Nuevas razones para esperar una recuperación

Las últimas cifras económicas de Chile y del resto del mundo no han más que confirmado los escenarios de riesgos que preveíamos hace unos meses: una recesión más profunda y larga en las economías desarrolladas, traspasos a economías emergentes (que evidenciarían cada vez un menor desacople con los desarrollados). En este contexto, la economía chilena, como es de esperarse, no ha estado  inmune a los acontecimientos externos. En los dos primeros meses del año la actividad económica presentó una contracción, mientras que la producción industrial y la creación de puestos de trabajo son consistentes con un cuadro recesivo que, en el escenario más probable, determinarían una contracción del producto, por lo menos, en el primer semestre del año.
Ante tal cuadro, esperamos que la economía chilena anote una contracción de 0,3% en 2009, cifra que estaría impulsada en gran medida por una caída de la demanda interna (en torno a 2,7%), la cual obedecería a una fuerte contracción de la inversión (alrededor de 9,0%) que sería parcialmente compensada por una mayor fortaleza del consumo agregado. La trayectoria temporal del crecimiento se basa en descensos del PIB para los tres primeros trimestres del año, donde la actividad económica registraría retrocesos interanuales mayores a 1%. Sin embargo, a partir del cuarto trimestre, Chile comenzaría un proceso de recuperación, que si bien no alcanzaría para que en 2009 el crecimiento sea positivo, sí permitirá que en 2010 se aprecie una expansión cercana a 4,0%.
Si bien una primera lectura de estas cifras no es en lo absoluto alentadora, debemos destacar que nuestras estimaciones contemplan una fuerte dicotomía entre lo que veremos en el corto respecto del largo plazo, dado que, en el escenario más probable, las cifras irán de menos a más. El deterioro de las expectativas de corto plazo de crecimiento se explica, en gran medida, por la corrección a la baja realizada por el Banco Central a las cifras de actividad en los últimos trimestres y por la fuerte desaceleración del empleo (que ya ha comenzado a afectar al gasto agregado, cuyo efecto más intenso sería en el corto plazo). Por su parte, las mejores perspectivas para el cuarto trimestre de 2009 se fundamentan en el fuerte ajuste a la baja experimentado por los inventarios en el cuarto trimestre de 2008, también por la política monetaria y fiscal expansiva y, además, por la recuperación que gradualmente iría mostrando el escenario externo.
Respecto de esto último, todo indica que en el primer y segundo trimestre de 2009 se alcanzaría el mínimo en materia de crecimiento en EE.UU, situación que, sin lugar a dudas, constituiría el comienzo del fin de la crisis externa. Dicha perspectiva que se sustenta en la recuperación que en febrero  ha evidenciado el sector inmobiliario del país del norte, como así también en la evolución de los mercados financieros (principalmente en mercados de commodities y tasas de largo plazo) que han anticipado un pronto punto de inflexión en la actividad.
Por tanto, más allá de las magras cifras de actividad que hemos visto en diversos medios en los últimos meses, reiteramos que existe una serie de elementos que nos permite estar menos pesimistas respecto de un par de meses atrás. Es más, probablemente en un par de meses veamos que estamos tocando fondo en la crisis y que la pregunta relevante no sea cuánto más nos falta por caer, sino qué tan rápida será la recuperación.

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