Mejorar el nivel de vida no es sólo cuestión de producir más

Hoy en día, medir el nivel de vida no sólo tiene relación con las capacidades de producción y de consumo de los habitantes de un país, medido tradicionalmente en el PIB. De manera creciente, los ciudadanos muestran mayor interés por los temas medioambientales, de educación y cultura, por nombrar algunos, en la medida en que ellos puedan influir en un deterioro o mejoramiento de sus condiciones de vida.
En nuestro país tenemos ejemplos de sobra de cómo el empeoramiento en la calidad de vida es producto de un deterioro en las condiciones del medioambiente. Cómo olvidar en la década de los 80 la existencia de malos olores en Talcahuano, provocados por los desechos sin tratar, esparcidos al aire y al mar, lo que llevó a esta ciudad a ser considerada la quinta más contaminada del planeta, según la Agencia de Protección del Medio Ambiente de EE.UU., al punto de casi ser declarada como zona insalubre. Actualmente, la Laguna Chica de San Pedro de la Paz, uno de los espejos de agua más importantes de nuestra zona, se encuentra amenazada por la práctica de deportes náuticos propulsados con motor, prohibidos por la Resolución de la Dirección General del Territorio Marítimo y de Marina Mercante de 1989, ya que han generado o generan un deterioro en el nivel de vida de la comunidad.
La ciencia económica también se ha interesado en el medioambiente, dado que enfrenta problemas de escasez relativa. El conflicto se origina en la necesidad de decidir en torno al mejor uso social de los recursos naturales, sobre los cuales la teoría económica realiza una valorización de manera particular. Cabe preguntarse, entonces, ¿Cuánto valen nuestros recursos naturales? ¿Cuánto vale el aire limpio? ¿Cuánto vale la Laguna Chica de San Pedro de la Paz?
La economía no entrega las respuestas a estas preguntas, pues no pretende valorizar el ambiente en su acepción más amplia, sino más bien trata de cuantificar las preferencias de los individuos ante cambios en las condiciones del ambiente, de manera tal de poder comparar distintas políticas públicas, y así determinar si los recursos destinados a la conservación, recuperación y vigilancia son acordes con la valoración que hacen los individuos.
Esta valorización debería ser considerada como una herramienta más, entre una amplia gama de otros criterios, que permita a los responsables de la toma de decisiones, adoptarla de manera informada.
Lucio Kries Figueredo
Académico Ingeniería Comercial
Universidad San Sebastián.

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