Merecidas Vacaciones

Las vacaciones han existido siempre, aunque antiguamente solo algunos podían acceder a ellas, como los emperadores romanos, que mandaban construir casas en el campo para escapar del calor y ritmo de la ciudad.

Lorena Basualdo González Psicóloga Educacional Licenciada en Psicología Universidad de Viña del Mar Universidad Católica de Temuco

En el siglo XVI la idea cobró fuerza especialmente entre los británicos, que entendían las vacaciones como una oportunidad de distraerse y culturizarse, para lo que visitaban distintos lugares de Europa. Fue solo con los años que los trabajadores en general lograron acceder al derecho de “vacacionar”, concepto que viene del latín “vacans”, que significa vaciar. Es decir, estar libre y desocupado.

Hoy sabemos que las vacaciones son fundamentales, una necesidad tal como comer y dormir, y que cobra especial relevancia en estos tiempos en que estamos inmersos en una sociedad donde la prisa es un estilo de vida, que viene a sumarse a las múltiples exigencias del día a día. El trabajo, los quehaceres domésticos, el colegio, la universidad y el excesivo uso de redes sociales son parte de los factores estresantes que tensionan a nuestro cerebro. ¿Qué provoca esto? Al aumentar el estrés, se libera cortisol, una hormona que puede generar aumento de la presión arterial y mayor posibilidad de padecer afecciones cardiacas y hasta accidentes cerebrovasculares. Nos sentimos más cansados, débiles, nos cuesta conciliar el sueño, aparecen cambios anímicos, disminuye nuestra memoria y creatividad, y aumentamos de peso rápidamente, lo que nos lleva a sentirnos mal con nosotros mismos.

De mantenerse ese alto nivel de estrés, podemos experimentar lo que se conoce como Burnout, síndrome donde literalmente nos sentimos “quemados” en respuesta a un estrés crónico provocado por un ambiente con exceso de tensión, que genera agotamiento mental, emocional y físico. Esto puede llevarnos a padecer otros trastornos asociados, como ansiedad, depresión y cambios en la autopercepción. El “estar cansados” no solo nos convierte en personas más impacientes, sino que también puede provocar que tomemos decisiones inadecuadas, generando una frustración constante que gatilla finalmente en estados depresivos. Para prevenir esto, hay que darle un descanso a nuestro cerebro y dejar que se relaje, dándole unas merecidas vacaciones. Es más, desde el momento que decidimos tomarlas, nuestra mente ya se predispone a ese quiebre en la rutina, generando un cambio importante en nuestro estado de ánimo y humor. Experimentamos felicidad, alegría, adrenalina, nerviosismo, placer, libertad, entre otras sensaciones, todas al mismo tiempo. Ese es el punto de inflexión que marca el inicio de la desconexión de nuestro trabajo, un alto de todo lo que hemos realizado durante el año, y que permitirá descansar a nuestro cuerpo y mente.

Y es que descansar es tan importante como trabajar. Ayuda a reducir los niveles de estrés y de ansiedad que han aumentado a lo largo de todo el año, refuerza las defensas contra virus y bacterias, mejora el estado de ánimo y aumenta la sensación de optimismo.

Explorar destinos de vacaciones es una buena manera de estimular la creatividad y la confianza en uno mismo, y cuando ya llegamos a ese lugar y logramos descansar, el sueño resulta más reparador. Asimismo, gracias a la encefalina, una sustancia que tiene la responsabilidad de disminuir la tensión neuronal, además de liberarnos del dolor, nos vemos envueltos en una sensación de tranquilidad y calma, que nos transporta a un relajo absoluto.

Las vacaciones llegan como un bálsamo a nuestra vida, beneficiando sobre todo nuestra salud física y emocional, un estado de bienestar que provoca que liberemos endorfinas, serotonina y dopamina, los tres neurotransmisores que nos van a llenar de sensaciones placenteras, y nos harán sentirnos plenos y felices. Entonces, las horas de esparcimiento y las vacaciones son fundamentales para nuestra salud, pues le brindan a nuestro cerebro la posibilidad de producir sustancias que nos otorgan bienestar. Si no nos damos tiempo libre, nuestro nivel de estrés será cada vez mayor, haciendo cada vez más difícil el concentrarnos en el trabajo u otras tareas.

Por ello, el llamado es a valorar la importancia de descansar, lo que no implica que deba ser por largo tiempo, en un lugar lejano o en uno el que se deba invertir mucho dinero. El solo hecho de tomar unos días libres para apreciar la naturaleza -que, por cierto, sería lo ideal para desconectarse de todo- o en el destino que tú elijas para relajarte y olvidarte de las tareas diarias, permitirá que mejore el desempeño laboral y las relaciones interpersonales. Así que démosle a nuestra mente y cuerpo la oportunidad de repararse y, quizás, al regreso de nuestras vacaciones podremos descubrir una mejor versión de nosotros mismos.

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