Padrastro la hacía dormir a la intemperie: Laura Vicuña, la beata de los niños abusados

El ex gobernador Germán Acuña Gamé estudió el casi segundo milagro de Laura Vicuña en Concepción. Se trata de una joven que sobrevivió a una enfermedad infecciosa grave, pero en dos años  no pudo acreditar que hubiera “curación inexplicable por la ciencia médica” como exige la Iglesia Católica para elevar a los altares a la beata que, en su niñez, padeció violencia intrafamiliar y abusos sexuales. En Concepción, su obra María Ayuda requiere $300 millones anuales para atender a los 103 niños y niñas en situación de vulnerabilidad.


Al médico y hombre de fe Germán Acuña Gamé (52) se le ilumina la mirada cuando habla de la beata Laura Vicuña Pino, en quien reconoce una “milagrera en grande” de la religiosidad popular, pero insuficientemente conocida en Chile. Sobre todo, por niños y jóvenes que, como ella, hoy viven violencia intrafamiliar y abusos sexuales, un signo de nuestros tiempos que deplora y del que no se libran ni siquiera hombres y mujeres de Iglesia, como ha quedado demostrado en los últimos meses.
“Sí -responde como esperando el contraataque de la pregunta-  hay muchos ejemplos de cómo los miembros de una misma Iglesia la están destruyendo. Sin embargo, junto a estas personas que son perversas, insanas y malas, hay otras fantásticas. Recordemos los años duros que vivimos en Chile y de cómo tantos curas expusieron su pellejo para evitar atropellos a los derechos humanos de pobladores y trabajadores. Se pusieron delante de las tanquetas en las poblaciones. Hay una cantidad de personas maravillosas que construye al interior de la Iglesia, y son muchos más que estos insanos, malos, enfermos o villanos”, asegura.
Del “tesoro escondido”, como considera a Laura Vicuña, y la posibilidad de tantos jóvenes de vincularse a una persona que -a pesar de vivir la pobreza, exilio económico, violencia y abusos- fue capaz de mantener una relación tan íntima y cercana con Dios, habla en esta entrevista este ex gobernador DC de Concepción y ex director del Hospital Clínico regional, hoy candidato a la presidencia del Colegio Médico, regional Concepción. Y su testimonio sobrecoge y entusiasma.
A Laura Vicuña la ha llegado a conocer bien, pero más el milagro que obró en sor Ofelia Lobos Arellano, una religiosa de la Congregación María Auxiliadora de Los Andes, de 76 años, quien sanara por intercesión de la niña  tras dejar gran parte de sus pulmones enfermos en un quirófano del Hospital de la Universidad Católica, en Santiago, hace 50 años. Durante dos años y hasta mejorarse por completo, ella vivió sentada y unida a un tubo de oxígeno.
De los labios de sor Ofelia conoció también otros dos milagros ocurridos en Talca, del que dejaron testimonio las monjas misioneras que recorrían los campos entregando  “estampitas” de Laura Vicuña, congregación a la que la niña beata quiso servir. De todo eso, sin embargo, no existe documentación acreditada.
De haberla,  ya sería santa esta niña que murió a los 14 años, en 1904, y cuyo rostro de rasgos europeos, un retrato pintado por el italiano Caffaro Rore no correspondería a la realidad. En junio próximo habrá certeza de cómo fue, una vez que peritos del Laboratorio de Carabineros (Labocar) concluyan un estudio topográfico facial que demandó dos años, encargado por la Fundación Laura Vicuña, para conocer el verdadero rostro de la niña. No obstante, publicaciones de El Mercurio (24 de febrero de 2010) adelantaron sobre sus rasgos más bien criollos a partir de las mismas indagaciones policiales, y en base a una fotografía de curso hallada en su escuela. El trabajo topográfico facial se complementó con un estudio de antropología forense.
“A falta de una foto verdadera, la antigua imagen fue una idea muy buena, pero una vez obtenida la nueva no se puede ocultar; va a terminar por reemplazar la que se tenía”, comentó el obispo de Los Ángeles, Felipe Bacarreza,  al referirse al actual retrato de la beata sepultada en Argentina, tras vivir su corta niñez en Junín de los Andes junto a su madre y hermana bajo el techo de un padrastro abusador. Desde 1937 hasta 1958, sus restos descansaron en el cementerio ubicado en la Avenida Necochea, y luego fueron trasladados a Bahía Blanca, donde se encuentran actualmente.

