El movimiento feminista tuvo un 2018 fecundo. Violencia de género, femicidio, aborto, abuso, equidad de género y educación no sexista son conceptos que quedaron luego de la ola de marchas, tomas, conversatorios y acciones por los derechos de las mujeres. Por primera vez exigieron reivindicaciones sólo para ellas. El tema tocó todo el tejido social, y la comunidad, de a poco, comenzó a cambiar su trato, lenguaje y su disposición ante estos tópicos. Eso ya es un logro. Ahora, es el momento de consolidarlo.

Por Loreto Vial.

Este artículo fue publicado en febrero de 2019, por lo que algunos datos podrían haber cambiado.

La prensa habla de 200 mil mujeres que marchaban en Chile el 16 de mayo de 2018. En Santiago, en Concepción y en distintas ciudades, donde el movimiento feminista se había activado de la mano de las universidades, ellas salieron a la calle, gritaron y lograron cambiar a nuestro país para siempre.

Mayo fue el mes en que comenzó a gestarse esta verdadera revolución, una de las transformaciones sociales más poderosas de los últimos años. Las mujeres, en forma inédita y transversal, exigieron a la sociedad eliminar el sexismo en las aulas, en el trabajo y en la vida cotidiana, reclamando un entorno que las hiciera sentir seguras, respetadas y escuchadas.

Sostenían que fueron muchos años de moverse en territorios donde los privilegios machistas eran excesivos, y normalizados por las costumbres y la indiferencia. La ola que trajo el movimiento #metoo, los femicidios que se repiten en países vecinos y en el nuestro; la violencia de género, los abusos, la injusticia laboral y la violencia verbal no iban a pasar inadvertidos esta vez. Y se logró. El primer paso de visibilizar y traducir el espíritu feminista por todo el tejido social está hecho. Ahora resta seguir empujando el carro para que las demandas feministas coincidan con las políticas públicas.

Psicóloga Rocío Pedreros.

Eso es lo que espera Rocío Pedreros, psicóloga, feminista y miembro de Legatarias, un grupo de acción política que se moviliza también por los derechos de las mujeres.

“Sabemos que aún falta mucho por hacer pero, sin duda, Mayo Feminista (que es como se le llama al movimiento de 2018) significó un remezón en las instituciones, y lo vimos reflejado en muchas transformaciones concretas. Por ejemplo, hoy existen protocolos de abuso en las universidades, sucedió la desvinculación de ciertos profesores que participaron en abusos, y se observa también en las reprimendas a alumnos abusadores o violadores”, describe Rocío.

Es lo mismo que detecta Camila Inostroza, también psicóloga, y miembro de la Coordinadora de Mujeres y Lesbianas Feministas Autoconvocadas. La joven profesional insiste en que lo conseguido por el movimiento en el último año no es solamente un triunfo “para la foto”, pues de a poco comienzan a instalarse acciones como las que ella misma ha podido presenciar en Europa, sobre todo en España. “Creo que lo fundamental del movimiento feminista es que ha logrado llegar a la cotidianidad. Ahora podemos ver proyectos de ley que se encaminan a frenar la violencia, y la creación de estatutos o protocolos en diferentes instituciones. Pero lo fundamental es que hoy el feminismo es un tema de sobremesa. Se conversa en la familia, en el trabajo, con los amigos. Se ha esparcido por todo el tejido social, y eso es lo relevante. Ahora nos cuestionamos lo que fomentamos en nuestra vida diaria, con las niñas, con los otros, con nosotras mismas”, enfatiza.

La Coordinadora de Mujeres y Lesbianas Feministas Autoconvocadas surgió para conectar a las mujeres, y para difundir ideas contra los prejuicios. “Al principio del año 2011 comenzaron las demandas sociales por educación. Las mujeres desde entonces comenzaron a decir no, no podemos quedar relegadas a un segundo plano. Si se estaba demandando educación de calidad, o si otros grupos defendían los territorios, entonces las mujeres también debían cobrar su espacio. No podían estar en un lugar secundario. Es parte de una batalla que es mucho más grande, y que se lidia a nivel mundial”, sentencia Camila.

De a poco se va avanzando en lo público también. Rocío y Camila aplauden las ordenanzas contra el acoso callejero que han impulsado los municipios de Las Condes, Recoleta y Cerro Navia, y creen que la medida debería extenderse a todas las ciudades junto con otras demandas que consideran prioritarias.

La más importante de todas esas luchas es la Ley de Aborto, universal y gratuito para las chilenas. Un tema que “no es tema” para el Gobierno por ahora.

