Milton Ramírez, Director del Departamento de Ingeniería Industrial.

contreras
Prof. Dr. Marcelo Contreras Hauser. Master y Dr. en Derecho y Ciencias Políticas y Sociología.

Usted tiene la ventaja comparativa de tener claro cuál fue el resultado de la última elección presidencial celebrada en nuestro territorio, como asimismo de las parlamentarias y de consejeros regionales. Remito este artículo a una semana del día de aquellas votaciones con el fin de escudriñar los momentos que vivimos en el preámbulo de la contienda electoral misma.

En lo más importante se ha tratado de una elección con final anticipado, en que no había que ser analista ni especialista para tener la evidencia y seguridad de que el ganador muy por anticipado iba a ser Sebastián Piñera. ¿Y por qué tanto? Indudablemente, porque Piñera representaba al mejor candidato, al más preparado y al que supo llevar las riendas de su candidatura contra viento y marea.

Su inmediato contrincante, Alejandro Guillier, nunca apareció con carácter -en lenguaje legal, “a firme y ejecutoriado”-.  Siempre estuvo  como perdido en medio de la procesión, no daba la imagen de un líder proveído de los elementos necesarios para conducir a sus acólitos políticos. Desde ese punto de vista, jamás representó una amenaza para con el anticipado y holgado triunfo de Piñera. Además, anodino, y del todo anodino, esto es con respecto a las sopas, equivalente a una humilde sopa de quaker, con muy poco quaker y sin otros aliños.

Y a quien siempre se dio como tercera en la competencia, me refiero a la periodista Beatriz Sánchez, le ocurrió todo lo contrario. Ella le puso pino, bastante más del necesario, exagerando sus pretensiones y tratando de ponerse a la izquierda de la izquierda con resultados dispares. En general, con bastante poca credibilidad respecto de la masa electoral.

Por respeto al mundo cívico político que marca indeleblemente mi ejercicio profesional y académico de varias décadas, no me referiré a aquellos candidatos que prácticamente nunca marcaron alguna cifra importante que los hiciese aparecer con el beneficio de la duda respecto de su triunfo. En materia de sociología electoral como de derecho parlamentario no se empata, sino que se gana o se pierde. Siempre con el derecho a pataleo que confunde auténticas derrotas con triunfos que no son.

Cuando usted este leyendo este artículo, la suerte ya estará echada. De manera que se tendrá la nómina de quién ganó, porque lo cierto es que todos los demás habrán perdido. El criterio cuasi unánime del votante chileno identifica un ganador después de la segunda vuelta. Pese a todo, las distancias son tan grandes entre uno y otro competidor que estimamos prácticamente anunciada la alegría que experimentara el hasta hace poco sector opositor respecto de la Presidenta Bachelet, a quien considero como la verdadera responsable de la derrota oficialista.

La política es como la elegancia en la moda, donde  “menos es más”. La ambición exagerada de querer pasar a la historia política de nuestro país realizando infinitos cambios mal implementados autodestruyó el exceso político de quienes no dejaron un legado, sino que, según mi parecer, un auténtico desastre.

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