El fallido milagro de Concepción

En Concepción pudo ocurrir el segundo milagro de Laura Vicuña hace cinco años, pero no se acreditó el requisito exigido por la Iglesia de sanación “inexplicable” por la ciencia. El nombre de la joven que estuvo al borde de la muerte se mantiene en reserva, y de la enfermedad infecciosa grave que la afectó, nunca se determinó el agente causal. Al igual que sor Ofelia, los médicos advirtieron a la familia del seguro desenlace, se generó una corriente de oración para que la beata la salvara, y coincidente con esta cadena, ella comenzó a recuperarse. “Yo creo que fue una cuestión milagrosa, pero como la ciencia podía explicar su mejoría -se le estaba dando antibióticos y habían otros soportes- no se puede afirmar que sea un milagro. Ella se recuperó, está feliz, tiene guagua”, explicó Germán Acuña.
Durante dos años, él  estudió el caso a solicitud del ex arzobispo Ricardo Ezzati y entregó el preinforme solicitado. El médico explica esa cercanía con el arzobispado de Concepción, por haber asistido a religiosas y religiosos en etapa terminal con cuidados paliativos del dolor, un programa piloto iniciado en Lota y que en la zona llegó “a niveles que fueron considerados como el mejor programa de América Latina por la Organización Mundial de la Salud (OMS)”. En 1995, integró incluso la comisión nacional que normó estos cuidados para todo Chile. “Hoy, hay morfina en todos los consultorios y somos el país con el consumo más alto del mundo hispano parlante después de España. Es un signo de que aquí se trata el dolor.
Del milagro de sor Ofelia Lobos, este anestesiólogo conserva una radiografía de tórax reciente que le tomó en el Centro Radiológico de Los Andes. La dejará de herencia a sus hijos. Con ella, cuenta, conversó in extenso y su conclusión médica es que, muy joven, padeció una TBC que la dejó muy secuelada y encaminada a la muerte. De hecho, gran parte del pulmón extirpado derivó en una condición de limitación respiratoria grave: sólo podía estar sentada y siempre conectada con oxígeno. Además, tenía “disnea”  o hambre de oxígeno lo que le impedía comer. Llegó a pesar 35 kilos.
Desahuciada por los facultativos, otras religiosas le dijeron: “Pídele a Laura que te venga a salvar”. Ella empezó a rezar, y en minutos se le aparece la beata a los pies de la cama y conversan.  ¿Qué se dijeron? :
-¿Por qué no le ha pedido a Dios que te salve?
“Porque Dios es mi padre y quiere  sólo lo bueno para mí, ¿qué tendría yo que pedirle?”
-No, yo te conmino a que le pidas a Dios que te salve porque yo quería ser religiosa de María Auxiliadora y no fui, porque me morí antes. Tú conoces mi historia, tú podrías hacer lo que yo no alcancé a hacer: educar a las jóvenes.
“Bueno, si es así, pídele a Dios la salud necesaria y sólo la salud necesaria para cumplir con la misión”.
A  nuestro entrevistado, la monja le reveló que en ese momento sintió como si se le desatara un nudo en el pecho y por primera vez pudo respirar desde que tenía memoria: “Lo primero que hice fue acostarme para ver si podía, y pude. Me volví a levantar y llevé rodando hasta una esquina el balón de oxígeno; no quería ni verlo siquiera, ya me hería las narices”.