La Secretaria Regional Ministerial de la Mujer y Equidad de Género, la abogada Marissa Barro, indica que el Gobierno ya se pronunció al respecto, pero más que en el Ministerio de la Mujer, está en manos del Ministerio de  Salud. Aunque “no es un tema en el que el Gobierno esté trabajando”.

Sin embargo, la autoridad regional reconoce que el movimiento feminista tuvo el mérito de impulsar una transformación en el país, y que muchas de sus propuestas están en sintonía con la Agenda Mujer que se lanzó el año pasado, también en el mes de mayo.

“El movimiento feminista sí visibilizó conceptos que estaban ocultos, y que si bien eran parte del día a día, no se veían como un problema urgente. Acoso, abuso, malos tratos en la relación de profesores con alumnas, los que eran algo bastante habitual. Gracias al movimiento, esos temas se pusieron sobre la mesa y esta nueva generación dijo ‘basta’. No podemos continuar con los ojos cerrados y haciendo vista gorda, naturalizando acciones que no deberían ser normalizadas”, destacó la Seremi.

Dice que muchos de los puntos que se incluyeron en la Agenda y que fueron levantados como causa feminista venían en el programa de gobierno del Presidente Piñera.  “El ruido fue de tal magnitud, que creo que el Gobierno reaccionó de manera certera, y muy a tiempo, presentando esta serie de medidas”, acotó.

Marissa Barro, Secretaria Regional Ministerial de la Mujer y Equidad de Género Biobío.

Aunque la causa abortista es la piedra en el zapato, hay otras normativas que impulsa el actual Gobierno que sí coinciden con la nómina de las feministas.

La Seremi dice que es prioritario concretar la Ley de Violencia Integral, que incluye la Violencia en el Pololeo, y otras  tareas de formación y toma de conciencia que apuntan a la transformación social. “No sacamos nada con aprobar más leyes, realizar reformas o aumentar penas, si esto no se acompaña de un verdadero cambio social, que necesitamos para acabar con todas las formas de violencia”, enfatiza la autoridad regional.

Recientemente, los Ministerios de la Mujer y Educación firmaron un convenio por una educación con equidad, que desarrollará su trabajo desde la primera infancia, brindando a las niñas herramientas para que puedan definir su futuro libremente y terminar con las diferencias educativas. Esto se traduce en tres áreas esenciales: la primera es educación de calidad sin sesgos de género, que garantice equidad en los procesos de aprendizaje de niños y niñas.

Segundo, más vocaciones y oportunidades para que niñas y mujeres adolescentes elijan libremente su proyecto de vida, y tolerancia cero a la violencia de género en educación parvularia, escolar y superior.

“Como dijo la ministra Isabel Plá, vivimos en un período de transición en que estamos pasando del Chile de siempre, con todas las arbitrariedades y discriminaciones, a un Chile totalmente distinto, donde las nuevas generaciones no aceptan el silencio y son más empáticas. Eso es lo que queremos. Ésta es una enfermedad que tenemos como sociedad, y como sociedad tenemos que resolverlo”, sentenció la autoridad.

Un movimiento con historia

Los aportes de este movimiento en Chile se aprecian en cuatro períodos. Primero, el sufragista, que consiguió el derecho a voto para la mujer en 1949. Fue cuando la mujer logra participación política y se empodera ciudadanamente, incluso, con un partido político, el Partido Cívico Femenino, y el Memch, Movimiento Pro Emancipación de las Mujeres Chilenas. Después, en dictadura, las mujeres se organizan para movilizarse en contra, y manifestarse en Oposición. Y luego vino un período más institucionalista, donde las acciones de las feministas se reflejaron más en políticas públicas. Por ejemplo, cuando se penaliza la violencia intrafamiliar y se concreta la creación del Sernam.

Camila Inostroza, psicóloga.

El más reciente, el Mayo Feminista, se tomó todo 2018, y se concentró en visibilizar la violencia y los abusos dentro de los espacios educacionales. Partió con la educación no sexista, pero traspasó ese segmento para poner en la palestra todo lo que sufren las mujeres, incluso, en lugares que aparentan ser seguros.

Uno de los aspectos importantes que se ha podido rescatar es la visibilización de la violencia en las esferas privadas de las personas. La psicóloga Rocío Pedreros dice que “las mujeres tienen la percepción de que la violencia intrafamiliar o contra las mujeres es algo personal, que te pasa porque eres tú, porque tú hiciste algo para que te sucediera, porque tienes la culpa de algo…”.

