Monseñor Ricardo Ezzati Andrello: “Duele que nos griten pedófilos”

Entre réplica y réplica se desarrolló esta conversación, donde la máxima autoridad de la arquidiócesis de Concepción manifestó, parafraseando al Papa Juan Pablo II, que en la Iglesia no hay lugar para sacerdotes abusadores. Aclaró que sí canalizó la denuncia contra el ex párroco Karadima y aseguró que los procedimientos de la ley eclesiástica no entorpecen ni están al margen de la justicia ordinaria.
Dice que le afectó ser acusado de ocultar un caso de abuso sexual, pero que tiene la conciencia tranquila y “éste es el testimonio que más vale”, sentenció.

ezzati-3Un sismo de 5,7 grados en la escala de Richter fue el preámbulo de nuestro encuentro con el Arzobispo de Concepción, Monseñor Ricardo Ezzati Andrello (68). “Estuvo bueno”, dice entre risas, y asegura que la situación de Chile, y de la Región del Biobío en particular, luego del terremoto del 27 de febrero, fue uno de los temas que estuvo en la mesa de sus conversaciones durante el viaje que por un mes lo mantuvo en Italia: estuvo en el Vaticano informando al Papa Benedicto XVI sobre la inspección que, como visitador apostólico, realizó a Los Legionarios de Cristo en Chile, Argentina, Venezuela, Colombia y Brasil. En la tierra de Berlusconi asistió también al encuentro de obispos salesianos del mundo, en Turín; y visitó a su familia, en la provincia de Vicenza. Allí pudo reencontrarse con su hermana (otros tres ya fallecieron) y bautizar a una sobrina nieta.
Puede hablar con propiedad de la historia sísmica reciente del país, pues ha vivido los últimos terremotos que azotaron a Chile. De hecho, a los 17 años, casi recién llegado, vivió la bravura del de Valdivia, en 1960, y las réplicas que siguieron. “Pero este último fue distinto, porque nos hizo presenciar el lado más malo de la sociedad, con el pillaje y los saqueos que vimos en los días posteriores. La Iglesia justifica y comprende el actuar de la gente que buscaba alimentos. Ahí no se puede hablar de robo, porque lo que hicieron fue por extrema necesidad. Lo que sí es escandaloso es que haya habido personas que asaltaron negocios para robar televisores, perfumes, licores, eso ya es otra cosa”, sentencia.
Otras tres réplicas interrumpieron nuestra conversación, durante la cual Monseñor Ezzati desestimó las versiones que circularon -durante su permanencia en Roma- sobre las nuevas tareas pastorales que el Santo Padre estaría pensando encomendarle.
“Es verdad que el Papa tiene que nombrar un delegado para los Legionarios de Cristo; que debe nombrar al Secretario para la Congregación de la Vida Consagrada, y que tiene que nombrar al arzobispo de Santiago, pero lo que es fantasía en todo esto es mi nombre. La única novedad que podrían tener de mí, de aquí a fin de mes sería que el Señor me llamara al Reino de los Cielos”, contesta riendo.
“El Papa me nombró arzobispo de Concepción hace tres años y medio, me ha dicho que es la porción del pueblo de Dios que tengo que cuidar como buen pastor y a esta porción del pueblo tenga que dedicar mi vida hasta que él así lo determine”, asegura.

