New York, Culinary

De paso por una de las ciudades más cosmopolitas del planeta, que además es una de las más agitadas y cercana a la vanguardia de muchas tendencias, es que no puedo dejar de realizar un recorrido culinario por tan notable escenario.
Creo que por su condición de albergue cultural, esta ciudad tiene una riqueza gastronómica tan variada como sus habitantes. De hecho, he visitado restaurantes de muchos tipos y todos tienen el principio de trabajo familiar como característica, por lo que el resultado en su mayoría es de nivel aceptable para la relación precio calidad.
Si bien  mi recorrido puede ser incompleto, no recuerdo haber estado en alguna ciudad con tanta posibilidad gastronómica: un almuerzo en restaurante griego y la cena en italiano; otro almuerzo esta vez colombiano y la cena portuguesa,  y así otro almuerzo japonés con cena indú o mexicano con cena tailandesa. Por su puesto que de vez en cuando, y siendo cortés como acostumbro, una hamburguesa o un hot dog -aunque no son de mi gusto- los probé por el rigor de mi profesión sin prejuicio alguno.
No dejó de impresionarme “Chinatown” o barrio chino.  El sólo hecho de llegar a ese lugar me despertó una curiosidad que me hizo volver varias veces. Cada vez que lo visito recorro un lugar nuevo. La última ocasión visité un supermercado con posibilidad de comprar cientos de platos preparados para consumirlos en el lugar. Aquello no era lo impresionante, sino que en la mayoría de los productos del mar existe la opción de comprarlos vivos. Se elige el producto, lo sacan de la pecera, lo golpean y lo entregan. Ahora, si a eso le agregamos la variedad de peces y productos exóticos como tortugas, anguilas, ranas o algunos de lujo como langostas o nuestras tan familiares jaibas, sí nos puede sorprender.
También me sorprendió una tienda de confites donde el número de productos ofrecidos podría pasar fácilmente los dos mil. Y si bien la gran mayoría son golosinas muy similares -no iguales- a las nuestras  una vez más, lo exótico me asombró al encontrar unas pequeñas jaibas cocidas, no más grandes que la punta de un dedo pulgar, confitadas ¡sí, confitadas, como nuestras clásicas manzanas!. Les seguían unos pequeños confites de carne seca de cerdo, tipo charqui, pero confitado, también muy rico.
Dentro de este mismo barrio se encuentra ubicado, con características absolutamente diferentes y también con un claro acento de su gente, “The little Italy”. Es un barrio sin comercio a excepción de sus restaurantes, todos ellos con clásicas cartas italianas, pastas, salsas, mariscos, pizzas, arroz, jamones, vinos, aceites y acetos. Por su puesto, muy marcado el estilo italiano sin dejar detalle en la presentación de platos y en el personal que atiende con su tan acentuado gusto por las marcas de alto reconocimiento. Efectivamente me sentí en Italia por unas horas.
Los destinos descritos han sido pocos para todo lo que posee Manhatan. En cada uno de ellos se puede ver a su gente a través de su cocina, sus mezclas de sabores o la no mezcla, ya que lo puro o sobrio dan claro testimonio de cómo es la gente que la come y la prepara. El uso de colores, texturas y aromas están muy directamente relacionados con la forma de vida. Basta cruzar una calle -sólo una- e ingresar a un restaurante para darse cuenta que estás en presencia de otra cultura y que has llegado a otro pequeño país, dentro de este albergue de la humanidad llamado New York.
Luis Endía Bilbao | Director de Carrera área Hotelería, Gastronomía, Turismo y Nutrición | INACAP Concepción -Talcahuano | Miembro de Chile Chef

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