Nassir Sapag y la crisis: Las recetas del gran evaluador

Ha pasado gran parte de su vida estudiando posibilidades. Su prestigio como evaluador de proyectos ha traspasado las fronteras nacionales y por eso no dudamos en buscarlo para conversar sobre las oportunidades para las personas que podría traer este difícil momento económico. Estar atento a la señales y dispuestos a comenzar procesos de búsqueda parecen ser las claves.
Al recorrer la historia económica mundial queda demostrado que en todas las crisis siempre hay que gente que pierde y otra que gana. Y aunque seguramente hoy muchos chilenos se deben sentir parte de la primera categoría mencionada, siguiendo esta lógica tendría que haber en nuestro país algunas personas que se estarían beneficiando de este mal momento económico.
De no mediar salvatajes financieros, cuesta creer que alguien pueda lograr aciertos con un panorama caracterizado por alzas de precios y de tasas de interés, de restricciones de créditos, de cierres de empresas y de despidos masivos. Pero los expertos aseguran que existen personas o empresas que lo consiguen. De qué manera: estando atentos y dispuestos a enfrascarse en procesos de búsqueda para encontrar las oportunidades que surgen dentro de las crisis.
El académico de la USS y Director del Centro de Desarrollo de la Facultad de Economía y Negocios de esa universidad, Nassir Sapag Chain, ha pasado gran parte de su vida evaluando oportunidades. En su calidad de experto en proyectos, este ingeniero comercial que ostenta la condición de ser el autor chileno con más libros técnicos publicados en el extranjero, aclara de partida que esto de las crisis y de las oportunidades no es un juego matemático ni una balanza que sube en los beneficios en la misma medida que otros deben asumir pérdidas.
“No significa que si empeora la situación del sector inmobiliario, mejora por definición el sector exportador. No es así de simple”, recalca. “Cuando surgen oportunidades hay que estar atento a las señales, porque éstas no llegan solas del cielo, sino que hay que buscarlas”, aclara.
-¿Y cuáles son esas señales?
Le doy un par de ejemplos. Cuando los exportadores decían que estábamos en  la crisis del dólar, yo señalaba que era la gran oportunidad para que se importara tecnología de última generación a las universidades, para que cambiáramos los equipos médicos de los hospitales, para que las empresas aprovecharan de renovar sus activos mejorando los procesos tecnológicos incluso en las Pymes o para enviar a nuestros jóvenes a doctorarse al extranjero, entre otras cosas. Pero mucha gente no se dio cuenta que ésa era la gran oportunidad del momento. Hoy, cuando se revierte la situación y hay un dólar alto, muchos se están lamentando de no haber aprovechado esa contingencia; más todavía, porque la actual crisis los encuentra en una situación desmejorada al no disponer de tecnologías avanzadas. En cambio, los que aprovecharon el dólar bajo para equiparse, hoy pueden trabajar con costos menores, ser más competitivos, sustituir importaciones o, incluso, exportar.  Hubo exportadores que aguantaron sus empresas manteniendo su posición competitiva en el exterior, aún cuando los retornos en pesos habían disminuidos fuertemente, y hoy se felicitan de la decisión tomada.
-¿En este momento ¿quiénes pueden tener oportunidades?
Los que tienen recursos. Los que tienen liquidez, los que tenían depósitos que hoy están obteniendo mejores intereses. Creo que ellos, por ejemplo, deberían estar evaluando la idea de comprar acciones. Hay corredores de bolsa que incluso vaticinan que tú puedes sacar 12% real anual de rentabilidad, al comprar acciones que están subvaluadas en momentos en que la gente está asustada vendiendo. Porque en el largo plazo, no digo en uno o dos años, sino que cuando acabe este mal momento, esas acciones van a tener un valor superior. Eso es una oportunidad.
-¿Qué sectores de la producción podrían verse beneficiados en el país?