La demanda en contra de uno de los visitadores apostólicos

Mientras en Chile las placas de Nazca y Sudamérica buscan su acomodo a cualquier hora del día, en el otro lado del mundo, específicamente en México, otro tipo de movimiento alerta a los fieles de la Iglesia Católica y, particularmente, a la cúpula eclesial de ese país, cuyos máximos representantes fueron acusados por una diputada del Partido de la Revolución Democrática (PRD) como encubridores de los abusos sexuales cometidos por Marcial Maciel.
Se trata de una demanda penal que el 31 de mayo pasado interpuso la diputada Leticia Quezada contra el director de los Legionarios de Cristo, Álvaro Corcuera; su secretario general, Evaristo Sada, y varios altos jerarcas católicos como el arzobispo primado de México, Cardenal Norberto Rivera Carrera, y el obispo de Tepic, Ricardo Watty. Éste último un conocido de Monseñor Ezzati y uno de los cinco visitadores apostólicos mandatados por el Papa Benedicto XVI para inspeccionar a la Congregación creada por Maciel.
 La diputada Quezada aclaró que la denuncia se presenta “por omisión y encubrimiento” de supuestos abusos sexuales cometidos en el seno de Los Legionarios de Cristo.
Pero no sólo en México, EE.UU. y Alemania ya están instaladas demandas por abusos sexuales cometidas por sacerdotes, también en Chile y, particularmente, en Concepción, con el caso del ex Rector del colegio Salesiano, Audín Araya. La fiscalía de Concepción ya investiga cuatro denuncias de abusos sexuales en su contra, las que habrían ocurrido en el establecimiento en 2008.
-Que en esta demanda se atribuyera a Monseñor Watty un comportamiento omiso ante los abusos de Maciel ¿podría poner en tela de juicio la legitimidad de los informes que los visitadores apostólicos entregaron al Papa?
-De ninguna manera. Basta leer la declaración pública de la Santa Sede, del 1 de mayo, que yo concurrí a formular, para ver cuán claras están las cosas que se han hecho presentes al Santo Padre. No le doy importancia a este tipo de acciones. Puede venir esa demanda y luego muchas más.
-Pero se está acusando de encubridores a un cardenal y a un obispo ¿tiene que ver con la falta de transparencia que se le arroga a la Iglesia Católica en sus procedimientos a la hora de investigar denuncias contra los miembros del clero?
Creo que hay que ser serios en esto y no entrar en la banalidad de las cosas. Hay situaciones que tienen peso y otras no. Puedo ejempificar con un caso que a mí me sucedió: El Rerino, que es un diario on line de la Región, publicó en su último número que yo encubrí un caso de abuso, un caso que nunca conocí, porque jamás me lo han presentado y que es una fantasía del periodista que lo escribió. Si yo tuviera que darle peso a estas acusaciones, o a otras cosas que obedecen a la fantasía de una persona mal intencionada, no viviría tranquilo.
-¿Cómo le afecta que se acuse a la Iglesia Católica de complicidad ante estas situaciones y de guardar en un cajón las denuncias contra sus sacerdotes?
-Duele naturalmente, cómo no va a doler que un periodista a página entera escriba calumnias sobre uno. Pero tengo la conciencia tranquila y el testimonio de la conciencia es el que más vale.
Como ejemplo le puedo contar que una semana antes de mi viaje a Roma, hicimos una procesión desde la catedral de Concepción hasta el colegio Salesiano con todos los sacerdotes de la diócesis, acompañados de una cantidad enorme de personas. Desde una taberna de por ahí, una par de chiquillos medio borrachos de cerveza nos gritó pedófilos. Es algo que nos duele obviamente, pero nos anima mucho más la confianza, la cercanía, el apoyo de las personas y el sentido de fe de los fieles.

“La ley canónica no impide al Estado cumplir su deber”

