No hubo un solo gran ganador

Lesley Briceño Valencia, Docente UDD.

Los resultados de la mega elección del 15 y 16 de mayo cambiaron el panorama político y generaron un verdadero “terremoto” en los partidos políticos tradicionales.

Estas fueron las primeras elecciones post estallido social, el cual claramente influyó en los resultados.

Una primera reflexión sobre ello es la debacle política de la centro derecha. Sus resultados electorales fueron los peores desde el retorno a la democracia. Y no fue solamente en las elecciones de miembros de la convención constituyente, sino también en las municipales, donde disminuyó de 146, que obtuvo en el 2016, a 88 alcaldías en este proceso; y de los más de 900 concejales electos en la elección municipal anterior, a casi 800 en esta. La ciudadanía pasó la cuenta por la falta de conexión de estos partidos con las demandas de la sociedad civil. No solo lo que ocurrió previo al estallido social lo gatilló, sino que además fue el manejo poco adecuado de las ayudas económicas en el contexto de la crisis a raíz de la pandemia.

El mal desempeño electoral no afectó únicamente a la coalición de gobierno, sino que, a primera vista, a los partidos políticos tradicionales, y se ha instalado la percepción dentro de la opinión pública de que el país se “izquierdizó”. Sin embargo, hay que observar estos resultados con cautela.

Efectivamente, el éxito electoral de los sectores más progresistas parece evidente si solo miramos los resultados de la convención constituyente. Sin embargo, los de las elecciones municipales y de gobernadores fueron diferentes. Por un lado, las listas de partidos de la ex Concertación lograron elegir a 128 alcaldes y más de 700 concejales. Mientras que el Frente Amplio se quedó con 12 alcaldías, varias de las cuales fueron en comunas emblemática de la centro derecha, como Maipú y Viña del Mar, que sirvieron estratégicamente para mejorar su posicionamiento en el mapa político electoral.

En ese sentido, la elección en primera vuelta del gobernador de la región de Valparaíso, Rodrigo Mundaca, era vital para consolidarse como una fuerza política importante en esa zona, incluyendo, además, a tres alcaldes y 29 concejales. Por otro lado, las elecciones de gobernación, por ser las primeras que se desarrollaron en el territorio, proyectaban un panorama más incierto, por eso no sorprende que solo tes regiones hayan elegido en primera vuelta a sus representantes, mientras que las 13 restantes irán a segunda vuelta el 13 de junio. Es importante mencionar también que 11 de ellas serán entre los partidos tradicionales (centro derecha versus centro izquierda).

En general, este proceso fue significativo para los ciudadanos que tradicionalmente se movilizan electoralmente. Mucho se especulaba con la participación electoral. Los buenos resultados del plebiscito de octubre alimentaron la percepción de que la participación iba a ser cercana al 50 % o mayor. Sin embargo, esta bordeó el 45 %, y se mantiene la tendencia de procesos electorales municipales anteriores. ¿Cómo podemos leer este dato? Quienes votan son los ciudadanos informados, que consumen política y se identifican con un proyecto político específico. Probablemente, para la elección presidencial de fines de año la participación electoral sea mayor, quizás bordeando el 50 %, como en octubre pasado, especialmente, si los candidatos que vayan en la papeleta son competitivos. Pero es poco posible que la participación sea cercana al 90 % del electorado. Además, hay que agregar que en las elecciones de noviembre, nuevamente, habrá cuatro papeletas (presidencial, diputados, senadores y consejeros regionales), lo cual puede ser un desincentivo al momento de tomar la decisión de ir a votar.

El panorama político que empieza a dibujarse a partir de este proceso claramente es el más interesante de los últimos 30 años. El surgimiento de nuevas fuerzas electorales, la necesidad de renovación de las élites políticas dentro de los partidos políticos, la búsqueda de consenso y alianzas en este nuevo escenario es fundamental para construir y desarrollar la nueva política en un Chile que se apronta a redactar una Nueva Constitución.

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial de Revista NOS.

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