Miguel Mendoza, el eterno dirigente de los taxibuseros de Concepción

Luchaba con ímpetu por sus ideas, gran amigo de sus amigos, entregaba confianza a sus equipos y tenía una capacidad impresionante para mirar los temas con una visión de futuro. Ése era Miguel, el presidente de la Asociación de Dueños de Taxibuses que partió el pasado 17 de enero.

publi-taxibuses(1)Cuentan que a Miguel Mendoza Sáez le cambió la vida cuando fue abuelo. Seguía siendo ese rudo dirigente de los dueños de taxibuses de Concepción, aquel que convencía con argumentos y con su presencia, el que hacía que ministros viajaran hasta el Biobío a negociar, pero cuando veía a sus 13  nietos se transformaba. En su oficina, aún quedan fotos de ellos y de algunos de sus cinco hijos junto a Ana Astudillo. La vida de este dirigente, que falleció el 17 de enero, siendo presidente de la Asociación Provincial de Dueños de Taxibuses hasta el último día, parte en la década del ‘70, cuando el empresario Mario Arriagada le vendió un bus de la entonces línea Lorenzo Arenas-Puchacay-Chillancito, hoy Las Golondrinas. Quienes lo conocieron cuentan que era amigable, que conversaba las cosas y que nunca se oponía a la iniciativa de otros, sino que aportaba para que las cosas fueran mejor, cualidades que lo impulsaron en 1979 a ir como candidato a presidente, puesto que asumió orgulloso. Algunos se opusieron, pero rápidamente notaron sus cualidades de líder. Prontamente se ganó el respeto de sus pares de otras asociaciones. Organizaba congresos con dirigentes desde Arica a Puerto Montt y llegó a ser nombrado presidente de los dueños de taxibuses de todas las regiones del país. Construyó una organización poderosa y era escuchado por presidentes, ministros y seremis. Conocido era su gran poder de convencimiento. “Tú no te dabas ni cuenta cuando decías que sí, notabas que era un hombre muy abierto, que podía convencer a la gente con palabras simples, no ‘apretándolos’. Por eso llegó a ser dirigente por tantos años”, comentan hoy sus amigos. Otro de los rasgos que llamaba la atención de Mendoza era su sabiduría. A veces dejaba pasar los temas o no los trataba en el momento, pero más tarde tomaba una decisión, que siempre era la acertada y la que más convenía al grupo. Como amigo, Miguel se entregaba y daba confianza cuando veía que sus cercanos eran leales. Siempre estaba pendiente de sus socios, incluso a veces más allá de lo estrictamente gremial, y era capaz de sacar dinero de su bolsillo u organizar actividades a beneficio cuando algún dueño de taxibús enfermaba y no alcanzaba a solventar algún costoso tratamiento. Quienes lo conocían bien, como amigo, como empresario y como dirigente, recuerdan que él era una persona muy relajada, de un excelente trato, pero que cuando debía ponerse duro y negociar lo mejor para sus asociados, no le temblaba la mano. “Si el gremio está donde está hoy, es gracias a él”, comenta uno de sus grandes colaboradores. “Es alguien que dio su vida por la organización y por el gremio. Sin Miguel Mendoza al frente seríamos muchos los empresarios que hoy no estaríamos, porque él pudo ver lo que iba a ocurrir a futuro”, complementa otro colega. publi-taxibuses(9) Dentro de sus logros, a Miguel Mendoza se le atribuye haber participado activamente en la creación del Pase para el Adulto Mayor, instrumento pionero a nivel nacional y que se piensa replicar en todo el país. La idea, a pesar de la oposición que tuvo en su momento de los mismos empresarios del transporte público, terminó beneficiando a todos por igual: a los pasajeros, al Estado y a los empresarios. Y era esa trilogía la que Miguel Mendoza siempre tenía en mente: que ganaran todas las partes. Es más, dicen que Miguel fue uno de los primeros en hablar de calidad de atención al cliente al interior de los buses, porque entendía que los sistemas de transporte público son más que sólo tener buenos recorridos y una amplia cobertura, deben velar también por factores como el buen trato a los pasajeros, el cuidado de las máquinas y medidas de prevención mínimas para garantizar un viaje seguro. Y justamente, como el hombre consecuente que era, fue uno de los gestores de exigir uniforme para los choferes y la instalación de cámaras de seguridad conectadas a una red GPS en cada uno de los buses. Ahora, el transporte público licitado del Gran Concepción marca pauta a nivel nacional y su ejemplo está siendo emulado en ciudades como Valparaíso y Antofagasta. Y de eso, Miguel Mendoza se sentía orgulloso. Dentro de sus pasatiempos favoritos estaba el fútbol, siempre apoyando al Arturo Fernández Vial. Incluso alguna vez le ofrecieron la presidencia del club, pero la descartó. “No le parecía que fuera bueno. Además, con todo lo que hacía en la Asociación, creía que era suficiente”, rememora un amigo. Su forma de ser directo, pero no violento, es una de sus cualidades más recordadas. “Don Miguel tenía una forma muy especial de dirigir el gremio”, dicen quienes trabajaron con él. “Entregaba mucha confianza a sus equipos y los alentaba a mirar hacia el futuro”, cuentan. Dentro de las tareas pendientes, en las que Miguel estuvo trabajando hasta sus últimos días, están formar el Perímetro de Exclusión, que es el paso siguiente de la licitación, y la implementación del monedero electrónico, o tarjeta de prepago, en el mediano plazo. Aunque Miguel Mendoza falleció a los 79 años, nunca perdió su vitalidad. Incluso él mismo decía que tenía “la mente muy, muy bien, pero que la carrocería le estaba fallando”. Tenía problemas a los riñones, incluso siendo trasplantado, por lo que había empezado arduas jornadas de diálisis. Nunca perdió la fuerza, ni se dejó amilanar por la enfermedad. “Una fortaleza impresionante, no dejaba que la enfermedad lo dominara. Hasta el último minuto tenía lucidez y seguía preguntando por su gremio”, comentan sus amigos. Cuando falleció el sábado 17 de enero, la noticia impactó a todos. No podían creer que ese presidente con tanto empuje ya no estaba con ellos. El día de su funeral, los discursos, las lágrimas y las muestras de cariño de diferentes autoridades y de la comunidad en general fueron multitudinarias. De ese momento, Carlos Essman recuerda: “Yo sólo pude decir que Miguel era un gran hombre, un gran dirigente, y que su legado va a quedar por siempre”.

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