El miércoles 21 de abril pasado, la Iglesia Católica Chilena vivió uno de sus días más “negros”, al conocerse la presentación ante la justicia que hizo el abogado penalista Juan Pablo Hermosilla, en representación de cuatro personas presuntamente abusadas por el ex párroco de la Iglesia Corazón de Jesús de El Bosque, Fernando Karadima. Un caso donde se sucedieron imputaciones por conductas negligentes, errores y titubeos en la canalización de las denuncias que las víctimas hicieron en su momento al Arzobispado de Santiago, reproches que incluso tocaron a Monseñor Ezzati.
-El ex novicio jesuita Juan Andrés Murillo -uno de los cuatro denunciantes del párroco de El Bosque- asegura que en 2005, a Ud., como obispo auxiliar de Santiago en esa época, le hizo llegar una carta donde relataba haber sido víctima de acoso e intento de abuso sexual por parte de Karadima, entre 1994 y 1996, pero que no tuvo ninguna respuesta.
-Me gustaría aclarar esa situación. Yo recibí de parte de un padre jesuita una carta de media página, sin firma, de un sujeto (Murillo) que vivía en Francia y que decía haber tenido conductas inconvenientes con un sacerdote, pero no entregaba nombres. Lo que hice fue pedirle al padre jesuita la dirección de esta persona, y apenas tuve esa información le envié una nota a Francia y le dije que tenía todo el derecho de denunciar su caso, pero que debía firmar su carta.
Cuando él volvió de Francia habló conmigo, y yo el mismo día hice la relación de lo que había pasado y la hice llegar a quien correspondía (al Cardenal Francisco Javier Errázuriz) y éste, a su vez, la entregó al promotor de justicia. Todo eso ocurrió el 2005. Todo eso está respaldado con documentos; además le puedo decir que yo en ese momento no tenía ninguna jurisdicción, porque era obispo auxiliar, o sea no me correspondía ningún proceder.
-¿Está de acuerdo con que algunos grupos religiosos o de fieles divinicen a sus líderes y les atribuyan virtudes “santas”, como las oídas en las defensas que hacen los seguidores de Marcial Maciel y Fernando Karadima?
-No estoy de acuerdo con eso, los sacerdotes somos simplemente ministros del señor, somos servidores y puentes, pero como todos los demás, somos miembros de una Iglesia que es santa y pecadora. Somos como los demás hombres, con las debilidades propias de la humanidad. Sin embargo, estamos llamados a vivir la santidad como un compromiso. Divinizar a alguien que no es Dios es siempre malo y es uno de los pecados más graves para la Iglesia.
-¿Cuáles son las orientaciones que debería seguir la Iglesia Católica en Chile para no perder la confianza que en ella y en su cuerpo sacerdotal han depositado los católicos, luego de la seguidilla de casos en que sacerdotes se han visto involucrados en delitos de índole sexual?
-Un abuso a un menor es un daño gravísimo, venga de donde venga. Mi primera opinión es que la sociedad tiene que asumir una postura mucho más clara, coherente y decidida en contra de este fenómeno, partiendo de las causas que lo producen y vigilando para que los derechos de los niños sean protegidos, creando todos los medios preventivos imaginables.
Un miembro de la Iglesia no deja de ser un ciudadano y, por consiguiente, está sujeto a todas las normas propias de la sociedad y adicionalmente a las obligaciones establecidas por el Derecho Canónico. Ya el Papa Juan Pablo II había dicho que en la Iglesia no había lugar para un sacerdote que cometiera actos de esta naturaleza, y el Papa Benedicto XVI ha confirmado con una conducta de gobierno su intransigente postura frente a este daño terrible. Si la sociedad entera asumiera las actitudes del Santo Padre en la lucha y en la condena de este delito, estaríamos en un camino mucho más eficiente de clarificar y de luchar en contra de este mal.
-¿Qué opinión tiene sobre el proyecto de ley del senador Alejandro Navarro que busca hacer obligatoria la denuncia de abusos deshonestos, violaciones y pedofilia a los ministros de cualquier culto y de todos los rangos jerárquicos? Actualmente esa imposición está circunscrita, según el Código Penal, sólo para Carabineros, fiscales, médicos, capitanes de puerto y aeropuertos, entre otros.
-Yo digo que el senador Navarro debiera ampliar mucho más este proyecto. Porque si usted pregunta, por ejemplo, en Investigaciones, sobre la realidad de nuestra Región, se va a dar cuenta que acá, gracias a Dios, si hemos tenido algún caso de eclesiásticos o de pastores involucrados en este tipo de delitos es un mínimo. Mi punto de partida es defender al niño de esto. Es injusto y contrario a la verdad reducir el tema, hay que enfrentarlo en toda su realidad. Me gustaría que el señor Navarro propusiera un proyecto de ley con la universalidad que esto requiere.
-¿Está de acuerdo entonces con que los sacerdotes u otros miembros de la jerarquía eclesial deban entregar de inmediato a la justicia las denuncias que reciban?
-Creo que es un camino, pero un camino que requiere mucha prudencia, porque no siempre las acusaciones que llegan son fidedignas. Según la legislación de la Iglesia Católica, el obispo está obligado a recibir cualquier tipo de denuncia, pero a través del promotor de justicia tiene que averiguar consciente y profundamente que sea verdadera.
-Leyes como ésta impedirían que denuncias por abusos, como las hechas contra el cura Karadima, no demoraran tanto tiempo en ser investigadas ¿No cree que este tipo de proyectos contribuiría a transparentar estas situaciones?
-La transparencia está. Yo creo que el proyecto de ley del senador Navarro, que no conozco, pero debiera leerlo, debería ampliarse mucho más. El que la Iglesia tenga su manera de proceder no significa que esté al margen de la ley chilena. Son dos caminos. Incluso el camino de la Iglesia es mucho más riguroso que el camino de la ley civil.
-¿Por qué la iglesia no deja esa labor a la justicia ordinaria y termina con este camino paralelo?
-No son caminos paralelos. La justicia civil es para todos los chilenos. Pero eclesiásticamente tenemos también una ley, que está constituida por el Derecho Canónico, y hay obligaciones que debemos cumplir, pero eso no nos exime de ninguna manera de lo que es la ley civil. De hecho en el caso de Karadima en este momento hay una investigación civil que estamos esperando que termine en los próximos días, y el investigador dirá si hay materia delictual. El Estado tiene que cumplir su deber, la ley canónica no exime ni impide al Estado cumplir su deber.
-El problema es que mientras la Iglesia realiza sus procesos internos según el Derecho Canónico, esos supuestos delitos no se investigan en la justicia ordinaria y los acusados siguen “libres de culpa” insertos en la sociedad.
-¿Por qué dice Ud. que no se investigan? Según lo que establece el procedimiento canónico, el promotor de justicia, que es la primera persona que recibe la denuncia, debe, como primera cosa, decirle a la persona que ella tiene todos los derechos de denunciar estos abusos a la justicia civil.
-En marzo de 2006, Alfredo Rivas Bravo reveló en un entrevista exclusiva a Revista NOS que era el menor de los dos hijos del fallecido sacerdote de El Sagrario de Concepción, Rigoberto Rivas. Aseguró que por años la Iglesia ocultó la doble vida que llevó su padre y dio detalles de los llamados de atención que recibió de la jerarquía católica y de los castigos de los que fue objeto (lo enviaban a itinerar al extranjero) por no cortar el vínculo con sus hijos ¿Qué opinión le merece este caso?
-No conocía esa historia, porque sólo llevo tres años y meses acá en la Arquidiócesis. Sí le puedo decir en líneas generales cuál es la indicación de la Iglesia en estas situaciones, y esto es que si un sacerdote tiene un hijo, su primera obligación es reconocer a ese hijo, porque el derecho natural de la paternidad es anterior y es básico frente a cualquier otra responsabilidad. La línea oficial de la Iglesia es aconsejar a ese sacerdote a que se dedique a su familia, al hijo que ha tenido y que por consiguiente abandone el Ministerio eclesiástico.

