Paicaví 25 y el 11

Paicaví 25. Tal era la dirección en aquella cuadra sola, frente a la Casa del Arte de la muy querida Universidad de Concepción. Casa de buena construcción: living y comedor separados, de cara a la calle Paicaví, espaciosos y sobriamente elegantes, luego un largo e interminable pasillo en que se distribuían innumerables habitaciones con dos o tres estudiantes universitarios en cada una, y, hacia el final del inmueble, cocina y comedor de diario enormes, a lo que se sumaban varios baños. Sus dueños provenían del sur, ambos atentos, cariñosos desde siempre, les hemos querido mucho. Puede que en algún momento fuésemos cerca de 25 los estudiantes universitarios ahí, en Paicaví 25.
De frente a nuestra mampara, hacia la izquierda -no podía ser de otra manera- tenía su sede el Partido Comunista, y, hacia el otro lado la famosa Plaza Perú, el lugar en que periódicamente se enfrentaban Carabineros y estudiantes universitarios, y los otros, esos que se hacían pasar por estudiantes. Enfrentamientos y taxonomías estudiantiles que todavía operan. La misma Plaza Perú sigue, a 40 largos años, siendo el mismo campo de batalla.
Por estas fechas, Chile mira hacia aquella dirección entre vergüenzas y perdones, institucionalizándose el introito “40 años del golpe”. Es que Paicaví 25 era Chile. Ahí estaban representadas todas las tendencias políticas de la época, desde el conservadurismo y momiaje ancestral, hasta las ideas vanguardistas y revolucionarias por definición y doctrina. Y entre todos ellos, un solo independiente, quien escribe, al cual nadie jamás le creyó su independencia. Vivimos ahí de cara a bombas lacrimógenas, guanacos y luchas a toda hora. Éramos bastante diferentes, pero, siempre y hasta estas horas, amigos de verdad. En esa hermosa isla, jamás la política nos alejó. Paicaví 25: clase magistral para Chile. Anécdotas al por mayor. A mi gran amigo Oscar, entonces relacionador público del MIR, actor de teatro -de los buenos, premiado y reconocido-, llegado 1973 debimos vestirlo de momio, peinarlo a la gomina, ponerle corbata y llevarlo a un bus para que se fuera por un tiempo al sur, dejándolo en el asiento, leyendo Barrabases y aperado de galletas y golosinas, como un buen niño. Su maleta de revólveres Ítalo se quedó por acá, y la papelería inquieta y revolucionaria fue quemada en el panchito en que hacíamos los asados. Ese noble amigo se casó con una buena moza rubia norteamericana, concertista en piano del Cuerpo de Paz, radicándose luego en Estados Unidos. Época de a prioris: si estudiabas Sociología eras del MIR; si estudiabas Derecho, eras radical, bombero y masón, y, si estudiabas Filosofía eras socialista. Uso y abuso de una malentendida teoría del etiquetamiento, hoy reconocida como “labelling approach”. El caso es que aquella simbólica pensión ya no existe, la han reemplazado grandes edificios, y la sede del PC desapareció. Fue un lugar en que el aprecio pudo más que el odio, el afecto más que el desafecto. En medio de un Chile enfermo de beligerancia, quienes ahí vivimos continuamos entrañablemente amigos, pensando distinto el uno del otro, y jamás ha sido necesario pedirnos perdón. Entonces, con auténtica y real autoridad moral, a tantas décadas de aquellos hechos, hemos decidido continuar cerca de la política y muy lejos de los políticos. En castizo, vamos Chile “a por” otro Paicaví 25, fraterno, tolerante y amigable.

O’Higgins 680, 4° piso, Oficina 401, Concepción, Región del Biobío, Chile.
Teléfono: (41) 2861577.

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