadoras, primer comandante General de la Marina y primer Presidente de la República.

 

 

 

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