Los casos de Talca

Por intercesión de Laura Vicuña, varios milagros habrían ocurrido en Talca. Un par de ellos, impactantes, los contó Sor Ofelia a este mismo médico. Y aunque no fueron documentados en la época, uno correspondería al de una mujer mayor cuyo esposo exige el alta en el hospital para que vaya a morir a su casa. Se la llevaron en carreta al campo y en el camino se encontraron con unas monjas misioneras de María Auxiliadora que les regalaron estampas de Laura Vicuña. “Confíen en que va a hacer lo mejor posible”, le dijeron las monjas a la caravana familiar. Ya en su casa, la mujer se acostó y los hijos rezaron a su alrededor hasta la medianoche, momento en que el padre les pide que se vayan, que dejen a su madre morir en paz. Todos se retiraron en la convicción que al día siguiente la hallarían muerta. El hombre se despertó a las 6 de la mañana y a su lado no halló a nadie, la llamó y finalmente la encontró trabajando en la huerta.
Un segundo caso sería el de una mujer que pedía limosna en un camino con su hija convertida en “una cosita” (al parecer por una parálisis cerebral) sobre un saco. Las monjas de María Auxiliadora que pasaron a su lado le dijeron que Laura Vicuña sanaría a su hija. Al año siguiente, cuando volvieron, hallaron a la niña de pie, al lado de su madre, quien les dijo: “Laura Vicuña la salvó”.
Justamente, por estas religiosas que andaban por los campos misionando, sor Ofelia entró a la congregación.
– Usted habla de varios milagros fallidos o indocumentados de Laura Vicuña, ¿qué debe ocurrir ahora para que sea santa?
“Un segundo milagro. El directorio de la Fundación Laura Vicuña está tratando de cerrar una etapa  -independiente de que mañana puedan aparecer más cosas- para conformar una historia lo más cercana posible a todo lo que la documentación permita aclarar; que no haya dos opiniones respecto de lo que fue su vida. Cerrada aquella, habrá una primera invitación a la comunidad salesiana a “remirar” a la beata. Ella debiera ser un modelo de santidad para los jóvenes”.
-¿La Iglesia está empezando a llenarnos de beatos santos para desviar la atención de los casos de pedofilia?
-No, claramente, no. Con Juan Pablo II  aumentaron los santos en la Iglesia, él los usó como estrategia para demostrar la prueba viviente del amor de Dios, pero eso fue hace 20 años. Los chilenos nos hemos reencantado con Alberto Hurtado y sor Teresa de  Los Andes, pero también deberíamos conocer a nuestra beata que, probablemente, va a ser santa en un momento en que los escándalos de abusos sexuales reflejan lo que hacemos como sociedad a nuestros jóvenes: lo hacen algunos curas, profesores, tíos, abuelos. La violencia intrafamiliar es una cosa espantosa; gente que ha quemado o golpea a sus hijos porque lloran en la noche. Estamos viviendo una desafección tan grande por esto. Lo más preciado para una familia son sus hijos ¿y cuánto los estamos cuidando como sociedad? En este contexto, a mí me parece una señal potentísima que una niña que sufrió exilio, pobreza y violencia intrafamiliar sea al mismo tiempo una muestra del amor de Dios.
-Para ser santo o santa ¿basta que una persona sea buena como se dice de Juan Pablo II?
“No cualquier persona con fama de ser buena puede ser santo; se puede prestar para muchas cosas raras. Por eso es que los milagros son súper exigentes; yo lo viví ahora, trabajando dos años en un milagro. No pudimos obtener la frase de “inexplicable” por la ciencia. La Iglesia no deja pasar un milagro que sea determinado categóricamente e inexplicablemente por la ciencia, y así tiene que ser”.

La niña abusada

Laura Vicuña pasó sus ocho primeros años en Lautaro, al norte de Temuco, y murió -presuntamente de una tuberculosis- a los 14, en Junín de los Andes, Argentina. Asistió al Colegio María Auxiliadora de esa ciudad, y vivió su santidad alegre, espontánea y dicharachera. Era buena alumna, ejercía un liderazgo real en su colegio, y “sin embargo sus compañeras sabían que ella tenía un infierno en la casa. Esto trascendió las paredes del colegio, y cuando murió, se generó una corriente para pedir que fuera santa”, describe el doctor Acuña, quién se pregunta por qué las religiosas del establecimiento no fueron capaces de defenderla.
O “a lo mejor  -agrega Acuña -lo intentaron y no pudieron; el  amante de la madre, Manuel Mora, era muy poderoso, pero así se vivieron las cosas y ella terminó ofreciendo su vida por la santidad e hizo el milagro de Ofelia”.
Laura, su madre y su hermana llegaron a trabajar a la estancia Quilquihué, de propiedad de Manuel Mora, en 1899, huyendo de la guerra civil en Chile y del hambre en que las había sumido la muerte del padre balmacedista. Ya adolescente, en una visita a la estancia, Manuel Mora la abordó, y al ser rechazado la obligó a dormir a la intemperie y le dejó de pagar la escuela como se lo había prometido a su madre a cambio de que ésta se transformara en su amante. Ese invierno, ella enfermó y para acompañarla su madre se traslada a Junín. El hombre, indignado por perder a ambas mujeres, golpea a Laura. En su lecho de muerte, la niña le reveló a su madre que ofreció su vida a Jesús para que abandone a Mora y se convierta.
Por algo, cree Germán Acuña “le tocó a esta mujer y por algo lo hizo esta niña adolescente; por algo se ha mantenido oculto su padecimiento y ahora empieza a conocerse más. Es como el tiempo para resaltar su figura a fin de que niños y jóvenes la miren, sobre todo quienes han sido dañados o maltratados: Que miren, que vean que es posible salir del agobio. Muchas veces, ellos creen que quedaron ‘manchados’ y les cuesta mucho quererse; bueno, pueden mirar a una mujer, que sufrió como ellos, que es beata ya y va a ser santa”.

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