No más bullying

El caso del suicidio de una niña de 13 años en Iquique, motivado por las constantes burlas de sus compañeros de curso, puso tímidamente en la palestra la realidad que vive un porcentaje importante de escolares chilenos que son víctimas del bullying o matonaje.
Este concepto abarca toda conducta de persecución física o psicológica que realiza uno o varios alumnos contra  otros, a los que eligen como víctimas de repetidos ataques.
En Estados Unidos y Europa, el bullying es una de las principales preocupaciones de sus políticas públicas de salud mental y, obligatoriamente, todos sus establecimientos escolares tiene incorporados sistemas antibullying, para poner freno a esta violencia que produce un profundo daño psicológico en sus víctimas.
Un estudio hecho el año pasado por la Universidad del Desarrollo en estudiantes de Santiago y Concepción -de 11 a 17 años- de establecimientos privados, públicos y subvencionados, demostró que más de la mitad de ellos reconocía haber sufrido agresiones de sus pares.
A pesar de esta evidencia, en Chile no existe una política de Estado similar a la de países desarrollados que obligue a los colegios a implementar programas para prevenir estas situaciones. Sólo algunos, como una iniciativa particular, han iniciado sistemas de mediaciones, donde los mismos estudiantes en conjunto con los profesores, tratan de resolver esta problemática. Existen otros casos, donde el matonaje escolar simplemente se oculta o se minimiza, para no afectar la reputación del establecimiento.
Lo anterior sucede, en parte, por una suerte de convención social que reduce estas conductas violentas a la categoría de travesuras infantiles, sin percibir todavía que detrás de un niño “bully” (matón) se oculta una historia de agresiones -la mayoría de las veces aprendida dentro de su familia- que de no ser controlada lo acompañará durante toda su vida.
Sus víctimas padecen severos problemas emocionales que, como en el caso de la niña iquiqueña, les hace caer en una profunda depresión. Algunos arrastran estos problemas hasta la edad adulta. Se convierten en personas tímidas o incluso podrían a futuro transformase en abusadores.
Recientemente el Gobierno, a través de los Ministerios de Salud y Educación, anunció un conjunto de políticas para frenar el suicidio adolescente, motivado, además, por los otros dos casos de jóvenes que decidieron quitarse la vida aquejadas por problemas psicológicos aún no muy claros. Aunque tardías, las medidas son un avance. Pero ellas no serán suficientes, si no existe un real compromiso de las familias para hacerse cargo de lo que les sucede a sus hijos fuera de sus hogares, pues “la vida del colegio”, también es de competencia de los padres.

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