“Sería un error pensar en reconstruir sólo con el director de la orquesta”

“La reconstrucción del país no puede ser simplemente material” fue el emplazamiento que Monseñor Ezzati hizo a las autoridades de gobierno presentes en la misa que se realizó el 27 de marzo, frente a la catedral de Concepción, a un mes del terremoto. Ante la audiencia, encabezada por el Presidente de la República, Sebastián Piñera, planteó que lo material podía destruirse en tres minutos, como sucedió el 27 de febrero, y que por eso el proceso de reconstrucción debía ser integral, pues “el desarrollo de la sociedad y de las personas implica también dimensiones sociales, espirituales y éticas”
-¿Qué implica esto en la práctica?
-Significa que hay que darle espacio en la reconstrucción y en los presupuestos a temas como la educación, la participación, el desarrollo de valores espirituales, y es en ese sentido que digo que la reconstrucción de los templos es también parte del desarrollo y de la reconstrucción del país. La dimensión religiosa y espiritual es parte integrante de la persona, y si no atendemos esa dimensión, corremos el riesgo de reconstruir puentes, que son muy útiles y necesarios, pero no a la persona que fue la que se demostró dañada justamente en los hechos de pillaje y saqueos ocurridos luego del terremoto ¿Por qué repetir un error del cual nos hemos dado cuenta con un hecho tan terrible con esta pasada catástrofe?
Otro de los énfasis que para este proceso ha hecho la máxima autoridad de la arquidiócesis de Concepción es la idea de unidad en el trabajo. “Una sinfonía es hermosa cuando todos los instrumentos tocan de acuerdo con la partitura. Una tarea importante es la del director de orquesta, es decir, de quienes nos gobiernan, del Presidente de la República, de los ministros; a nivel regional la intendenta, de los alcaldes en las comunas, pero sería un error pensar en reconstruir con un solo instrumento o con el puro director de orquesta”.
Mientras estuve fuera de Chile, añade, “me mantuve diariamente informado de lo que sucedía en la ciudad; ahora me estoy informando cabalmente sobre la realidad regional, y cuando sea el momento oportuno no dejaré de ofrecer mi humilde aporte a lo que es el bien de la Región y de la ciudad”, sentencia.
-¿La reparación de las iglesias dañadas de la arquidiócesis está considerada en los planes de reconstrucción?
-Estamos trabajando en eso. Tenemos algunos presupuestos incluso elaborados; en otras iglesias se está comenzando a trabajar, tenemos proyectos de iglesia a nivel nacional e internacional, estamos activamente comprometidos y empeñados en eso. El gran límite que tenemos es el económico; si pensamos que sólo la catedral necesita un millón de dólares para su reparación, no es una cifra alcanzable para nuestra diócesis. Por eso es que insisto que la catedral no es mía, sino de los cristianos de la ciudad. Desde el Gobierno nos pidieron cuatro proyectos emblemáticos de la diócesis, que ya enviamos, pero estamos esperando respuesta.

O’Higgins 680, 4° piso, Oficina 401, Concepción, Región del Biobío, Chile.
Teléfono: (41) 2861577.

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