Mil derivadas del triunfo de Trump

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Prof. Dr. Marcelo Contreras Hauser. Master y Dr. en Derecho y Ciencias Políticas y Sociología.

Una nueva incertidumbre asalta a los hogares de Estados Unidos y, de rebote, a los nuestros. Un candidato polémico hasta decir basta logra imponerse con toda holgura en la final de la contienda presidencial, dejando pasmados a los analistas y estudiosos de la ciencia política. Ninguno daba un peso por él. Triunfo sorpresivo a la vez que indiscutido. Toda una paradoja, ya que ni siquiera contó con todo el apoyo de su propio partido.

Transcurrida la tarde del día de la elección comenzaron a emerger las primeras derivadas o variantes explicativas de lo que sería el triunfo del magnate. Así ocurrió con los nichos eleccionarios de lo rural y lo urbano, dándonos cuenta del enorme coste de una histórica desatención para unos y otros: la exacerbada atención para con las ciudades cobraba peaje al desaire para los pueblos de menos habitantes. Craso error, dado que Estados Unidos es, primero, una finita secuencia de caseríos desperdigados a su largo y ancho, encargados de mantener una idiosincrasia exclusiva y excluyente. Tema que no cotizó Hillary Clinton y su equipo.

También falló la prensa internacional apoyando en plenitud a la derrotada candidata. Asimismo, falló el equivocado desdén y menosprecio hacia Trump.

Habrá que esperar para saber quiénes constituirán el nuevo equipo ejecutivo presidencial y, luego, percatarnos si tendrán vida propia o gobernarán tomando decisiones verticales a la voz del “amo”. Tratados y pertenencias a organismos internacionales, desde los económicos y comerciales hasta los de Defensa. Recordemos que Estados Unidos pertenece a la OTAN. Armamentos y misiles nucleares que ahora tienen un nuevo jefe. Qué duda cabe: hay preocupación mundial.

Estimamos que el principal opositor a Trump es él mismo y su criterio. Ahí radica el principal temor. El mundo desconcertado asiste impávido a esa íntima relación. De igual forma y manera le ocurrió a la perdedora Clinton, quien tenía el mismo talón de Aquiles que el actual vencedor. Por eso jamás despertó confianza y entusiasmo en su electorado. Brillaba en sus ojos una desatada ambición, y fue ésta la que le rompió el saco, como dicen las sabias abuelas.

Trump es francamente impredecible, un actor que complejiza el liderazgo político internacional. Es cuestión de tiempo para observarlo en sus acciones y omisiones.

Para terminar un vergonzoso cogollito político chileno que da cuenta de la desgobernanza: las imágenes en el hemiciclo parlamentario a gritos, garabatos, empujones y golpes, en función de un anunciado reajuste para el sector público propuesto por el oficialismo y que fracasó por dos veces consecutivas, y se aprobó apresuradamente en una tercera. Un nuevo peligroso juego: los honorables acuerdan y proponen, y una vez en sesiones ad-hoc desacuerdan y rechazan lo acordado.

¿Se da cuenta por qué los ciudadanos comunes y corrientes optamos por la “abstención” en política? En todas partes se cuecen habas.

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