Ojos Rojos

Como hace tiempo no se veía, una película nacional irrumpe con éxito entre los estrenos de las carteleras de cine locales. Lo curioso es que ni siquiera estamos frente a una comedia picaresca o de destape, como tanto gustan en estos pagos. No señores, Ojos Rojos, la película que le aguó la fiesta a “Iron Man II”, es ni más ni menos que un documental.
Si se escudriña con más profundidad, este fenómeno no debiera extrañar tanto. Si en algo tiene tradición y continuidad la historia cinematográfica de este país, ha sido en la elaboración de documentales, como una suerte de género escuela cultivado en los clubes de las universidades Católica y de Chile, en los 60’. Por lo demás, en plena era de la multimedia, formatos híbridos y la instantaneidad, el documental ha sabido recuperar un espacio entre las audiencias masivas, por su capacidad de llevar a la pantalla grande temáticas que no muestra la televisión, y con la calidad profesional que carece un trabajo amateur en formato youtube. Bien sabe de ello el gordo Michael Moore, que obtuvo un Oscar y una Palma de Oro, respectivamente, con sus exitazos Bowling for Columbine y Fahrenheit 9/11.
En vista de estos antecedentes, Ojos Rojos dio en el palo, no sólo por la obvia popularidad de su temática -el fútbol como pasión de multitudes-, sino porque es un documental bien hecho, que cumple cabalmente con las reglas del género.
Primero, el documental no es un reportaje periodístico. No depende de una tesis a demostrar de forma rigurosa, ni su entrega está sujeta a la premura de los plazos de la prensa. Lo que prima es el registro obtenido por un realizador. Por ello, no es de extrañar que este trabajo se haya tomado un plazo de ocho años en su realización, durante los cuales se dedicó a seguir a la selección chilena en dos eliminatorias para clasificar a un Mundial. El documental es, visto de esta forma, como un verdadero viaje: la propuesta de los jóvenes cineastas nacionales Juan Ignacio Sabatini, Juan Pablo Sallato e Ismael Larraín se habría quedado sólo con el triste recuerdo de las eliminatorias para Alemania 2006, si no hubiese entrado a escena el técnico Marcelo Bielsa, provocando el consiguiente cambio de guión para el fútbol y para la historia del film.
Ojos Rojos también cuida otros códigos del género. Carece de un narrador explícito, a la usanza de un periodista frente a la cámara, o de una voz en off. Éste es implícito, parcial, curioso, voyeurista a ratos, y quizás aquí es donde provienen los mayores aportes de este trabajo: nos ofrece el desconocido mundo del interior del camarín de la roja, del entrenamiento en Pinto Durán, e incluso durante el juego en la cancha de fútbol.
Los hinchas no deben esperar un recuento de los mejores goles, o una panorámica tradicional -televisiva- de las mejores jugadas. Acá la cámara se interpone entre Bielsa y los jugadores; el ojo se coloca en lo que no se ve. Ejemplo: las tomas fijas al arco, destinadas sólo a capturar el momento preciso en que la pelota entra al gol, acompañadas del sonido ambiental
Como temática de fondo, el equipo de Sabatini se aventura a explorar las causas que llevan a que el fútbol se convierta en una suerte de catalizador de los triunfos y fracasos de una sociedad entera y en esta reflexión logra aciertos y bemoles. Entre los primeros, escuchar los fundamentos de los hinchas es divertido, pero también muestra al chileno en su naturaleza más bipolar (un dato no menor es que el fútbol sea el deporte más popular en Chile, siendo que la última victoria de su selección en un mundial fue frente a sus pares de Yugoslavia en 1962); entre lo segundo, la película obtiene meritorias salidas de grandes personajes (como la frase del presidente Evo Morales “gracias al fútbol soy Presidente”) pero a ratos se pierde en demasiadas cuñas a personalidades como el escritor Eduardo Galeano y Jorge Valdano, director general del Real Madrid, que restan ritmo y vigor al material exhibido. Como contraparte está Sergio Riquelme, modesto periodista deportivo de la valdiviana radio “Los Lagos”, cuya pasión y lucidez a lo largo de las dos eliminatorias lo transforman, por lejos, en el mejor personaje de todo el documental.
Con todo, “Ojos Rojos” es un golazo absolutamente recomendable, confirmado por los más de siete mil espectadores registrados durante el primer día de su exhibición. Más que para hinchas, éste es un partido para todo espectador.

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