Niños con altas capacidades: ¿cómo acompañarlos para que desplieguen todo su potencial?

Hay creencias extendidas sobre que niños y niñas con un mayor ritmo de aprendizaje no tienen necesidades específicas en el aula ni tampoco requieren ayuda de sus padres. Expertas españolas refutan esta idea, y explican que necesitan el acompañamiento de las familias y las escuelas para desarrollar su potencial.

(Fuente: UOC News)

 

 

 

Las Altas Capacidades son un concepto que engloba desde personas con sobredotación, con un coeficiente intelectual a partir de 130, hasta quienes tienen un talento en una o varias áreas específicas. Si vamos a la ficción, Sheldon Cooper, Lisa Simpson o la protagonista de la serie Gambito de dama, Beth Harmon, son personajes que contribuyeron a la construcción de tópicos sobre las altas capacidades.

Se suele utilizar coloquialmente la palabra superdotado o superdotada para referirse a personas con altas capacidades, pero no son lo mismo. “Podemos decir que todas las personas con superdotación intelectual tienen altas capacidades, pero no todas las personas con altas capacidades son superdotadas”, afirma Verónica Marina Guillén, profesora colaboradora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la Universidad Oberta de Catalunya (UOC). Eso, porque bajo el paraguas de las altas capacidades se puede encontrar a niños y niñas precoces o con alto potencial de aprendizaje, que no necesariamente tienen un coeficiente intelectual superior, ni son buenos en todo, añade la experta.

Derribando mitos

“Cuando se habla de niños y niñas con necesidades educativas especiales, pensamos enseguida en quienes tienen un ritmo de aprendizaje más lento, y olvidamos a menudo a los que lo tienen más rápido, porque solemos pensar que ya lo tienen todo hecho, que tienen superpoderes”, defiende la periodista Carmen Giró. La autora de El Club de los Superman, el día a día de los niños y niñas superdotados (Editorial UOC) puso un título irónico en su libro para provocar al lector y evidenciar que estos niños no son superhéroes o superheroínas, y que necesitan el acompañamiento de las familias y las escuelas para desarrollar su potencial.

Tras hablar con muchos testigos, Giró quiso desmontar tres grandes tópicos que no siempre corresponden con la realidad: las altas capacidades no necesariamente están ligadas a las buenas notas, a la depresión o a los problemas de relación social.

Muchos niños y niñas tienen buen rendimiento académico, pero otros, en cambio, un alto fracaso escolar, derivado en gran medida, de la desmotivación por la falta de intervenciones adecuadas. “Asimismo, hay muchos niños con altas capacidades que, precisamente, destacan por sus habilidades sociales y su gran capacidad de liderazgo”, añade la profesora Verónica Guillén.

La periodista Carmen Giró explicó que, según lo que puede concluir tras entrevistar a varias familias, los padres suelen asumir la noticia de que su hijo tiene altas capacidades como una confirmación de lo que ya sospechaban, y que también reaccionan con nervios porque no saben cómo afrontarla. La experta Verónica Guillén destaca que “lo importante no es que los familiares tengan los conocimientos que plantean sus hijos, sino que sientan su apoyo cuando quieran dar respuesta a sus interrogantes y ampliar sus conocimientos. El bienestar emocional es base necesaria para tener un buen desarrollo cognitivo y social, puesto que fomentará una buena autoestima y un autoconcepto adecuado, evitando la desmotivación académica y el aislamiento”, aclara.

Esfuerzos en el aula

También debe haber un complemento en el aula, pues uno de los principales riesgos para niños y niñas con altas capacidades es que se generen dinámicas en las salas de clases que penalicen sus aportaciones e intentos frecuentes por ir más allá de los contenidos académicos del curso, limitando su curiosidad y la creatividad. Para cuando un niño o niña termina los ejercicios y como única alternativa se le presentan otras tareas repetitivas y mecánicas o ayudar a sus compañeros, es muy probable que se desmotive, se aburra, esconda sus capacidades y acabe teniendo fracaso escolar. Asimismo, “la carencia de una intervención puede propiciar también un sentimiento bajo de pertenencia al grupo, pudiendo llegar a generar comportamientos sociales desadaptados”.

Verónica Guillén añade que una de las medidas de intervención más utilizadas actualmente es el modelo de enriquecimiento (conocido como modelo The Schoolwide Enrichment Model SEM) de Joseph S. Renzulli, con el que los estudiantes toman las riendas de su aprendizaje según sus propios intereses personales. El profesorado propone una actividad general a todo el alumnado, como una visita al observatorio y, después, ellos deciden sobre qué aspectos concretos quieren seguir investigando.

Al mismo tiempo, este modelo de enriquecimiento educativo ofrece a los estudiantes que desean profundizar aún más en el tema, la posibilidad de involucrarse en un proyecto real, como podría ser la construcción de un telescopio. Otra de las medidas más recurrentes, pero también una de las más controvertidas, es la aceleración del curso. “El éxito de esta medida dependerá de la sincronía existente entre el desarrollo intelectual y socioemocional del niño o la niña, así como de las características del entorno y de la motivación de los niños”, aclara la profesora.

 

 

 

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