Como profesor de proyectos siempre digo que hay que evaluar caso a caso. Por ejemplo, podríamos vender capacidad intelectual a nuestros vecinos a través de desarrollo de sistemas informáticos, área en que se supone somos superiores. Si somos capaces de identificar qué ayudaría a Perú, a Bolivia u a otros países a reducir costos en sus propias empresas, tema del que hemos aprendido mucho en Chile, podríamos transferir nuestras experiencias. Otra oportunidad se dará en el turismo nacional, porque al subir el tipo de cambio, a la gente le convendrá más vacacionar en Chile, permitiéndole a este sector, si hace una buena oferta, sustituir los viajes al exterior que se encarecieron en términos relativos por la variación en el precio del dólar en los últimos meses.
-Y los que definitivamente no tengan opciones en esta pasada. ¿Deberían hacer algo o, simplemente, tendrán que sentarse a esperar a que se supere la crisis?
Lo peor que puede pasar es entrar en pánico. No es bueno que las empresas se desprendan de activos, porque éste no es un buen momento para vender y, seguramente, cuando acabe la crisis y quieran recuperarlos deberán pagar un precio mayor al que los vendieron. Tampoco es una solución despedir personal, ya que al volver a los niveles normales de actividad, se habrá perdido parte del capital humano calificado. Yo más bien creo que lo que hoy se debe hacer es trabajar con la máxima eficiencia, reduciendo al mínimo los costos y tiene que crearse una postura entre los trabajadores de que cuando hay época de crisis, ésta nos afecta a todos. Esto, sin embargo, no significa que esté de acuerdo con la inamovilidad del trabajador. Por el contrario, creo que en momentos de crisis es cuando menos solidario se debe ser con la mediocridad.
-¿Eso cómo se logra?, involucra apelar a un espíritu de equipo que  no todas las empresas tienen.
Yo sé que muchos dicen que cuando estamos en época de bonanza las utilidades se las llevan los empresarios, y no los trabajadores. Pero cuando el empresario obtuvo esas utilidades fue recompensado por arriesgar sus recursos, por contratar personas. Si con esas utilidades invirtió, entonces creció y dio más trabajo. Yo creo firmemente en la flexibilidad laboral, porque cada vez que se despide un trabajador por bajo rendimiento la empresa está reemplazándolo por un desocupado más calificado. No aumenta el desempleo, sino que rota la masa trabajadora en beneficio de quienes tienen un mejor desempeño. Esto motiva a los propios trabajadores a capacitarse, a hacer bien las cosas y a superarse. Creo que cuando existe un equipo formado entre trabajadores y el empresario, se puede llegar a una serie de acuerdos donde se pacte que en época de beneficios el trabajador también reciba un beneficio extra y en época de crisis también esté dispuesto a sacrificar alguna cosa.
-En Chile las empresas tienden a bajar costos despidiendo gente y algunas simplemente cerrando porque no pueden competir ¿Habría algo más que hacer en esos casos?
Yo creo que en la búsqueda de dónde se puede ser más eficiente o dónde se puede reducir costos, lo último a lo que debe recurrirse es a la reducción de personal, porque si se pierden esos trabajadores luego va a costar mucho recuperarlos.
Sin embargo, si en un determinado sector es claro que el costo que se tendrá que asumir es tan alto que es inminente un cierre, pienso que mientras antes se tome la decisión es mejor, es igual que en el matrimonio. Si supiera que con mi esposa no tengo nada más que hacer, mientras más rápido tome la decisión menos sufren los hijos. Aquí es la misma cosa, cada día que pasa, el forado se va haciendo más grande, se afecta a más gente y se posterga una decisión que se va a tomar igual. Por otra parte, creo que en Chile el nivel promedio de eficiencia no es óptimo, por lo que debe en primer lugar analizarse el mejoramiento de una situación existente. Quizás ello evite el cierre de una empresa.
-¿Ineficiencia de los trabajadores?