Agrega que Mayo Feminista ha posibilitado que ellas vean que la violencia no es culpa suya, sino que es algo por lo que pasa gran cantidad de mujeres. “Las víctimas ya no se sienten solas, ya no se culpan, y eso libera y empodera. Hay muchas personas que lo primero que indican al contar su experiencia es que, en realidad, no saben si ‘esto es abuso’. Dicen: ‘quizás yo lo imaginé’, ‘quizás lo soñé’. Después de este movimiento, las mujeres han comenzado a verbalizar su abuso, diciendo: ‘yo fui abusada, o yo pasé por tal o cual experiencia’. Esto logra que ellas tengan una mayor conciencia de sí mismas, las fortalece, y comienzan a sanar”, explica Rocío.

Cuestionarlo todo

El feminismo está ligado a la liberación, al aborto, que son temas que no se conectan con las estructuras conservadoras. El prejuicio que reina de que todas las feministas son mujeres traumadas, despechadas o lesbianas, ellas lo responden así: lo que pasa es que el feminismo desestructura todo lo social, y eso no es grato para muchos.

“Pienso que es natural que los hombres se pongan en contra del feminismo, porque es una práctica política que derrumba el cimiento de la sociedad en que vivimos, en la que ellos tienen los privilegios. Dicen: ‘las feministas odian a todos los hombres’. Pero en realidad no es eso. O dicen: ‘se hacen feministas porque tienen malas experiencias con los hombres’, pero el discurso está mediado por lo que les enseñaron. Nadie se salva de actitudes machistas, porque fuimos formados así”, asegura la psicóloga Camila Inostroza.

El prejuicio se evidencia porque el feminismo cuestiona todo. Hasta la misma femineidad y el rol de las mujeres, cómo deben ser o cómo deben vestir, agrega Rocío. “Nada de despechos o traumas. En lo personal, nunca tuve una mala experiencia con mis pololos o mis parejas; al contrario, siempre estuve con hombres súper decentes. Esto de acercarse al feminismo viene de una toma de conciencia. Es mirar a tu mamá, a tu tía y a todas las mujeres que han sufrido o a las que han matado”.

Los hombres no pueden entender la experiencia corporal de ser mujer, no tienen los mismos miedos que nosotras. Ser mujer para muchos es pelo largo, depilación, modales, maquillaje, pero por qué si cada persona tiene derecho a ser la versión que quiera de sí misma. Ambas psicólogas aseguran que las feministas tampoco cuestionan a las mujeres que por su propia decisión encajan en el prototipo “femenino”, sino lo que quieren transmitir es que nadie puede imponerles adoptar ese modelo.

Lo que quiere el feminismo es que las mujeres reflexionen. Te depilas, ¿por qué lo haces? ¿Por ti, porque es agradable para ti, o porque es lo que aprueban los demás?

El movimiento feminista ha presionado por el aborto, por las políticas anti violencia, como la de violencia en el pololeo, porque ahora sólo existe la penalización de la violencia femenina si el victimario es tu cónyuge o si tienen un hijo en común. También por el Proyecto Ley Sin  Consentimiento es Violación, que busca penalizar cualquier relación sexual que no sea consentida.

Camila alerta que son muchos los desafíos, pero también que hay hartos peligros en los que el feminismo tiene que poner ojo. Por ejemplo, es muy fácil que un partido político o ciertas agrupaciones en particular se infiltren en las causas, o que a ciertas acciones le pongan el apellido “mujer”, para que parezca que tiene que ver con este movimiento. “No se trata de ir al spa, o que en el Día de la Madre te regalen rosas y chocolates como parte de una política pública. Hay que tener la agudeza de preguntarse si las acciones van realmente encaminadas a hacer que las mujeres se empoderen en sus derechos. Hay que cuidarse de las banderas que ocupan algunos para tener éxito, pues eso es ningunear a quienes trabajamos por el movimiento”, precisó.

Los primeros pasos ya están dados. Y lo que sigue es trabajar en fortalecer a las mujeres, y mostrarles lo que valen en sí mismas. También dejar de competir entre pares y empezar a ayudarse. Que nadie nos maltrate, que veamos nuestro grado de responsabilidad en cada acción que involucra al género. De las desgracias somos cómplices si no se actúa. Pero de los logros seremos parte si exigimos, denunciamos y damos espacio a la reflexión.

O’Higgins 680, 4° piso, Oficina 401, Concepción, Región del Biobío, Chile.
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