Nomofobia, el miedo a estar “desconectado”

Lorena BasualdoLorena Basualdo González
Psicóloga Educacional
Licenciada en Psicología
Universidad de Viña del Mar.
Salud mental y desarrollo socioemocional
Universidad Católica de Temuco.

Antes de los celulares inteligentes, del inicio de la digitalización y de la expansión masiva del Internet, los niños jugaban en las calles, plazas y parques. Cualquier objeto era un importante estímulo para la imaginación, y cosas sencillas, como saltar la cuerda, jugar a las bolitas o trepar árboles eran actividades que los “desconectaban”, permitiéndoles compartir con otros y disfrutar de espacios de libertad y esparcimiento máximo.
Ahora, en cambio, las personas pasan gran parte de su tiempo pendientes del celular (más aún tras la pandemia), una conducta que puede generar serios problemas en su estado de ánimo y, peor aún, en su forma de interactuar con otros. Ese es el gran riesgo al que hay que poner énfasis, pues esta hiperconectividad nos lleva a aislarnos, afectando nuestra interacción y vinculación con amigos y familia.

Es cierto que el celular nos ha facilitado la vida en muchos aspectos, y que es una valiosa herramienta para comunicarnos con quienes están lejos, o para acceder a la más variada información. Sin embargo, cada vez se desdibuja más el límite entre su uso y abuso, conducta que -como psicólogos y psicólogas- nos tiene bastante preocupados ante la evidencia de cómo afecta la salud mental de las personas.

Tanto es así que hoy ya se habla de nomofobia, una adicción caracterizada por el miedo irracional a no tener el celular a mano, o no poder acceder a Internet, y que genera síntomas alarmantes de inseguridad, irritabilidad, impulsividad y dificultad para conciliar el sueño. El nivel de estrés de quienes padecen esta adicción es tan alto que comienzan a desarrollar una forma de depresión o estado de ánimo alterado, y niveles de ansiedad muy negativos. El problema se ve agravado porque las personas para intentar “relajarse” y bajar su creciente ansiedad recurren al celular buscando distracción, lo que da pie a un círculo vicioso, difícil de controlar.

Nomofobia

Si bien todos podemos caer en estas conductas, hay quienes son más susceptibles de desarrollar nomofobia, como aquellos con altos niveles de impulsividad, con baja autoestima, fácilmente influenciables o quienes tienen dificultad para sobrellevar la soledad.

Al estar tan ensimismados y sometidos al mundo de las redes sociales y del Internet quienes padecen esta adicción no logran darse cuenta -menos aún controlar- el tiempo que pasan en el celular, por lo que es importante estar atentos a lo que les dicen los miembros de su entorno más cercano, quienes podrían ser los primeros en alertar de esta conducta.

La nomofobia también puede llevarnos a dañar nuestra salud, pues tanto tiempo dedicado al celular podría implicar menos horas de sueño o la generación de malos hábitos alimenticios. También se ha visto que genera disminución de la capacidad de reflexión. Y ni hablar de cómo puede mermar el rendimiento laboral o académico.

Pero quizás el daño más grande provocado por esta adicción es cómo incrementa el aislamiento social, empujando a las personas a alejarse de sus cercanos en la realidad física, y a ignorar lo que ocurre a su alrededor. Así, en su día a día se reducen las actividades al aire libre, llevándolos a prescindir de sus múltiples beneficios, y cada vez es menor el tiempo que destinan a compartir con la familia y amigos.

Lorena Basualdo, nomofobiaEs necesario corregir el rumbo, desconectarse del celular y re-conectarse con uno mismo, con la naturaleza y con los otros. Las ganancias son infinitas: generaremos un espacio para el desarrollo cognitivo y emocional, podremos explorar nuestro entorno y realidad, nos abriremos a la creatividad y tendremos la posibilidad de movilizarnos y de reflexionar. Si lo logramos, es importante aprender de nuestra experiencia, y volvernos seres más equilibrados, con habilidades motrices avanzadas y un desarrollo emocional adecuado. Desconectarnos del celular nos permitirá nutrir nuestro autoconocimiento, encontrarnos con nuestras emociones y pensamientos más profundos, y conectarnos con nuestro entorno más cercano. También contribuirá a que formemos niños y niñas con mejores herramientas y menor dependencia de equipos móviles.
Para sanar de la nomofobia es necesario promover espacios de conversación, como fuente de restauración. Obligarnos a permanecer -al menos por un periodo corto- con el teléfono apagado. Atrevernos a dejarlo en casa, y cada cierto tiempo darnos un descanso de las redes sociales.
Ahora, si la situación nos supera y no podemos controlarla solos, debemos buscar a un especialista y acceder a una terapia cognitivo-conductual que nos ayude a mejorar o erradicar esta nociva conducta para siempre.

 

O’Higgins 680, 4° piso, Oficina 401, Concepción, Región del Biobío, Chile.
Teléfono: (41) 2861577.

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