De los sistemas productivos, de los sistemas administrativos, del sistema de información y del trabajador mismo. Busquemos esas ineficiencias y solucionémoslas. El funcionario público y muchos trabajadores privados creen que como no es de ellos el recurso malgastado, no importa. Hay oficinas públicas donde están todas las luces encendidas incluso de día, pero hay empresas privadas donde hay descuidos con el uso del material de oficina. Entonces, hagamos un esfuerzo primero por reducir esos costos internos, por ser más eficientes y veamos qué impacto tiene y cuánto oxígeno más nos da para resistir y después tomemos las otras decisiones que son más difíciles.
-¿Cuál debería ser el papel del Gobierno en este momento de crisis?
El que más responsabilidades tiene que asumir en una crisis es el Gobierno. No puede seguir eludiendo los cambios que urgentemente se necesitan hacer en el tema tributario respecto del Impuesto de Primera Categoría. Es ilógico que hoy se tribute por las utilidades totales en vez de sólo por las que se retiran. Un cambio en esta normativa incentivaría a reinvertir, aumentaría la inversión interna y aumentaría (o evitaría reducir) la cantidad de trabajadores contratados. Si bien el tema tributario es prioritario, también lo es el de la flexibilidad laboral.
-¿Pero ahí surge la eterna discusión de si es bueno o no para el país y sus trabajadores esta flexibilidad?
La flexibilidad no tiene que ser interpretada, por cierto, ni como “libertinaje” ni ser arbitraria. Tienen que definirse todas las otras condiciones como el tema de las indemnizaciones, de los años de servicio, que los despidos sean justificables, que se implementen procesos de calificación.
No se trata de pasar del todo a cero, sino que se trata de buscar el equilibrio y el equilibrio es ser capaz de medir la calificación. Y quien no cumple con las calificaciones para el cargo se tiene que ir.
-¿Al Estado también le corresponde dar?
El Estado tiene que dar mucho en el tema de la cantidad de los recursos que tiene. Son más de 50 mil millones de dólares entre las reservas del Banco Central y los activos financieros de los que dispone.
-¿A quiénes les debería dar?
Cuidado que no me refiero a regalar. Desde mi punto de vista, el Estado debería permitir que los jóvenes talentos pobres de este país puedan estudiar y que los empresarios talentosos con ideas, y con espíritu de emprendimiento, pero sin recursos, puedan invertir si sus proyectos son atractivos. Para ello hay que potenciar los fondos de capital de riesgo. No me refiero a regalar dinero, no hablo de asistencialismo, pero tiene que dar crédito a jóvenes capaces sin recursos para estudiar, y no sólo para cubrir aranceles como lo hace hoy, sino también para que pueda alimentarse, vestirse y adquirir artículos de estudio.
En el tema de la inversión, recién el BancoEstado va a ayudar un poco, pero hay que dar esa flexibilidad en el sentido que cada uno de los inversionistas, cada uno de los proyectos requiere un análisis propio. No puede el otorgamiento de créditos basarse en formularios y en el cumplimiento de condiciones preestablecidas. Si la plantación de pistachos sabemos que es rentable, pero los flujos positivos se generan después de 6 ó 7 años, hay que generar las instancias para que ese pequeño empresario pueda obtener el financiamiento con todos esos años de gracia. El verdadero progreso es el de largo plazo.
-Esa es una responsabilidad de la banca, el Estado ahí no puede intervenir.
Tiene razón, de la banca privada también, y ellos lo están haciendo con las grandes empresas, por eso digo que el BancoEstado podría hacer lo mismo con las Pymes. A estas Pymes les tiene que crear alguna solución ingeniosa. Pero se equivoca el Estado si cree que la crisis se soluciona regalando dinero. Ya sabemos que el asistencialismo solo no sirve. El Estado tiene que dar oportunidades para educarse y para emprender. Esas son dos grandes oportunidades.

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