MARZO CHILENO: ¡PARTIERON!

Sociológicamente, la realidad vivencial de la sociedad chilena se inicia en marzo. Es ahí cuando desde parvulitos hasta abuelitos entran en tierra derecha. El año nuevo, ese del primer día de enero, significa para nosotros en el hemisferio sur del mundo, la puerta de entrada a un par de meses estivales, vacacionales, que directa e indirectamente invitan al descanso en plenitud, fiestas costumbristas, viajes familiares, festivales y más. Corto período criollo en que suele imperar la sentencia del “Cumpa” de Condorito: “No se fije en gastos, compadre”…. Y, ligerito, llega nuestro marzo, ese que estamos viviendo y en el que hasta el clima se pone más duro. Iniciase el cóctel de urgencias, trabajos, cesantías, estudios, necesidades, préstamos, coberturas de los mismos, strés, bancos comerciales y perentorias llamadas telefónicas del ejecutivo de cuentas, neurosis y ansiedades, crisis de pánico, y otras.
El caso es que en esta loca carrera del marzo nacional, del hípico ¡Partieron!, los chilenos estamos condenados desde siempre a montarnos en “No Alcanza”, hermoso animal largo y angosto que adoramos pero que nos hace sufrir desde la partida hasta la meta. Normalmente ubicado en lugares placé, tan sólo muy de vez en cuando gracias a la congénita sufrida habilidad del jinete chileno – parido y desarrollado en la adversidad – logra llegar en primer lugar. El chileno medio, ese como Ud. o como yo, sabe que en el país es tan pesada la pista para los honestos que resulta más preciso hablar de reemprendedores que de emprendedores. Nada tiene mayor sacrificio en Chile que la honestidad, consustancial a la inmensa mayoría trabajadora de la población.
El chileno ¡Partieron! encuentra en el Rodeo su fiesta nacional. Tremendamente simbólico respecto del carácter chileno sociológicamente considerado. Efectivamente, la medialuna implica: acceso de animales, apiñadero y paredones de atajadas con puntos por las mismas. Cuatro puntos, la que más vale, la del ijar que equivale al último cuarto del animal, el trasero, si ese que “tira para la cola” en el aprete o empellón; tres puntos, el que se hace hacia la mitad del animal, el típico “más o menos” chileno; dos puntos, el realizado sobre la paleta, que va sobre las patas delanteras; y, cero puntos, al del cuello y cachos, es decir la cabeza. Sí, es la cabeza la que menos valoramos y ocupamos en esta tierra progresivamente tropical de iniquidades e inconsecuencias varias, que a partir de marzo se hacen sentir en la ciudadanía.

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